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Opinión

Educación y Tecnología | Entrevista con Chat GPT.

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Luis Lach.

*Una muestra de lo que hace Chat gpt.

Luis Lach.

Ventana de chat gpt

Ya la semana pasada les compartí un texto donde hablábamos de lo que ya llegó en inteligencia artifical y que va a revolucionar las prácticas educativas del planeta. No soy ningún experto del tema, pero lo que hatá la educación con Chat gpt y la evolución que este tendrá es brutal. Y vale la pena que lo prueben. Para ello deben ir a la página de Openai y dar clic en el botón chat gpt. De allí los llevará a la siguiente página:

Y ya de allí se redireccionan a Chat gpt, donde le pueden ir haciendo preguntas, las cuáles redactará de forma precisa. Para ello les comparto la pantalla donde le hice las preguntas. Y posteriormente, les transcribo las preguntas, con las respuestas de Chat gpt.

Les comparto las preguntas que le hice a Chat gpt, las respuestas que me dio, y un saludo que mandó a los lectores de esta columna:

Luis Lach: ¿Entiendes español?

«Sí, entiendo español. ¿En qué puedo ayudarte hoy?»

Luis Lach

Luis Lach: Escribo una columna que se llama «Educación y Tecnología», la audiencia es de maestros y personas interesadas en el tema ¿me ayudarías a explicarles qué es chat gpt y en qué puede ayudar a mejorar la educación?

«Claro, con gusto.

ChatGPT es un modelo de lenguaje de gran escala entrenado por OpenAI. Es un sistema de inteligencia artificial que ha sido entrenado en una amplia variedad de tareas lingüísticas, lo que le permite responder a preguntas y generar texto con un alto grado de coherencia y naturalidad.

En cuanto a la educación, ChatGPT puede ser de gran ayuda en varias áreas, tales como:

  1. Evaluación automática de los estudiantes: ChatGPT puede ser utilizado para evaluar las respuestas de los estudiantes y proporcionar retroalimentación en tiempo real.
  2. Tutoría personalizada: ChatGPT puede ayudar a los estudiantes a comprender mejor los conceptos y resolver dudas individuales a través de una interacción en tiempo real.
  3. Generación de materiales de aprendizaje: ChatGPT puede ser utilizado para generar materiales de aprendizaje automáticamente, lo que puede ser útil para los maestros y estudiantes en tiempos de escasez de recursos.
  4. Mejora de la accesibilidad: ChatGPT puede ser utilizado para proporcionar acceso a la educación a personas con discapacidad o en áreas remotas, a través de una interacción en línea.

En resumen, ChatGPT puede ser una herramienta valiosa para mejorar la eficacia y la eficiencia de la educación, y proporcionar un acceso más amplio a la misma.»

Luis Lach

Luis Lach: ¿Y qué riesgos tiene chat gpt para la educación?

«Aunque ChatGPT puede ofrecer muchas ventajas para la educación, también hay algunos riesgos que deben ser considerados:

  1. Bias: ChatGPT es entrenado con datos de internet, lo que puede resultar en la incorporación de prejuicios y desigualdades en sus respuestas.
  2. Confiabilidad: ChatGPT aún no es perfecto y puede proporcionar respuestas incorrectas o confusas, lo que puede llevar a una comprensión errónea de los conceptos.
  3. Reemplazo de los maestros: ChatGPT no puede reemplazar por completo la importancia de un maestro humano en la clase, especialmente en cuanto a la motivación y el desarrollo social de los estudiantes.
  4. Desigualdad de acceso: ChatGPT requiere una conexión a internet y un dispositivo adecuado para ser utilizado, lo que puede resultar en una desigualdad de acceso en áreas remotas o con bajos recursos.

Es importante que se utilice ChatGPT de manera consciente y equilibrada en la educación, y que se tomen medidas para mitigar estos riesgos. Los maestros y educadores deben ser capacitados en su uso para garantizar una aplicación adecuada y efectiva.»

Luis Lach

Luis Lach: ¿Chat gpt generará desempleo en la educación?

«Es difícil predecir con certeza si ChatGPT generará desempleo en la educación, pero es probable que tenga un impacto en algunas áreas.

En ciertos casos, ChatGPT puede automatizar algunas tareas que antes requerían la intervención humana, lo que puede resultar en una reducción de empleo en esas áreas. Sin embargo, también es posible que ChatGPT cree nuevas oportunidades de empleo en áreas relacionadas con la tecnología y la educación.

Es importante destacar que ChatGPT no debe ser visto como una amenaza para los maestros y educadores, sino más bien como una herramienta que puede ayudarles en sus tareas y mejorar la educación en general. Los maestros y educadores deben ser capacitados en su uso para aprovechar al máximo sus ventajas y minimizar sus riesgos.

En resumen, es probable que ChatGPT tenga un impacto en el empleo en la educación, pero la magnitud y la dirección de este impacto aún no están claras. Será necesario monitorear cuidadosamente su evolución y adopción para entender mejor su impacto en el empleo y tomar medidas adecuadas.»

Luis Lach

Luis Lach: Pero en casos donde tanto estudiantes como maestros no tienen suficiente acceso a herramientas tecnológicas, chat gpt puede significar una mayor brecha digital con los más pobres.

«Sí, es cierto. La brecha digital es un problema real y cada vez más importante en todo el mundo. Si bien ChatGPT puede ofrecer muchas ventajas para la educación, también puede agravar la brecha digital si los estudiantes y maestros no tienen acceso a herramientas tecnológicas adecuadas.

Es necesario que se tomen medidas para garantizar que todos los estudiantes y maestros tengan acceso a herramientas tecnológicas y a Internet para aprovechar al máximo las ventajas de ChatGPT y reducir la brecha digital. Esto puede incluir iniciativas gubernamentales, de la industria y de la sociedad civil para brindar acceso a la tecnología y la capacitación en su uso a aquellos que más lo necesitan.

Es importante que se aborde esta cuestión de manera seria y sistemática, ya que la brecha digital puede tener consecuencias negativas en la vida de las personas y en la sociedad en su conjunto. La educación y la tecnología deben ser vistas como un derecho para todos y no como un privilegio para unos pocos.»

Luis Lach

Luis Lach: Manda un saludo a los lectores de mi columna «Educación y Tecnología» en Revista Puebla

«Saludos cordiales a los lectores de la columna «Educación y Tecnología» en Revista Puebla. Espero que estén interesados en el uso de la tecnología en la educación y que encuentren este tema fascinante y útil. Si tienen alguna pregunta o comentario sobre ChatGPT o cualquier otro tema relacionado con la tecnología y la educación, estoy aquí para ayudar. ¡Gracias por leer!»

¡Fascinante!, ¡atemorizante!, ¡emocionante!

Lo cierto, es que no nos va a pedir permiso esta herramienta para entrar a la educación. Le va a pasar por encima y tenemos que buscar las formas, no para domar a esta herramienta, sino para adaptarnos al cambio que viene. 

Para finalizar les quiero compartir mis reflexiones sobre un par de temas abordados en dos sendas entrevistas: Una a Satya Nadella, CEO de Microsoft. Y la otra a Sam Altman, CEO de OpenAI, donde reside Chat gpt. No voy a hablar de las dos entrevistas completas, pero vale mucho la pena que se asomen a Youtube y las vean. Entre otras cosas, lo que descubro es que ya hay un acuerdo entre Microsoft y OpenAI, que me imagino que debe ser de compra de la plataforma, aunque no me quedó del todo claro si en este punto es sólo una asociación. Lo cierto es que la compañía que entonces se rezaga en esto es Google, quien no ha sacado al mercado una herramienta similar a Chat gpt, aunque en palabras de Altman, los buscadores de Google seguirán siendo imprescindibles. 

El otro tema, es cuando refiere Nadella cómo en el gobierno de la India, han logrado que todos los trámites electrónicos del país se hagan con herramientas de inteligencia artificial creadas para dar respuestas en cualquier lengua hablada en ese enorme paísy cómo se sorprendía de que una persona del área rural de India, podía ya hacer sus trámites, no importando qué lengua habla. Lo que no explica Nadella es si esa persona tiene acceso adecuado a un dispositivo, a internet, etcétera. Esto se complementa paralelamente con una pregunta que le hacen en la otra entrevista a Sam Altman, quien da alguna idea del modelo de negocios de Chat gpt, que por supuesto, tendrá una versión de prueba gratuita, y la de paga. Y que el objetivo es que esta tecnología se democratice. Pero lo que Altman entiende por democratización es simplemente que los precios bajen, y eso no es más que una ley económica donde conforme el volumen de uso aumente, los precios bajarán. Eso sucedió hace ya varios años (alrededor de 15), cuando buscaban que hubiera una computadora de $100 USD para niños, cuestión que tardó décadas en darse y que aún hoy, no es común encontrar equipos de ese rango de precio. Me imagino que Altman piensa  que conforme la mano invisible de la que hablaba Adam Smith vaya beneficiando a todos los actores económicos alrededor de la tecnología, llegará un día en que….¡pum!…ya nos democratizamos toditos. Y eso no veo que haya sucedido con la tecnología en la educación, ni tenga visos de suceder. Es más, las nuevas tecnologías van recrudeciendo las diferencias sociales. Una persona en condición de pobreza, un docente en una escuela sin recursos, lo que va a tender a reproducir, es la pobreza. Y eso no es responsabilidad sólo de que los gobiernos inviertan, como me lo recomienda Chat gpt (que también habla de los sesgos de la herramienta), sino también de las empresas que se hacen espectacularmente millonarias con estos desarrollos. Porque de no hacer algo a este respecto, comenzarán a crecer las voces en los centros de poder del planeta, que simplemente digan, «lo que pasa es que sobra gente en el planeta». Obviamente pensando que los que sobran tienen piel oscurita y son de países pobres. Esto es, lo que acabo de comentar que es sólo una especulación de lo que pueden andar pensando por allí algunos WASP (white anglo-saxon people), nos alerta de un tema que nos debe preocupar a los que estamos en este medio. El acceso, la conectividad, la capacitación, los modelos educativos son fundamentales para evitar las brechas de pobreza que la tecnología trae consigo. Pero no es razón para pensar que esta, la tecnología-, deba ser limitada. Al contrario, es un hecho histórico la aparición de las TIC, pero debemos impulsar modelos de apropiación donde la democratización no signifique solamente que se abarató un producto, sino que todos los seres humanos tengamos acceso a ella no importando su costo, sino importando que estemos ante un Derecho Humano fundamental y donde hay una responsabilidad compartida entre gobiernos de países, que en ocasiones tienen que buscar cómo sobrevivir en temas muy básicos, y empresas que hoy por hoy han sido enormemente beneficiadas, y que la pandemia les dio un buen empujoncito muy favorable a sus finanzas.

Que tengan una estupenda semana.

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Correo: luislach@drafconsultores.com

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Educación

Jíkuri: viaje al país de los Tarahumaras

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que cuentan una historia, y hay otras que, sin pedir permiso, nos meten en un sueño. Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras, de Federico Cecchetti, pertenece a estas últimas. Es una película que no solamente habla de Antonin Artaud, de los rarámuris o del jícuri; habla del encuentro entre dos mundos, de la búsqueda espiritual y de esos caminos misteriosos que, a veces, terminan por llevarnos hasta nosotros mismos.

Para entender qué había detrás de esta propuesta cinematográfica, platiqué con su director, Federico Cecchetti, y debo decir que nuestra conversación fue también un viaje: primero hasta la Francia de Artaud, después hasta la Sierra Tarahumara y, finalmente, hasta esa frontera donde los sueños, el ritual, la poesía y el cine parecen convertirse en una sola cosa.

Federico me confesó que la historia de Artaud llevaba mucho tiempo rondándole la cabeza. “Era una historia que ya tenía mucho tiempo esperando para pasar al cine”, me dijo. Y no es para menos. El viaje que Antonin Artaud realizó a la Sierra Tarahumara en 1936 es casi una leyenda. El poeta, dramaturgo y teórico del teatro francés llegó fascinado por los rituales rarámuris y por el jícuri, como se conoce al peyote dentro de esta cosmovisión.

Pero Federico encontró en aquella historia mucho más que un episodio biográfico. “Cuando me enteré de esta historia pensé que era una película con muchos ingredientes: chamanismo, las culturas de México, el arte, el surrealismo, los sueños, la poesía… se involucra todo lo que a mí me interesa”. Y ahí entendí que Jíkuri no pretende ser una biografía convencional de Artaud. Es, más bien, un viaje interior.

La película está construida en dos tiempos: la Sierra Tarahumara y Francia, donde Artaud termina internado en un hospital psiquiátrico. Federico encontró esa estructura en el propio libro De un viaje al país de los tarahumaras. “Son dos personas diferentes, entonces me pareció importante seguir la estructura del libro”, me explicó.

La primera parte fue filmada en la Sierra Tarahumara, un territorio que en pantalla adquiere una fuerza casi hipnótica. Pero Cecchetti no llegó simplemente como un visitante que pretendía colocar una cámara frente a un paisaje espectacular. Se dedicó a investigar, a convivir y, sobre todo, a escuchar.

Ahí apareció una figura fundamental: don Felipe Fuentes, sipáame de Carichí, quien ayudó al director a acercarse a la cultura rarámuri. “Don Felipe me dio su apoyo y empecé a elaborar el guion”, recordó Federico.

Y entonces ocurrió algo muy interesante: Cecchetti decidió no ilustrar literalmente los textos de Artaud, sino crear una historia propia a partir de sus ideas. “Es una interpretación muy libre del texto de Artaud. A los ensayos les inventé una narrativa y unos personajes que no están en el libro”.

Y quizá ahí está una de las mayores virtudes de la película: no intenta reconstruir el pasado como una fotografía, sino interpretarlo como un sueño.

Pero si hay algo que hace especial a Jíkuri, es el encuentro entre Artaud y Rayénari, un corredor rarámuri interpretado por José Cruz Apachoachi.

Rayénari busca convertirse en el mejor corredor, pero la llegada del poeta francés cambia completamente su destino. Y aquí aparece uno de los elementos que más me llamó la atención: el encuentro entre ambos personajes parece estar escrito por el destino.

De hecho, Federico me contó que conoció a José Cruz de una manera que parece sacada de la propia película. “Lo vi de casualidad por una calle en Guachochi, él me saludó y platicamos, yo le dije: ‘Eres Rayénari’”.

Pasaron dos años antes de que volvieran a encontrarse para el casting. Y José terminó convirtiéndose en el protagonista.

No pude evitar preguntarle a Federico si aquella coincidencia tenía algo que ver con la propia película. Y, de alguna manera, sí. Porque Jíkuri habla precisamente de esos encuentros que parecen imposibles, de los sueños que conectan a las personas y de los caminos que se cruzan cuando uno menos lo espera.

Hay otra pieza fundamental para entender esta película: Antonin Artaud no era solamente un poeta. Fue un revolucionario del teatro.

Federico estudió profundamente sus ideas, particularmente El teatro y su doble, donde Artaud planteaba que el teatro debía recuperar algo de su esencia ritual. “Para Artaud el teatro era un regreso a las fuerzas primitivas, a estos poderes de la naturaleza”.

Y eso se refleja en la pantalla. No estamos ante una puesta en escena tradicional. Jíkuri tiene momentos que parecen más cercanos a una experiencia sensorial que a una narración convencional.

El propio director lo reconoce: “Él abogaba por la expresividad, más que por el realismo”. Y agrega: “Me llevó a crear una película que tiene un toque bastante experimental”.

Quizá por eso hay momentos en los que uno siente que no está viendo la Sierra Tarahumara, sino entrando en ella; como si la cámara dejara de ser una simple herramienta cinematográfica para convertirse en una especie de puerta.

Hay una idea que podría resumir buena parte de esta película: los sueños también pueden ser caminos.

Federico me explicó que los rarámuris tienen una relación particular con el ritual y que su experiencia espiritual no puede reducirse simplemente al consumo del peyote. “La experiencia rarámuri se basa más en el trance por la danza, el canto y la invocación al espíritu del Ciguli, más que por el consumo de la planta”.

Esto resulta fundamental para acercarse a la película con respeto. No se trata de presentar una cultura desde el exotismo, sino de intentar comprender una cosmovisión.

Y aquí aparece nuevamente Artaud: un francés que llegó a México buscando algo que Europa, según él, había perdido.

Quizá eso sea lo que más me interesa de Jíkuri: que mientras Artaud buscaba respuestas en la Tarahumara, la película nos obliga a preguntarnos qué buscamos nosotros cuando nos acercamos a una cultura diferente, a un ritual, a un paisaje desconocido o incluso a nosotros mismos.

Le pregunté a Federico algo que me parecía inevitable: si, en cierta forma, Artaud podía ser también un alter ego suyo.

Después de todo, el director ya había explorado la cultura wixárika en El sueño del Mara’akame. Y ahora regresaba al mundo indígena para encontrarse con los rarámuris.

Su respuesta fue contundente: “Yo me sentí muy identificado con la búsqueda de Artaud”.

Después me dijo algo que, quizá, explica por completo por qué decidió hacer esta película: “Al leerlo pensé que teníamos muchos intereses en común, y que lo que yo había hecho en la sierra huichol, Artaud lo había hecho en la tarahumara”.

Porque detrás de la historia de un poeta francés que llega a la Sierra Tarahumara existe una pregunta mucho más grande: ¿qué estamos buscando cuando viajamos hacia una cultura, hacia un ritual o incluso hacia nosotros mismos?

Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras cuenta la historia de Antonin Artaud y Rayénari, pero también plantea una reflexión sobre la identidad, la espiritualidad, la memoria y el poder de los sueños.

La cinta está protagonizada por François Négret, como Antonin Artaud, y José Cruz Apachoachi, como Rayénari. La película ha recorrido importantes festivales nacionales e internacionales y ha cosechado reconocimientos, entre ellos Mejor Largometraje y Mejor Dirección en Oculto Film Festival, además de premios y selecciones en encuentros como Transmutación Festival de Cine Contemporáneo y Feratum.

Pero quizá el mejor reconocimiento sea otro: que una historia escrita hace casi un siglo por un poeta francés siga provocando preguntas en el México de hoy.

Federico Cecchetti tomó las palabras de Artaud, las llevó a la Sierra Tarahumara y las convirtió en imágenes. Y después de conversar con él, me quedó una sensación difícil de quitarse de encima.

Tal vez Artaud no fue a la Tarahumara solamente para conocer a los rarámuris.

Tal vez fue a buscar aquello que sentía que había perdido.

Y casi cien años después, Federico Cecchetti emprendió un viaje parecido.

Solo que esta vez llevó una cámara.

Porque hay viajes que se hacen con los pies… y otros que se hacen con el alma.

Estrena el 17 de septiembre en cines.

¿YA ESCUCHARON A MISCELANEA EL TRIUNFO?

Miscelánea el Triunfo es un proyecto musical de LoFi/Dark Fantasy hecho por Gonzalo Díaz y Esdras Garcés, dos ex compañeros de prepa. El proyecto nace en marzo de 2026, después de un encuentro casual en el OXXO, donde intercambian números. Meses después se reúnen para echar el palomazo y ver qué sale.

La música de Miscelánea busca explorar elementos cotidianos de la vida en México: una tienda de la esquina, una bolsa para hacer el mandado, los productos que consumimos a diario y las expresiones que usamos de manera natural para interactuar y comunicarnos, combinados con sonidos suaves de guitarra, grooves rítmicos y pegajosos de bajo, una batería de Hip-Hop y juguetes e instrumentos diversos, como muñecos que hablan y sintetizadores viejos.

La estética del proyecto se explica de manera divertida en la portada de su primer álbum, titulado: Sucursal #1, donde se usa esa bolsa que nos ha servido a todos para comprar desde las tortillas hasta una caguama bien helodia.

Al momento, Miscelánea el Triunfo se encuentra trabajando en su segundo material, el cual saldrá el 11 de septiembre de este 2026

El proyecto se compone de elementos sencillos que se encuentran en cualquier canción de LoFi: guitarras, un bajo, batería, sintetizadores viejos, algunos juguetes musicales y samples de estos mismos juguetes.

Basada en progresiones de acordes de guitarra procesada con pedales que la hacen sonar lejana y tranquila, como en un sueño, con la intención de generar emociones como nostalgia, felicidad y calma, acompañado de un groove rítmico y pegajoso de bajo.

Además, en algún momento se comparten algunos pensamientos utilizando recursos de spoken word.

¡Tienen que escucharlos!

Busquen su música no se arrepentirán Link de la música en plataformas:

https://miscelaneaeltriunfo.carrd.co

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¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

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Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

Ana Serradilla y Daniel Haddad hablan de la puesta en escena «El método Grönholm»

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El método Grönholm es una obra de teatro de comedia y crítica social escrita por el dramaturgo español Jordi Galceran.

La historia se desarrolla durante un proceso de selección para conseguir un importante puesto ejecutivo. Varios candidatos llegan a una empresa pensando que tendrán una entrevista de trabajo, pero pronto descubren que serán sometidos a una serie de pruebas psicológicas, juegos de manipulación, dilemas éticos y estrategias para enfrentarlos entre sí.

La ambición, la competitividad y las contradicciones del mundo corporativo serán llevadas al extremo en «Método Grönholm», la célebre comedia del dramaturgo catalán Jordi Galceran bajo la dirección de Rodrigo Nava y la producción de Retro Casa Productora, esta nueva puesta en escena reunirá a Ana SerradillaErick ElíasÁlex de la MadridDiego KleinDaniel Haddad y Tato Alexander.

Considerada una de las comedias contemporáneas más exitosas del teatro internacional, Método Grönholm combina humor, tensión y una aguda observación de las relaciones humanas para retratar las dinámicas de poder dentro del entorno laboral.
 
La historia se desarrolla en la sala de juntas de una prestigiosa empresa multinacional. Cuatro candidatos han sido convocados para la fase final de selección de un puesto ejecutivo altamente codiciado. Lo que parece una entrevista convencional pronto se transforma en un proceso tan absurdo como despiadado, donde los participantes deberán evaluarse, cuestionarse y eliminarse entre sí para avanzar.
 
A medida que las pruebas psicológicas se vuelven más complejas, salen a la luz secretos, inseguridades y estrategias de supervivencia profesional que revelan hasta dónde está dispuesto a llegar cada uno para conseguir el trabajo de sus sueños.
 
Aunque la competencia es feroz, el humor es el gran motor de la obra. Entre situaciones disparatadas, enfrentamientos inesperados y diálogos afilados, el público encontrará una divertida radiografía de la vida laboral contemporánea. Quienes han pasado por una entrevista de trabajo, una oficina, una junta interminable o un ambiente corporativo competitivo se reconocerán inevitablemente en muchas de las situaciones que plantea la historia. Las risas surgen precisamente de esa identificación con las reglas no escritas del mundo empresarial y las absurdas exigencias que muchas veces acompañan la búsqueda del éxito profesional.
 
Desde su estreno original en 2003, Método Grönholm se ha convertido en un fenómeno teatral internacional, presentándose con enorme éxito en múltiples países y consolidándose como una de las obras más representadas de la dramaturgia contemporánea en español.
 
Al frente de esta nueva producción se encuentra Rodrigo Nava, director con más de 18 años de trayectoria que se ha consolidado como una figura relevante dentro de la escena audiovisual mexicana. Su trabajo abarca publicidad, teatro y cine, destacando proyectos como Enfermos de amorPrueba perfectaFinalandia y su debut cinematográfico Enfermo amor, caracterizado por una mirada fresca, dinámica y cercana al público.
 
Con una mezcla perfecta de comedia, suspenso y crítica social, Método Grönholm invita a reflexionar —y reír— sobre los límites de la ambición, la ética profesional y las decisiones que tomamos cuando creemos que hay mucho que ganar y aún más que perder.
 

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Educación

Palestina Tiene Nombre de Mujer

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

¿Qué nombre tiene Palestina cuando dejamos de verla únicamente en los titulares de guerra?

La pregunta incomoda porque nos obliga a mirar más allá de las cifras, los mapas y las imágenes de destrucción. Nos obliga a recordar que Palestina no es solamente un territorio disputado, una frontera vigilada o una palabra repetida en los noticiarios. Palestina también tiene rostros, voces, canciones, bordados, comidas, niñas que juegan y madres que siguen levantándose cada mañana, incluso cuando el mundo parece empeñado en negarles el futuro.

No se trata de una metáfora decorativa. En Palestina tiene nombre de mujer, el artista y fundador de Payasos en Rebeldía reúne poesía, ilustraciones y memoria para homenajear a las mujeres palestinas que sostienen la vida en medio de la violencia. El libro nace de una herida, pero no se queda en ella. Nace del dolor y busca transformarlo en color, en luz y en una posibilidad de encuentro.

“Es un libro que nace de la necesidad de curarnos por dentro”, confiesa Iván. Y en esa frase está quizá la clave de todo el proyecto: hay dolores que no desaparecen cuando se cuentan, pero pueden dejar de ser silenciosos. Pueden convertirse en palabra, imagen, gesto, abrazo. Pueden encontrar una forma de resistir.

Platique con Iván Prado quién conoce esos lugares donde la humanidad parece jugarse su futuro. Ha trabajado en favelas de Brasil, campamentos de refugiados en el Sahara, comunidades indígenas de Chiapas y campos de refugiados palestinos. Allí lleva un traje de payaso, una nariz roja y una convicción que podría parecer ingenua para quienes observan la guerra desde la distancia: la risa también puede ser una forma de resistencia.

Pero él no habla de la risa como evasión. No se trata de olvidar la tragedia ni de fingir que las bombas no existen. Se trata de abrir, aunque sea por unos minutos, una ventana distinta.

“Cuando llega el payaso, se abre una ventana de alegría, una ventana de multicolores, como si se prendiese un arcoíris en ese instante”, explica. Y entonces los corazones —dice— se ponen a danzar.

La imagen parece imposible: una función de circo en un lugar donde las personas no saben si estarán vivas al día siguiente, si tendrán comida en el plato o si un ejército entrará durante la noche en sus casas. Sin embargo, es precisamente allí donde el arte adquiere una urgencia que no siempre comprendemos desde la comodidad.

En esos sitios, la risa no es un lujo. Es un antídoto.

“Contra el miedo aparece el amor; contra el pesimismo, la alegría; contra el dolor, la risa”, afirma Iván. No es una frase vacía. La pronuncia alguien que ha actuado bajo las bombas, que ha tenido que escapar de tanques y que ha visto a niños correr detrás de un payaso mientras los drones sobrevuelan el cielo.

Cuando le preguntan qué imagen le viene a la mente al escuchar la palabra Palestina, Iván no responde con una ciudad ni con una fecha. Recuerda a una niña rubia, de seis o siete años, frente al puente de Qalandia. Al fondo se escuchaban helicópteros, aviones y bombas. Después de la función, la niña no quería separarse de él.

A través de un traductor, Iván le preguntó si creía que algún día su país sería libre.

La niña abrió los ojos y respondió que sí.

Un sí profundo, rotundo, capaz —según recuerda— de apagar por un instante los sonidos de la guerra.

Hay respuestas que no necesitan explicación. Esa niña no ofreció un análisis político ni una consigna. Dio algo más difícil: una certeza. La certeza de quien, aun rodeada de miedo, se niega a entregar el futuro.

Palestina tiene nombre de mujer nació después de un viaje realizado en 2018. Iván cuenta que una compañera ilustradora, Irene Serrano, lo acompañó a un festival en Palestina. Al regresar, ella volvió profundamente afectada por la historia de una madre que había perdido a su hijo mientras jugaba con canicas en el campo de refugiados de Aida, donde Payasos en Rebeldía mantiene una pequeña escuela de circo.

Frente a ese dolor, Iván le propuso una transformación: “alquimizarlo”, convertirlo en color y luz.

El resultado es un libro que mira a Palestina a través de sus mujeres. Mujeres que preparan la comida y mantienen unida a la familia. Mujeres que bordan y conservan la memoria. Mujeres que buscan una patria entre alambradas. Niñas de Gaza que sueñan con unas olimpiadas y entrenan natación sincronizada en piscinas sin agua. Mujeres que desafían a los militares, que hacen huelgas de hambre y que esperan a sus hijos detenidos.

Entre esas figuras aparece Ahed Tamimi, quien siendo adolescente se enfrentó a soldados con el puño en alto y el cuerpo descubierto, convirtiéndose en una referencia internacional de la lucha por los derechos humanos. También está Dareen Tatour, poeta palestina encarcelada por sus palabras, por escribir y publicar versos en los que llamaba a resistir.

Palestina, entonces, no tiene un solo nombre. Tiene el nombre de cada mujer que conserva una llave, un vestido, una receta, una canción o una historia familiar. Tiene el nombre de la madre que espera. De la niña que corre. De la joven que levanta el puño. De la poeta que escribe desde la prisión.

Entre las metáforas que aparecen en el libro está la llave. Las familias palestinas conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsadas en 1948. Las guardan como quien guarda una promesa: algún día volverán a abrir esas puertas, volverán a sus tierras y volverán a cultivar sus olivos.

La llave no abre únicamente una casa. Abre la memoria. Es una forma de decir: estuvimos ahí, pertenecemos a ese lugar, nuestra historia no comienza con la guerra ni termina con el despojo.

En el libro, la palabra se encuentra con las ilustraciones de Irene Serrano. Ella, explica Iván, suele pintar mujeres y trabaja con una sensibilidad especial hacia los azules y los colores. En esta obra buscó retratar ese color que también existe en Palestina: un color que no niega la oscuridad, pero que se resiste a quedar atrapado en ella.

Iván recuerda una función en una comunidad rural de Cisjordania. El equipo llegó cuatro horas tarde porque los caminos estaban bloqueados por puestos de control y tuvieron que buscar rutas alternas entre montes y carreteras destruidas. Cuando llegaron a la plaza, no había nadie.

Entonces un niño vio a los payasos a lo lejos. Diez minutos después, una multitud de niñas y niños corría cuesta arriba para presenciar la función.

No hacía falta una campaña de difusión. Bastaba con que apareciera algo de color en medio del miedo.

Al terminar, una mujer llamada Esperanza le contó las agresiones que sufrían las familias de la comunidad, la ocupación de sus casas y la violencia cotidiana. Iván le dijo que le sorprendía que la gente hubiera acudido después de esperar tanto tiempo.

Ella le respondió, en esencia, que ante el miedo y el terror también era necesario correr hacia aquello que ofrecía alegría.

En otra ocasión, en un campo de refugiados entre Grecia y Macedonia, el suelo era un mar de lodo. Miles de personas hacían fila durante horas para recibir un bocadillo. No podían realizar una función tradicional porque los niños podían perderse y no había un espacio seco donde sentarse.

Así que actuaron dentro de las tiendas de campaña. Entre madres que bañaban a sus bebés con botellas de agua, los payasos metían la cabeza en las pequeñas carpas y hacían unas cuantas bromas. En ese lugar, un niño sirio llamado Mohammed le regaló sus tenis blancos.

Iván estaba descalzo porque muchos niños del campo caminaban sin zapatos. El gesto de Mohammed lo conmovió. Pero, fiel a la lógica del payaso, convirtió el calzado en un teléfono y comenzó a hablar con su madre. El niño murió de risa.

La escena puede parecer mínima, pero no lo es. El niño no recuperó su casa ni dejó de ser refugiado. La guerra no terminó. Sin embargo, durante unos segundos, Mohammed pudo ofrecer algo en lugar de recibirlo. Pudo regalar. Pudo jugar. Pudo reír.

En una de las experiencias que Iván considera fundacionales, el equipo llegó a un campo de refugiados en Gaza. Mientras se preparaban en un cuarto de escobas de una escuela de Naciones Unidas, comenzaron los bombardeos.

Los niños y las niñas se pusieron de pie y empezaron a cantar. Querían que los payasos salieran. Para ellos, vivir bajo las bombas era la cotidianidad; lo extraordinario era asistir a un espectáculo.

Fue entonces cuando Iván comprendió que la alegría podía ser un escudo frente a la tragedia.

No un escudo que detuviera los misiles, sino uno que protegiera algo más profundo: la capacidad de imaginar otra vida.

Por eso el libro no sólo habla de Palestina. También nos habla de nosotros. De nuestra manera de mirar el sufrimiento ajeno. De esa frase cómoda que dice: “mientras a mí no me pase”. De la distancia que convierte una tragedia en una noticia más, hasta que un rostro, una niña o una madre consiguen atravesarla.

Iván insiste en que somos un tejido humano. Cuando alguien sufre, la membrana se encoge; cuando alguien ríe, se ilumina y se amplía. No somos tan independientes como nos gusta pensar. La desaparición, el desplazamiento, la violencia y el hambre no son problemas que ocurren únicamente “allá”, porque la indiferencia también construye un mundo que mañana puede tocarnos.

Pero la solidaridad no tiene que comenzar con grandes discursos. Puede empezar con una palabra amable, una sonrisa, un abrazo, una mano tendida. Puede comenzar leyendo un libro que nos obliga a mirar de nuevo.

“Ríamonos del poderoso, de lo que está mal, de la dictadura, de lo que nos intentan imponer”, propone Iván. Reírse, en su visión, no significa burlarse del dolor de las víctimas. Significa quitarle solemnidad al poder, desobedecer el miedo y recuperar la libertad de imaginar.

Palestina tiene nombre de mujer es, en ese sentido, un acto de memoria y de esperanza. Un libro que no pretende hablar por las mujeres palestinas, sino honrarlas; que no busca convertir la tragedia en espectáculo, sino devolverle humanidad a quienes suelen aparecer reducidos a cifras.

Porque hay historias que no caben en un titular. Hay nombres que no aparecen en los mapas. Hay mujeres que sobreviven mientras el mundo discute fronteras.

Y quizá por eso Palestina tiene nombre de mujer.

Tiene el nombre de la madre que guarda una llave. De la poeta que escribe entre candados. De la niña que responde que sí cuando le preguntan si algún día su país será libre. Tiene el nombre de todas las que, aun en medio de la guerra, siguen sembrando, cocinando, bordando, cantando, pariendo y riendo.

Iván Prado sólo puso el oído, el cuerpo y la nariz roja para escuchar esa respuesta.

Lo demás lo hicieron ellas.

Compren el libro ya que absolutamente todos los recursos son destinados para Palestina.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

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Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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