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Opinión

Educación y Tecnología | Luis Lach.

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Luis Lach.

Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC): Las plataformas tecnológicas.

Estamos familiarizados en el medio educativo, con el acrónimo TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), para referirnos a estos ya no tan nuevos paradigmas tecnológicos basados en la conexión de individuos a través de la world wide web (www) y que han hiper revolucionado todas las actividades del mundo de hoy. Si vemos una serie de televisión, de hace no mucho tiempo, -digamos 15 años-, nos puede sorprender cuán diferente era la tecnología entonces. No había todavía mensajerías instantáneas del tipo Whats app o Telegram, ni habíamos arribado todavía a la telefonía celular 4G. Hoy en día una de las constantes es tener a los hijos en cada cuarto, o en la mesa viendo Tik Tok o jugando video juegos. Al parecer la tecnología nos ha avasallado…pero también nos salvó cuando más la necesitamos. Durante la pandemia pudimos seguir operando en la mayoría de las actividades económicas y en particular, en la educación, gracias a estas tecnologías. Por supuesto, como ya lo he comentado antes, con diferencias abismales en el acceso a estas, dependiendo qué tan favorecido socialmente sea el grupo al que uno pertenezca.

Sin embargo, hoy en día pareciera haber una gran confusión en lo que respecta a los usos de las TIC en la educación. Durante la pandemia se popularizaron las herramientas de videoconferencia, como Zoom, Google Meet o Microsoft Teams y herramientas como Google Classroom. Y en muchos comentarios de docentes, existe la sensación de agobio de lo que significó trabajar con estas soluciones. Se cree que hay un rezago educativo importante gestado durante el periodo de la pandemia (y no hablemos de los impactos socio emocionales en los estudiantes, quienes, dependiendo de su edad, la pandemia les cortó una parte muy importante de su desarrollo personal a través de la socialización natural a su edad. El patio de recreo es fundamental en una escuela). Y parece que el candidato natural al culpable del año en este rezago educativo son las TIC. En ningún momento hacemos mención crítica del modelo tradicional de educación, donde el maestro es el centro y sabio del salón de clases. Y claro, tuvimos sesiones eternas de maestros hablando y hablando en la plataforma, y peleándose porque sus estudiantes prendieran la cámara para que los pudieran ver. Por supuesto que después de 7 horas de este modelo de clases, todo mundo terminaba agotado y con un avance pobre. Y entonces llega el regreso a la presencialidad, y en tropel buscamos instintivamente regresar al punto previo a la pandemia, como el ideal, sin percatarnos de que la escuela ya no puede ser la misma, de que la integración de las TIC se debe dar en la escuela en línea, en la presencial, y en modalidades híbridas y que, tendríamos que repensar quién es el responsable del rezago. Yo no creo que sean las TIC. Este péndulo de regreso a la presencialidad debemos valorarlo y realmente sacar provecho, revolucionando el quehacer educativo orientándolo más a poner a los estudiantes al centro del proceso, en lo que se conoce como Las Habilidades del Siglo XXI (https://eduteka.icesi.edu.co/modulos/10/306/386/1. En este paradigma educativo, los estudiantes, colaboran, desarrollan pensamiento crítico, aprenden a resolver problemas, generan habilidades para indagar en ciencias STEAM (https://www.iste.org/es/areas-of-focus/steam-education) con el apoyo de la tecnología, y aprenden con base en proyectos ABP (https://www.gob.mx/aprendemx/es/articulos/el-aprendizaje-basado-en-proyectos-como-oportunidad-para-transformar-la-escuela). Las herramientas allí están para desarrollar estas habilidades y tener estudiantes motivados y dónde no tendría que haber habido rezago educativo, pero en muchos casos, no se supo sacar provecho de las TIC. Veamos por qué:

En las escuelas públicas el programa que se implementó se llamó Aprende en Casa (https://aprendeencasa.sep.gob.mx/). El cuál era la apuesta obligada, dada la falta de acceso a internet y dispositivos en los estudiantes del país. El problema es que es una herramienta unidireccional que sólo emite conceptos, pero no interactúa con los estudiantes. A pesar de ello, el programa logró paliar en parte las necesidades educativas de los estudiantes.

Y en simultáneo, tanto en el sistema público como en el privado, las principales marcas como Apple (https://www.apple.com/mx/education/), Microsoft (Microsoft 365 https://www.microsoft.com/es-xl/education/products/office), Zoom (https://explore.zoom.us/docs/es-es/education.html) y Google (Google Workspace for Education https://support.google.com/a/answer/7370133?hl=es), proveyeron las herramientas para el aprendizaje virtual a través de sus plataformas, las cuales permiten tener todo lo que se produce en lo que se conoce como “la nube”. Esto es, en los enormes servidores que tienen y que permiten tener un espacio a cada persona, para guardar información, compartirla, publicarla, etcétera. Los tiempos de que una escuela compraba softwares y los instalaba localmente en la escuela, han dado paso a estas plataformas por las cuales se paga una licencia anual, generalmente por estudiante y que te da posibilidades enormes. De estas plataformas, las herramientas más populares durante la pandemia fueron:

Videoconferencias: Zoom (https://zoom.us/download), Google Meet (https://apps.google.com/meet/?pli=1) y Microsoft Teams (https://www.microsoft.com/es-mx/microsoft-teams/compare-microsoft-teams-options-b?=&ef_id=CjwKCAjwjtOTBhAvEiwASG4bCPJhGf7PVclbzDQjpc3QAD2FgJqZoTsrTwoS8sR7G6w812nieuG1bxoC72EQAvD_BwE%3aG%3as&OCID=AID2202163_SEM_CjwKCAjwjtOTBhAvEiwASG4bCPJhGf7PVclbzDQjpc3QAD2FgJqZoTsrTwoS8sR7G6w812nieuG1bxoC72EQAvD_BwE%3aG%3as&gclid=CjwKCAjwjtOTBhAvEiwASG4bCPJhGf7PVclbzDQjpc3QAD2FgJqZoTsrTwoS8sR7G6w812nieuG1bxoC72EQAvD_BwE&activetab=pivot%3aprimaryr2).

Administración de la clase (LMS) Google Classroom.

Herramientas de ofimática.

Versiones de procesador de textos, hoja de cálculo y presentaciones multimedia de las principales marcas.

Quedaron afuera muchísimas herramientas que ponen a disposición estas marcas y que fueron poco utilizadas por las escuelas. Por ejemplo: Microsoft Sway, One Note, One drive, Drive, Google Sites, Google Jam, iCloud, iMovie, iBook, etcetera. Y otras, que han popularizado otros portales, como Khan Academy (https://es.khanacademy.org/), Duolingo (https://es.duolingo.com/), etcétera. Que son plataformas gratuitas.

El problema es que para que las TIC funcionen adecuadamente, se requiere un docente del siglo XXI que tenga la visión de impulsar el modelo de proyectos en sus estudiantes, y que se atreva a explorar todo este tipo de herramientas. Y para ello, las instituciones educativas deben considerar capacitar, evaluar y certificar a sus maestros en estos entornos educativos.

Con esto en mente, debemos considerar como gobiernos y como instituciones particulares, a qué plataformas debemos apostar. En Draf Consultores estamos organizando un evento dirigido a los tomadores de decisiones, para que puedan ver y probar algunas de estas plataformas. A directores de escuelas y a docentes que quieran asistir, la cita es el 16 de junio de 2022 en el Hotel María Isabel Sheraton en la Ciudad de México (En la glorieta del Ángel). La entrada es gratuita y se pueden registrar en: https://www.eventbrite.co.uk/e/cumbre-de-lideres-en-educacion-con-tecnologia-tickets-329421828557.

Les comparto características de las plataformas que atenderán el evento y de otras que no estarán, pero que vale la pena conocer:

Campus Móvi (https://www.campusmovil.com.mx/)l: Plataforma para la gestión de las instituciones educativas. En esta plataforma, las escuelas adquieren licencias que les permiten recibir pagos, emitir facturas, llevan un control automático de sus finanzas y pueden personalizar una app con la imagen de la escuela que se encontrará en Android o IOS. Con esta app, los padres de familia, pueden hacer pagos, recibir avisos escolares, o urgentes, etcétera. Empresa con base en Estados Unidos y presencia en México.

Code Monkey (https://www.codemonkey.com/?utm_campaign=cm_gs_a_br_la_ne&utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_content=439051611022&utm_adgroup=codemonkey_bm&utm_placement=&gclid=CjwKCAjwjtOTBhAvEiwASG4bCKZqYwSLiI_VB7NW5Sk7EP0AY2Rqhz5axR1oKXiDMmuCVBzNoYE1_xoCq_cQAvD_BwE): En esta plataforma, se pueden encontrar actividades para que niños, desde presscolar, hasta bachillerato, puedan aprender programación, desde la que se hace con bloques, hasta con base en código de programación como Python. Herramienta desarrollada en Israel y con presencia en diversos países alrededor del mundo.

Draf Consultores (https://www.drafconsultores.com/): Empresa de consultoría (no es plataforma), que apoya a los tomadores de decisión de instituciones educativas en sus diferentes procesos. Se trabaja desde apoyo en capacitación docente, certificación de competencias laborales de CONOCER para el mejor uso de las TIC en la educación. Trabajo en STEAM, Servicio social en la educación, Inclusión educativa, Maker spaces, etcétera.

Exic (http://www.exic.mx/#soluciones): Empresa de consultoría (tampoco es plataforma), que apoya a las instituciones en temas como: equipamiento, conectividad, entornos de aprendizaje, STEAM, diseño de consultoría, capacitación, etcétera.

EdPuzzle (https://edpuzzle.com/): Plataforma que permite a docentes crear videos, y segmentar lecciones con cuestionarios y apoyos visuales, que ayuden a un desarrollo del aprendizaje acorde con las necesidades tecnológicas actuales. Empresa con base en España, y presencia en Estados Unidos y actualmente está aterrizando en México y América Latina.

Krismar (https://www.novaschool.mx/?redi): Plataforma mexicana con más de 35 años en el mercado, habiendo apoyado a programas de gobierno como Enciclomedia, Red Escolar, Habilidades Digitales para Todos, etc. Cuenta con la plataforma Novaschool, que pone en manos de los Estudiantes desde preescolar hasta bachillerato recursos en forma de video, lecciones, audio, etc., que cubren

cualquier desarrollo curricular de la Secretaría de Educación Pública. Asimismo, desarrollan soluciones para robótica educativa y ecológica.

PDA International (https://pdainternational.net/): Esta plataforma desarrolla herramientas de Machine Learning (herramientas que van aprendiendo de los usuarios), y que permite a una organización saber cómo está distribuido el talento de sus colaboradores, con base a una herramienta llamada PDA Assessment. Adicionalmente, cuenta con otra herramienta que permite hacer pruebas de orientación vocacional con resultados inmediatos y plenamente confiables y que lleva por nombre TOV (test de orientación vocacional). Esta empresa llega desde Argentina, y tiene presencia en muchos lugares del mundo.

Pleiq (https://pleiq.com/es): Plataforma chilena, pensada a nivel preescolar, con múltiples premios a nivel internacional, y que es probablemente la primera que desarrolla actividades tecnológicas con niños pequeños, pero de forma cuidadosa y responsable, utilizando cubos como juguetes, y con cientos de actividades en Realidad Virtual y Realidad Aumentada. Adicionalmente, desarrollan cuadernos de actividades, con actividades de Realidad Virtual y Aumentada, llamados Caligrafix.

Unilx (https://unilxeducation.com/home): Plataforma de origen estadounidense diseñada para la enseñanza de idiomas y que sirve como un fuerte apoyo al trabajo del docente en el aula. Los estudiantes, pueden aprender con los criterios del Maarco Común Europeo, y cuentan con herramientas que impulsan y facilitan el aprendizaje como son, el speech recognition, comprensión de diálogos, etcétera.

Espero que les sirva esta información, Seguimos en comunicación la siguiente semana.

Saludos.

Sus redes sociales:

Correo: luislach@drafconsultores.com

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/luis-lach-48b8452/ https://www.linkedin.com/company/drafconsultores/?viewAsMember=true

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Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

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Educación

A 100 años de la Guerra Cristera de México: Lo que debes saber.

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Educación

Germán Bricio: el mexicano que se prepara para tocar el espacio y convertir un sueño en legado

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay entrevistas que terminan cuando se apaga el micrófono y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. La charla que tuve con Germán Bricio pertenece a la segunda categoría. Y es que hablar con un mexicano que se prepara para viajar al espacio no es precisamente una conversación de todos los días.

Lo primero que pensé cuando tuve a Germán frente al micrófono fue: ¿qué se le pregunta a un hombre que está a punto de cumplir uno de esos sueños que parecían imposibles? Así que fui directo al punto: ¿cómo termina un empresario mexicano preparando las maletas para viajar al espacio?

Germán me respondió con una frase que, desde ese momento, se convirtió en el hilo conductor de nuestra conversación: “Muchas veces no es que dejemos de soñar, dejamos de creer”.

Y ahí entendí que esta historia no comenzaba en una nave espacial, sino muchos años atrás, en la habitación de un niño que tenía pósteres del Apolo 11, de la Luna y de los astronautas. “Yo de niño tenía esta ilusión”, me contó. Soñaba con viajar al espacio, pero con el paso de los años comenzó a pensar que ese sueño no era para él. No era científico, no trabajaba en la NASA y, por lo tanto, parecía imposible.

Germán fue seleccionado por Blue Origin, la compañía aeroespacial fundada por Jeff Bezos, para formar parte de una futura misión suborbital. De concretarse el vuelo, se convertiría en un referente histórico para México como empresario civil que alcanza el espacio sin haber seguido la tradicional formación de un astronauta.

—Germán, pero explícame una cosa: ¿qué se siente saber que vas a viajar al espacio?

“Una persona civil común como yo, un empresario que no somos científicos, matemáticos, que no trabajamos en la NASA o somos americanos, podemos soñar y lograr ir al espacio”.

Y creo que ahí está precisamente lo extraordinario de su historia. No se trata solamente de que Germán pueda viajar al espacio; se trata de que representa la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que un sueño era imposible pueda volver a creer en él.

Germán me explicó que serán seis pasajeros en la cabina y que el vuelo será suborbital. La cápsula alcanzará la llamada línea de Kármán, ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de altura, que convencionalmente marca el límite del espacio.

—¿Te consideras astronauta?

“No me gusta denominarme astronauta”, me dijo. “Sino viajero espacial”.

Y esa expresión me gustó. Porque quizá Germán entiende que todavía está viviendo el proceso, que está a punto de convertirse en parte de una historia que apenas comienza.

Después vendrán unos minutos de ingravidez, la cápsula iniciará el descenso y finalmente aterrizarán en el desierto de Texas mediante paracaídas.

Yo no pude evitar imaginar la escena y le pregunté:

—O sea, ¿vamos a verte flotando en el espacio?

La respuesta fue sí, aunque con una precisión importante: no dará la vuelta a la Tierra. Precisamente por eso se denomina vuelo suborbital. La cápsula sube, atraviesa la línea de Kármán, los pasajeros experimentan unos minutos de microgravedad y posteriormente regresan a nuestro planeta.

Durante la entrevista le pregunté algo que considero fundamental:

—¿Dónde está el empresariado mexicano? ¿Por qué no estamos soñando en grande?

Germán fue directo: “Nosotros tenemos que soñar, que soñar en grande, que creérnoslas”.

Y agregó una frase que me pareció particularmente mexicana:

“No soñar en el quinto partido, soñar en que podemos ser los campeones del mundo”.

Ahí entendí que su viaje al espacio también tiene una intención simbólica. Quiere que otros mexicanos comprendan que no hay que conformarse con pensar que ciertas cosas solamente pueden ocurrir en otros países.

“México necesita referentes”, me dijo. “Necesitamos gente a quien seguir, necesitamos líderes en los que podamos replicar cosas buenas para poderlas poner en práctica en nuestra vida, para poder crecer como personas, como mejores seres humanos”.

Cuando le pregunté sobre la preparación, me explicó que deberá mantener una buena condición física y mental, además de recibir capacitación especializada en Texas. El lanzamiento alcanzará aproximadamente 3,700 kilómetros por hora y hasta el asiento de la cápsula será adaptado a sus medidas corporales.

Pero entonces le hice una pregunta mucho más personal:

—¿Qué se necesita para cumplir un sueño?

Su respuesta fue sencilla:

“No puedes tener éxito si no hay un sacrificio, si no hay un esfuerzo”.

Y después remató con una frase que bien podría convertirse en una regla de vida:

“A través de esta persistencia, del trabajo constante, del caernos y levantarnos, caernos y levantarnos como podemos lograr nuestros sueños”.

Eso es quizá lo que más me gustó de nuestra conversación. Porque cuando hablamos de viajar al espacio solemos pensar en tecnología, millones de dólares, cohetes y grandes empresas. Pero Germán terminó llevando la conversación a algo mucho más sencillo: trabajo, disciplina y perseverancia.

Hay una experiencia que Germán espera con especial emoción: mirar la Tierra desde el espacio.

Me explicó que cuando uno observa nuestro planeta desde afuera ocurre algo que puede cambiar la perspectiva. Ya no se ven las fronteras. No se ve México, Estados Unidos, Europa o Asia como los conocemos en un mapa. Se ve un solo planeta.

Inevitablemente llegó la pregunta incómoda.

—¿Cuánto cuesta viajar al espacio?

Germán sonrió, pero la respuesta no pudo ser revelada. Blue Origin no le permite hacer pública esa información. Lo que sí dejó claro es que se trata de una experiencia costosa y que conseguir un asiento tampoco es sencillo, pues existen personas de distintas partes del mundo esperando una oportunidad.

Aunque inicialmente el vuelo estaba contemplado para 2026, la misión se encuentra temporalmente pausada debido a las prioridades de Blue Origin relacionadas con sus proyectos lunares. Por ello, todavía tendremos que esperar la fecha definitiva del lanzamiento.

Pero mientras ese día llega, Germán ya comenzó otro viaje: el de convencer a otros mexicanos de que también pueden alcanzar sus sueños.

Y al final de nuestra conversación le pregunté:

—Germán, ¿qué le dirías a un joven que tiene un sueño, pero piensa que es imposible?

“Así como yo puedo soñar y puedo ir al espacio, ¿cuál es tu sueño que tú puedes lograr y que todos podamos celebrar?”

Me quedo con eso.

Porque quizá no todos vamos a viajar al espacio. Pero todos tenemos un lugar al que queremos llegar.

Y mientras Germán Bricio se prepara para cruzar la línea de Kármán, nosotros podemos comenzar por cruzar nuestras propias líneas de miedo, de conformismo y de incredulidad.

Al final, quizá ésa sea la verdadera enseñanza de esta historia: los sueños no siempre mueren; a veces solamente están esperando que volvamos a creer en ellos.

Y sí, querido lector, aquí entre nos… ¿tú ya volviste a creer en el tuyo?

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