Hace 56 años, Cowboy de medianoche irrumpió en Hollywood con una crudeza nunca antes vista. Este drama urbano sobre la soledad y la supervivencia en las calles de Nueva York, protagonizado por Jon Voight y Dustin Hoffman, no solo desafió los estándares de la época, sino que se convirtió en la única película con clasificación X en ganar el Oscar a Mejor Película. Su legado sigue vigente como un hito del cine audaz.
El filme, basado en la novela de James Leo Herlihy, narra la improbable amistad entre Joe Buck (Voight), un gigoló fracasado, y Enrico «Ratso» Rizzo (Hoffman), un estafador enfermizo. Schlesinger buscaba retratar la marginalidad sin concesiones, algo que casi le cuesta el proyecto: productores advirtieron que podría arruinar su carrera. Sin embargo, su enfoque realista y las actuaciones magistrales terminaron por definir el film.
El casting no fue sencillo. Hoffman, recién famoso por El graduado, tuvo que convencer al director de que podía interpretar a un personaje tan opuesto a su rol anterior. Para lograr la cojera de Rizzo, llegó a meterse una piedra en el zapato. Voight, inicialmente descartado por su físico, ganó el papel tras insistencia del equipo, demostrando una mezcla única de vulnerabilidad y fuerza. La química entre ambos elevó la narrativa a niveles inesperados.
La película enfrentó obstáculos más allá del reparto. La MPAA le otorgó la categoría X —asociada entonces al cine pornográfico— por sus escenas de violencia, prostitución y drogas. Pese a las limitaciones de distribución, el estudio usó la polémica como estrategia de marketing, y el público respondió: recaudó US$40 millones contra un presupuesto de US$4 millones. La banda sonora, con Everybody’s Talkin’ de Harry Nilsson, se volvió icónica, aunque casi es reemplazada por presiones comerciales.
En 1970, Cowboy de medianoche hizo historia en los Oscar con tres estatuillas, incluyendo Mejor Director y Mejor Película. Su éxito marcó el inicio del «Nuevo Hollywood», abriendo paso a filmes más arriesgados y complejos. Hoy, preservada por la Biblioteca del Congreso de EE.UU., sigue siendo un recordatorio de que el cine puede desafiar tabúes y, al mismo tiempo, conmover al mundo. Como admitió Schlesinger: «Nadie la haría hoy».
Con nformación de: BBC en Español.com