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Educación

T-Systems refuerza su alianza con Cruz Roja Mexicana de Puebla mediante entrega de 16 equipos de cómputo

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T-Systems, empresa líder de tecnología a nivel mundial, proveedora destacada de servicios digitales y filial de Deutsche Telekom AG (DT), empresa en telecomunicaciones a nivel global, realizó una nueva donación de equipos de cómputo a la Cruz Roja Mexicana de Puebla, marcando la segunda ocasión en que la compañía apoya con infraestructura tecnológica a esta institución.

En esta ocasión, laCruz Roja solicitó específicamente que los equipos tuvieran la capacidad técnica necesaria para ejecutar su nuevo sistema digital denominado Odoo, una plataforma integral que será implementada para optimizar tanto las operaciones administrativas como las actividades operativas de la organización. Esta transición desde el sistema PeopleSoft hacia Odoo representa un paso fundamental en la transformación digital de la institución.

La donación consistió en 16 equipos de cómputo que permitirán a la Cruz Roja modernizar sus procesos internos y mejorar la eficiencia en la prestación de sus servicios a la comunidad. Esta inversión en modernización tecnológica impulsará la eficiencia, transparencia y calidad de servicio, beneficiando directamente a 15 delegaciones locales en el estado de Puebla.

El impacto estratégico de esta donación incluye el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica, mayor control y capacidad de respuesta en servicios de emergencia, así como la sistematización de certificados médicos y capacitación digital para personal operativo y administrativo.

Las delegaciones locales beneficiadas incluyen Ciudad de Puebla (área de Capacitación), Huauchinango, Lara Grajales, Cholula, Zacatlán, Tehuacán, Tepeaca, Atlixco, Huejotzingo, Chignahuapan, Tecamachalco, San Martín Texmelucan, Izúcar de Matamoros, Ciudad Serdán y Xicotepec.

«Nos enorgullece continuar fortaleciendo nuestra alianza con la Cruz Roja Mexicana. Esta segunda donación de equipos de cómputo no solo representa nuestro compromiso con la transformación digital de organizaciones que impactan positivamente a la sociedad, sino que también refleja nuestra convicción de que la tecnología debe ser una herramienta para generar bienestar social. El apoyo mutuo que hemos construido con la Cruz Roja demuestra que cuando las empresas y las organizaciones humanitarias trabajan juntas, podemos multiplicar nuestro impacto en las comunidades que más lo necesitan», declaró Carlos Celaya, Managing Director de T-Systems México.

Esta colaboración se suma a los antecedentes de trabajo conjunto entre ambas organizaciones. La primera donación de equipos se realizó a petición de la Cruz Roja para la actualización del sistema de cómputo administrativo del hospital ubicado en 20 Oriente 1002, San Francisco, Puebla en 2024.

Esta alianza entre ambas instituciones va más allá de solo equipos de cómputo, durante 2023, tras el paso del huracán Otis, la Cruz Roja facilitó a T-Systems la logística necesaria para hacer llegar víveres a aproximadamente 1,500 familias afectadas, canalizando el apoyo directamente a través de la Cruz Roja Acapulco. Adicionalmente, en las festividades decembrinas de ese mismo año, esta colaboración permitió la distribución de 700 juguetes en la comunidad de Plan de Amates, Guerrero.

Más que una donación, esta alianza representa una inversión estratégica en el desarrollo social y tecnológico de México. Con ella,T-Systems reafirma su liderazgo como impulsor de la innovación con propósito, generando impacto real en las comunidades y construyendo un futuro más inclusivo y sostenible para todos.

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Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

¿Cuál es la importancia de cursar 3 años de preescolar?

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En entrevista la Mtra. Estela Araceli Mora Zárate, Docente de Educación Preescolar, Maestra en Calidad de la Educación, Doctorante en Innovación Educativa.

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

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Educación

El Gobierno de México, a través del Programa de Apoyos a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), respalda por primera vez al Festival Tragaluz 2026.

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Bajo la premisa de garantizar la cultura como un derecho humano fundamental y una herramienta clave para la construcción de paz, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, encabezada por Claudia Curiel de Icaza, a través de la Convocatoria de Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), suma esfuerzos con el Festival Tragaluz 2026 «Memoria y Fuego». Esta sinergia institucional refleja los objetivos prioritarios del Gobierno de México, enfocados en descentralizar la oferta cultural, fortalecer el tejido social y respaldar a las comunidades artísticas locales.

Por primera vez, el Festival Tragaluz recibe el apoyo de Profest. Este recurso permitirá consolidar al festival como una plataforma integral de creación, formación, exhibición y vinculación en torno a la fotografía y la imagen contemporánea. Con estas acciones, se busca impulsar la profesionalización de artistas y agentes culturales locales, promoviendo nuevas narrativas visuales desde una perspectiva inclusiva.

Como parte de su programación, el encuentro desarrollará 25 actividades artísticas y académicas. Entre ellas destacan exposiciones nacionales, conversatorios con artistas e investigadores, una conferencia magistral, cinco talleres de formación, dos clínicas para proyectos fotográficos y una presentación editorial. Asimismo, se presentará el proyecto «Cine y Memoria: Del Lago al Fuego», el cual contempla proyecciones del archivo cinematográfico de Luis Osorno Barona acompañadas de música en vivo en Angahuan, Tzintzuntzan y
Morelia.

Abonando al eje de descentralización y en el marco del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, el festival facilitará actividades artísticas en cuatro municipios del estado: Morelia, Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Angahuan. Además, para fortalecer la circulación de acervos y proyectos fotográficos locales y nacionales, la programación incorpora importantes exposiciones provenientes del Centro de la Imagen. Entre las muestras se encuentran Reminiscencias de Elsa Medina, Mujeres por Mujeres y la XXI Bienal de Fotografía, sumándose también el Proyecto Michoacano de Fotografía.

A través de un sólido programa de formación y profesionalización dirigido a niñas, niños, jóvenes, estudiantes y fotógrafos profesionales, el Festival Tragaluz y la Secretaría de Cultura reafirman que el acceso equitativo a las artes visuales es esencial para el desarrollo comunitario y la integración de las distintas regiones del país.

Sigue las redes sociales oficiales de la Secretaría de Cultura en Instagram
(instagram.com/culturamx), Facebook (facebook.com/SecretariaCulturaMx) y X
(@cultura_mx) para mayor información.

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