El Banco Mundial volvió a ajustar a la baja sus expectativas para la economía mundial, que ahora crecerá apenas 2.3% este año —0.4 puntos menos que lo proyectado en enero—, arrastrada por el aumento de aranceles comerciales y la incertidumbre geopolítica. América Latina seguirá el mismo camino, con un crecimiento estimado de 2.3% en 2025, mientras que México, golpeado por las tensiones comerciales con Estados Unidos, apenas alcanzará un 0.2% de expansión, la cifra más baja de la región.
El organismo advirtió que la economía global enfrenta su década de crecimiento más débil desde los años 60, con riesgos crecientes para el comercio internacional. «Hace seis meses se vislumbraba un aterrizaje suave, pero ahora hay nuevas turbulencias», alertó Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. México es uno de los más afectados: los aranceles del 25% impuestos por EE.UU. a productos fuera del T-MEC han frenado sus exportaciones, de las cuales el 80% dependen del mercado estadounidense.
La situación no es mucho mejor para el resto de Latinoamérica. Brasil, aunque mantendrá un crecimiento del 2.4% en 2025, verá frenado su impulso por un consumo más débil y menor inversión. Argentina, en cambio, destaca con una recuperación del 5.5%, impulsada por el sector agropecuario y las reformas económicas. Mientras tanto, economías como Colombia (2.5%), Chile (2.1%) y Perú (2.9%) avanzarán a ritmos moderados, pero con el lastre de tasas de interés elevadas que limitan el consumo.
El informe señala que el proteccionismo y la caída en los precios de las materias primas afectarán a toda la región, especialmente a los países más dependientes de las exportaciones. Además, las remesas —clave para Centroamérica y el Caribe— podrían reducirse si la economía estadounidense se desacelera, un riesgo latente que pondría en aprietos a naciones donde estos ingresos representan hasta el 20% del PIB.
Aunque el Banco Mundial descarta una recesión global en el corto plazo, el panorama es frágil. Con la inflación aún por encima de los objetivos en varios países y pocas esperanzas de recortes significativos en las tasas de interés, el desafío para la región será mantener la estabilidad sin sacrificar el crecimiento. «Si no se corrige la trayectoria, las consecuencias para los niveles de vida podrían ser profundas», concluyó Gill.
Con información de: El Economista.com