Sumido en el fondo de su asiento, como si estuviera incrustado, pegado al mismo, Néstor Camarillo Medina vio pasar a unos metros a quien solo unos días antes consideraba como su mentor político de años: Jorge Estefan Chidiac.
Unos aplausos tímidos, casi obligados, acompañaron al rictus de quien se sabe en la orfandad. Este martes 30 de enero fue un día difícil para Néstor y para la historia del PRI.
Fue la primera vez que el expartidazo contó con un solo diputado en el Congreso de Puebla en casi 100 años de existencia. Fue la primera vez que el PRI experimentó lo que es la soledad legislativa.
Una soledad impensable, ácida, tragicómica.
A pesar de que Néstor Camarillo llegó al recinto acompañado de su equipo de trabajo que lo aconsejaba o simplemente avalaba todo lo que hacía, cuando cruzó la puerta del Salón del Pleno del Congreso local sabía que era un hombre solo.
Sus pasos, su figura, su falsa sonrisa eran la imagen de la soledad absoluta.
Con información de: HIPOCRITA LECTOR