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Entrevistas

Raúl Ornelas este 14 de febrero en Puebla

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EL CONFESIONARIO

Ray Zubiri

Hay confesiones que no se hacen en voz baja, sino frente a miles. Confesiones que no buscan absolución, sino sentido. Raúl Ornelas lo sabe. Su historia no es la de un éxito repentino, sino la de una vocación defendida a contracorriente, de un sueño que tardó años en encontrar el escenario exacto donde debía cumplirse: el Auditorio Nacional.

Durante la entrevista que me concedió, Raúl fue claro y honesto al hablar del origen de ese anhelo que parecía lejano, casi imposible, pero que nunca dejó de perseguir. Él mismo lo resume así:

Esa frase encierra más de lo que aparenta. No se trata únicamente de llegar a un recinto emblemático, sino de todo lo que ocurre antes: las dudas, los rechazos, los escenarios pequeños, las canciones que primero fueron refugio y después bandera. 

El Auditorio Nacional no es un punto de partida, es una consecuencia.

Hablar de “El Coloso de Reforma” es hablar de historia, de exigencia, de respeto. No cualquier artista llega ahí, y quien lo hace sabe que no basta con tener canciones: hay que sostenerlas, defenderlas, hacerlas crecer. Raúl lo entiende perfectamente y lo expresó durante nuestra charla cuando reflexionó sobre lo que implica presentarse en el recinto más importante de México:

Detrás de esa pregunta hay una verdad contundente: el Auditorio no se improvisa. Cada concierto exige disciplina, una producción sólida, un equipo comprometido y, sobre todo, una conexión real con el público. Raúl no llegó ahí persiguiendo reflectores, llegó con canciones que ya habían hecho su trabajo: acompañar, sanar, contar historias ajenas que también eran propias. Esto fue lo que me conto este querido amigo quien recibió recientemente su placa por sus 100,000 seguidores en YouTube.

En ese escenario, cada palabra pesa más, cada nota se multiplica. No hay espacio para la simulación. Por eso, cantar ahí no es un premio, es una responsabilidad.

Si algo quedó claro en la entrevista es que el camino de Raúl Ornelas no fue sencillo. Como ocurre con muchos artistas, hubo momentos en los que la vocación tuvo que ser defendida incluso cuando parecía no ser comprendida del todo. Él lo dijo con claridad al recordar sus orígenes y el respaldo que recibió desde casa:

Esta confesión es quizá una de las más poderosas. Porque no habla solo de talento, sino de carácter. Defender la vocación implica renunciar a certezas, apostar por lo incierto y sostener una decisión incluso cuando los resultados tardan en llegar. Y en ese proceso, el apoyo familiar puede marcar la diferencia entre abandonar o resistir.

Raúl resistió. Resistió con canciones, con trabajo constante y con una identidad artística que nunca traicionó. Por eso, cuando finalmente pisó el escenario del Auditorio Nacional, no lo hizo solo: lo hizo acompañado de todas esas personas, momentos y decisiones que lo llevaron hasta ahí.

Cantar en el Auditorio Nacional no cerró un ciclo; abrió otro. Raúl Ornelas no habla desde la nostalgia del “ya llegué”, sino desde la conciencia de que el camino continúa. Su carrera sigue en ascenso porque está construida sobre bases firmes: honestidad, congruencia y una profunda conexión con su oficio.

En El Confesionario entendemos que las historias que valen la pena no son las que presumen el éxito, sino las que explican el proceso. Y la de Raúl Ornelas es una de esas historias que inspiran no por el escenario alcanzado, sino por la coherencia del trayecto.

El Auditorio Nacional fue el escenario del sueño cumplido, sí, pero también fue el espejo donde se reflejó una vida dedicada a la música sin atajos. Ahí, frente a miles, Raúl no solo cantó: confirmó que los sueños se cumplen cuando se trabajan, se defienden y se sostienen con convicción.

Porque al final, las grandes confesiones no se dicen… se cantan.

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Educación

A 100 años de la Guerra Cristera de México: Lo que debes saber.

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Germán Bricio: el mexicano que se prepara para tocar el espacio y convertir un sueño en legado

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay entrevistas que terminan cuando se apaga el micrófono y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. La charla que tuve con Germán Bricio pertenece a la segunda categoría. Y es que hablar con un mexicano que se prepara para viajar al espacio no es precisamente una conversación de todos los días.

Lo primero que pensé cuando tuve a Germán frente al micrófono fue: ¿qué se le pregunta a un hombre que está a punto de cumplir uno de esos sueños que parecían imposibles? Así que fui directo al punto: ¿cómo termina un empresario mexicano preparando las maletas para viajar al espacio?

Germán me respondió con una frase que, desde ese momento, se convirtió en el hilo conductor de nuestra conversación: “Muchas veces no es que dejemos de soñar, dejamos de creer”.

Y ahí entendí que esta historia no comenzaba en una nave espacial, sino muchos años atrás, en la habitación de un niño que tenía pósteres del Apolo 11, de la Luna y de los astronautas. “Yo de niño tenía esta ilusión”, me contó. Soñaba con viajar al espacio, pero con el paso de los años comenzó a pensar que ese sueño no era para él. No era científico, no trabajaba en la NASA y, por lo tanto, parecía imposible.

Germán fue seleccionado por Blue Origin, la compañía aeroespacial fundada por Jeff Bezos, para formar parte de una futura misión suborbital. De concretarse el vuelo, se convertiría en un referente histórico para México como empresario civil que alcanza el espacio sin haber seguido la tradicional formación de un astronauta.

Germán, pero explícame una cosa: ¿qué se siente saber que vas a viajar al espacio?

“Una persona civil común como yo, un empresario que no somos científicos, matemáticos, que no trabajamos en la NASA o somos americanos, podemos soñar y lograr ir al espacio”.

Y creo que ahí está precisamente lo extraordinario de su historia. No se trata solamente de que Germán pueda viajar al espacio; se trata de que representa la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que un sueño era imposible pueda volver a creer en él.

Germán me explicó que serán seis pasajeros en la cabina y que el vuelo será suborbital. La cápsula alcanzará la llamada línea de Kármán, ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de altura, que convencionalmente marca el límite del espacio.

¿Te consideras astronauta?

“No me gusta denominarme astronauta”, me dijo. “Sino viajero espacial”.

Y esa expresión me gustó. Porque quizá Germán entiende que todavía está viviendo el proceso, que está a punto de convertirse en parte de una historia que apenas comienza.

Después vendrán unos minutos de ingravidez, la cápsula iniciará el descenso y finalmente aterrizarán en el desierto de Texas mediante paracaídas.

Yo no pude evitar imaginar la escena y le pregunté:

O sea, ¿vamos a verte flotando en el espacio?

La respuesta fue sí, aunque con una precisión importante: no dará la vuelta a la Tierra. Precisamente por eso se denomina vuelo suborbital. La cápsula sube, atraviesa la línea de Kármán, los pasajeros experimentan unos minutos de microgravedad y posteriormente regresan a nuestro planeta.

Durante la entrevista le pregunté algo que considero fundamental:

¿Dónde está el empresariado mexicano? ¿Por qué no estamos soñando en grande?

Germán fue directo: “Nosotros tenemos que soñar, que soñar en grande, que creérnoslas”.

Y agregó una frase que me pareció particularmente mexicana:

“No soñar en el quinto partido, soñar en que podemos ser los campeones del mundo”.

Ahí entendí que su viaje al espacio también tiene una intención simbólica. Quiere que otros mexicanos comprendan que no hay que conformarse con pensar que ciertas cosas solamente pueden ocurrir en otros países.

“México necesita referentes”, me dijo. “Necesitamos gente a quien seguir, necesitamos líderes en los que podamos replicar cosas buenas para poderlas poner en práctica en nuestra vida, para poder crecer como personas, como mejores seres humanos”.

Cuando le pregunté sobre la preparación, me explicó que deberá mantener una buena condición física y mental, además de recibir capacitación especializada en Texas. El lanzamiento alcanzará aproximadamente 3,700 kilómetros por hora y hasta el asiento de la cápsula será adaptado a sus medidas corporales.

Pero entonces le hice una pregunta mucho más personal:

¿Qué se necesita para cumplir un sueño?

Su respuesta fue sencilla:

“No puedes tener éxito si no hay un sacrificio, si no hay un esfuerzo”.

Y después remató con una frase que bien podría convertirse en una regla de vida:

“A través de esta persistencia, del trabajo constante, del caernos y levantarnos, caernos y levantarnos como podemos lograr nuestros sueños”.

Eso es quizá lo que más me gustó de nuestra conversación. Porque cuando hablamos de viajar al espacio solemos pensar en tecnología, millones de dólares, cohetes y grandes empresas. Pero Germán terminó llevando la conversación a algo mucho más sencillo: trabajo, disciplina y perseverancia.

Hay una experiencia que Germán espera con especial emoción: mirar la Tierra desde el espacio.

Me explicó que cuando uno observa nuestro planeta desde afuera ocurre algo que puede cambiar la perspectiva. Ya no se ven las fronteras. No se ve México, Estados Unidos, Europa o Asia como los conocemos en un mapa. Se ve un solo planeta.

Inevitablemente llegó la pregunta incómoda.

¿Cuánto cuesta viajar al espacio?

Germán sonrió, pero la respuesta no pudo ser revelada. Blue Origin no le permite hacer pública esa información. Lo que sí dejó claro es que se trata de una experiencia costosa y que conseguir un asiento tampoco es sencillo, pues existen personas de distintas partes del mundo esperando una oportunidad.

Aunque inicialmente el vuelo estaba contemplado para 2026, la misión se encuentra temporalmente pausada debido a las prioridades de Blue Origin relacionadas con sus proyectos lunares. Por ello, todavía tendremos que esperar la fecha definitiva del lanzamiento.

Pero mientras ese día llega, Germán ya comenzó otro viaje: el de convencer a otros mexicanos de que también pueden alcanzar sus sueños.

Y al final de nuestra conversación le pregunté:

Germán, ¿qué le dirías a un joven que tiene un sueño, pero piensa que es imposible?

“Así como yo puedo soñar y puedo ir al espacio, ¿cuál es tu sueño que tú puedes lograr y que todos podamos celebrar?”

Me quedo con eso.

Porque quizá no todos vamos a viajar al espacio. Pero todos tenemos un lugar al que queremos llegar.

Y mientras Germán Bricio se prepara para cruzar la línea de Kármán, nosotros podemos comenzar por cruzar nuestras propias líneas de miedo, de conformismo y de incredulidad.

Al final, quizá ésa sea la verdadera enseñanza de esta historia: los sueños no siempre mueren; a veces solamente están esperando que volvamos a creer en ellos.

Y sí, querido lector, aquí entre nos… ¿tú ya volviste a creer en el tuyo?

¡LA AVENTURA K-POP LLEGA A PUEBLA!

Prepárate para vivir un espectáculo lleno de música, baile, energía, luces y tus guerreras favoritas este 13 de septiembre en el Teatro del Complejo Cultural Universitario.

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La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

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Educación

Entrevista con el primer actor Miguel Pizarro.

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El primer actor Miguel Pizarro habla de la época del preciosismo en televisión y su relación con Puebla desde que era niño.

¿Qué es vivir con la fama de un personaje y no poder salir ni a la calle? de esto nos plática el primer actor Miguel Pizarro.

¿Sabías que Miguel Pizarro participo en fotonovelas que es una historia contada con fotos reales en vez de dibujos?

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

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