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Educación

El Confesionario: Actriz con Síndrome de Down protagoniza la película La Laguna Rosa

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Ray Zubiri

Cuando escuchas síndrome de Down, ¿Qué es lo primero que te viene a la mente?

Alrededor de mil millones de personas en el mundo tienen alguna discapacidad.

Una de cada 700 personas nace con síndrome de Down.

Cada una de las personas tiene sus propios talentos, virtudes, defectos, formas de ver la vida y sueños. Esto fue lo que me contaron Mónica y Juan Arce, ambos hermanos, creadores y artífices de la película La laguna rosa.

Mónica Arce en la vida real es actriz y bailarina y es la protagonista de la película que se filmó en Yucatán en el 2017 y da vida al personaje de Mariana Zafra; ella y su personaje tienen dos cosas en común: ser bailarinas de ballet y tener síndrome de Down.

El director me comentaba cómo se fue armando el proyecto, ya que él siempre se ha dedicado a cosas de audiovisual y de repente un día Moni se acercó y le dijo: “Juan, yo quiero ser actriz; me gusta mucho lo que haces. ¿Por qué no hacemos algo?”

Y juan le dijo: “Bueno, estaría padre hacer algo chiquito”, pero conforme la película fue tomando forma se dio cuenta que había muchas cosas que él quería contar también de su experiencia y de la de Moni creciendo en un mundo y en un México que a veces no tiene muchas oportunidades para personas con discapacidad; esa es la realidad.

La historia tiene su toque de buena vibra, ya que la película fue financiada gracias a una campaña de KickStarter, donde solicitaron 65 mil pesos y les donaron 155 mil 88 pesos.

Otra parte la consiguieron por Mónica, quien comenzó a hacer gelatinas y panqués para vender.

La laguna rosa es una película de ficción que cuenta la historia de dos hermanos que se encuentran alejados: Arturo, un joven superficial y vanidoso, y Mariana, una chica talentosa, creativa y con síndrome de Down.

Mariana tiene una presentación de ballet en la ciudad de Mérida, Yucatán, y podrá por fin cumplir su sueño de ser una bailarina.

Necesita que su hermano la apoye y vaya con ella y así comienza un viaje de reconexión y aprendizaje.

Arturo cuestionará varias convenciones y decisiones que ha tomado en su vida; mientras que Mariana buscará defender su individualidad a través de la danza, rompiendo con estigmas asociados al síndrome de Down. Pero de pronto todo se complica para que Mariana baile en el evento. ¿Podrá Arturo ayudarla a lograr su sueño?

Una historia que nos muestra que hay diferentes formas de ver el mundo, rompiendo así con los estereotipos asociados a las personas con síndrome de Down

“Esta película se ha convertido en una misión para los hermanos, ya que a través de ella envían un mensaje potente para dar visibilidad al síndrome de Down, mostrando que al final todos somos personas, con problemas, necesidades, cualidades y defectos. La inclusión es fundamental en nuestra sociedad y la empatía permite que seamos mejores personas, comunidad, país y mundo” mencionó el director del filme.

El 21 de marzo es el Día Mundial del síndrome de Down.

“Yo tengo discapacidad, pero aún así tengo gustos, tengo metas y soy feliz. Me gusta mucho bailar y actuar, porque saco las emociones que tengo dentro, expreso lo que tengo en mi corazón porque todos tenemos derecho a vivir una vida plena con inclusión educativa, laboral y social sin restricciones”, dijo Mónica Arce durante la charla.

Moni es la inspiración, motivación y corazón de esta historia. “Yo como su hermano siempre he mantenido que el hecho de que Moni llegara a nuestra familia ha sido la bendición más grande. Su forma de ver la vida, sensibilidad, amor, y perseverancia han sido mi mayor ejemplo de vida. Y claro, qué decir de su contagiosa sonrisa y esos abrazos que sanan el alma.

Cuando estábamos en el set, como dice Moni, había que repetir mucho. De repente, el equipo y los otros actores me decían: “Ya, ¿no? Estás presionando mucho a Mónica”. Y yo les pedía que me esperaran un poco, hacíamos dos escenas más y el resultado era otra cosa. Lo que me encanta de este proyecto es que el objetivo inicia desde la producción, ya empezó a cambiar ciertas perspectivas. ¿Por qué no voy a exigir a Moni como lo haría con otra actriz? Puede que tarde un poco más que algunas personas, y menos que otras, pero esa exigencia está ahí precisamente porque creo en ella y sabía que lo iba a lograr”, me comenta orgulloso Juan Arce.

Desde hace tiempo, Moni ha tenido dos sueños claros: ser bailarina de ballet y ser actriz.

“Quiero darte las gracias, Juan, por ser un maestro para mí; ésta es mi primera vez y cuando hice las escenas fue un director duro, me decía: ¡Tú puedes hacerlo! Y cuando una persona te exige es porque te quiere y quiere que lo hagas bien, y por eso quiero decir gracias a ti, Juan, porque me has dado amor y muchísimas oportunidades. Te quiero mucho”, expresó Mónica.

“Yo quiero mostrar a la gente que tiene discapacidad igual que yo que pueden tener metas, sueños, que ellos pueden llegar ahí. Que la gente que quiere ser actriz puede hacer cosas, puede ser actriz, cantante, ¡todo lo pueden hacer!”
Dirección: Juan Arce, Francisco Gallo / Producción: Juan Arce / Reparto: Gerardo Oñate, Mónica Arce Victoria, Elsy Jiménez Falcón / Guion: Juan Arce / Cinefotógrafia: Francisco Gallo / Ficción / Digital / 82 min. / México / Color / 2022

No se pierdan la película. Segurito se van a encontrar en alguno de los personajes… Ojalá sea de los buenos.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: X, IG en todas las redes sociales.

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Educación

Cigarros y vapeadores ¿Qué le están haciendo a tus pulmones?

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En entrevista Dr. Iván Juárez Neumólogo con alta especialidad en intervencionismo.

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

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Educación

Tecnología desarrollada por egresados BUAP se implementará en un festival masivo en el país

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Tras ganar el HEINEKEN Green Challenge–All Stars 2026, la empresa CPlantae, liderada por egresados de la BUAP y pionera en soluciones basadas en la naturaleza para el tratamiento de aguas residuales, implementará su tecnología Lombrifiltro® en el Tecate Emblema 2027, uno de los festivales insignia de OCESA que se celebra cada año en el Autódromo Hermanos Rodríguez, en la Ciudad de México. Será el primer sistema de saneamiento basado en la naturaleza en operar en un festival masivo en el país.

José Luis Ortiz Robles, director de este proyecto y egresado de Ingeniería Ambiental de la BUAP, explicó que el Lombrifiltro® trata aguas grises provenientes de sanitarios y regaderas usando principalmente lombrices rojas, así como plantas y otros microorganismos. Es una tecnología conocida como humedales artificiales.

Este sistema remueve entre el 70 y 80 por ciento de los contaminantes, por lo que el agua tratada puede ser filtrada al subsuelo y reutilizada para riego y servicios, reduciendo el consumo de agua potable y evitando la contaminación de cuerpos hídricos.

Ortiz Robles indicó que el proyecto CPlantae participó en la convocatoria de dicha empresa cervecera en 2024, siendo uno de los cinco finalistas. Posteriormente, fueron convocados a participar en la convocatoria de este año para proponer soluciones a Heineken y Grupo OCESA.

“Se trató de un bootcamp con asesoría y consultoría intensa durante varias semanas. Al final siete empresas realizamos una presentación en la ciudad de Monterrey, de estas fueron elegidas dos: una para presentar su piloto con Heineken y otra para OCESA”, refirió.

El egresado de la BUAP añadió: “Para nosotros representa un gran reto, porque implica aplicar nuestra innovación en un contexto sumamente complejo. En tres días se generarán 120 mil litros de agua aproximadamente. El desafío es presentar un proyecto maduro que trate un volumen considerable de agua y demostrar su tratamiento. Además, los datos generados permitirán analizar el sistema y replicarlo a una escala mayor en un futuro próximo”.

Limpiar el agua residual

CPlantae se originó como un proyecto estudiantil para limpiar y eliminar los contaminantes del agua residual, a partir de humedales artificiales. José Luis Ortiz Robles señaló que en la actualidad también se utilizan lombrices, bacterias, algas y distintos organismos que, en conjunto, realizan sistemas de tratamiento complejos y eficientes para este fin.

Esta idea después fue asesorada por la Incubadora BUAP, espacio universitario de la Dirección de Innovación y Transferencia de Conocimiento. Con el financiamiento de una beca, fabricaron un prototipo para demostrar en sitio el funcionamiento de su sistema. A partir de 2017, comenzaron la gestión empresarial de su proyecto.

Tienen sistemas instalados en distintos rincones del país, en el sector público y privado, como en Xcalak, Quintana Roo; en el Santuario de la Tortuga Marina Xcacel-Xcacelito, en la Riviera Maya; en Los Cabos y en la costa de Oaxaca; así como en casas, fraccionamientos e incluso en Flor del Bosque en Puebla.

Con este proyecto, los estudiantes de la BUAP representaron a México en Enactus World Cup 2019, en Silicon Valley, en San José California, Estados Unidos, y obtuvieron el primer lugar a nivel mundial en la competencia 1 Race 4 Oceans (1R4O), en la Enactus World Cup 2022, celebrada en San Juan, Puerto Rico.

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Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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