Nota de: Luis Valdovinos
Cuando George Lucas estrenó Star Wars en 1977, no solo revolucionó el cine, sino que también transformó para siempre el mundo de los juguetes. Las primeras 12 figuras de acción producidas por Kenner marcaron el inicio de un fenómeno de coleccionismo que, casi cinco décadas después, sigue más vivo que nunca. Lo que comenzó como un puñado de personajes en estanterías se convirtió en un universo de réplicas, estatuas y objetos de culto, atesorados por generaciones de fans que ven en estas piezas mucho más que simples juguetes.
Para muchos, como Roberto Aguilera, coleccionista y modelista, la pasión por Star Wars comenzó en la infancia y nunca se detuvo. «Soy de la primera generación que vio la película, y desde entonces el coleccionismo ha sido parte de mi vida», relata. Lo mismo ocurrió con otros fans, como Jeshua Revan y Carlos Cano, quienes descubrieron su amor por las figuras gracias a familiares o al simple azar de encontrarlas en un supermercado. Con el tiempo, lo que empezó como un hobby se convirtió en un estilo de vida, e incluso en una fuente de creación de contenido para redes sociales, donde comparten su entusiasmo con una comunidad global.
El mercado de coleccionables ha evolucionado junto con la saga. En los 90, Hasbro tomó las riendas de la licencia y lanzó líneas como Power of the Force y The Vintage Collection, revitalizando el interés por las figuras clásicas. El impacto económico ha sido enorme: en 2005, las ventas de juguetes de Star Wars representaron el 16% de los ingresos anuales de Hasbro, y en 2016, con el estreno de El despertar de la fuerza, las cifras volvieron a dispararse. Sin embargo, el coleccionismo no se trata solo de dinero; para muchos, el valor sentimental supera cualquier precio, ya sea una figura vintage o una réplica reciente encontrada en un tianguis.
Pero no todo es fácil en este mundo. Los revendedores han encarecido el mercado, inflando los precios de figuras recién lanzadas y dificultando el acceso para muchos coleccionistas. Aun así, la comunidad sigue creciendo, unida por una pasión compartida. «No hay niveles en el coleccionismo», afirma Revan. «Lo que cuenta es el amor por la saga». Esta devoción ha mantenido viva la franquicia, impulsando relanzamientos y reediciones que permiten a nuevas generaciones disfrutar de piezas icónicas, mientras los veteranos reviven la nostalgia de su infancia.
El fenómeno trasciende lo material y se ha convertido en una forma de preservar la historia cultural de Star Wars. Museos y exposiciones alrededor del mundo han dedicado espacios a exhibir estas colecciones, reconociendo su valor como artefactos culturales. Las convenciones de fans se han transformado en verdaderos mercados de intercambio donde coleccionistas comparten no solo objetos, sino historias y anécdotas personales vinculadas a cada adquisición.
Al final, el coleccionismo de Star Wars es un reflejo del legado duradero de la saga. Desde las primeras figuras de Kenner hasta las réplicas de alta gama actuales, cada objeto cuenta una historia. Para fans como Aguilera, Revan y Cano, estas piezas son más que plástico y pintura: son fragmentos de una galaxia que sigue inspirando sueños, creatividad y, sobre todo, una comunidad que nunca deja de creer en la fuerza.
Con información de: El Sol de México