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El legado de Pepe Mujica, el jefe de Estado más humilde del mundo

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El mundo despide a José «Pepe» Mujica, el expresidente uruguayo que trascendió las fronteras de su país para convertirse en un referente ético global. Fallecido el 13 de mayo de 2025 a los 89 años, Mujica deja un legado único en la política continental: el de un hombre que vivió con la misma austeridad que predicaba y que supo transformar su pasado guerrillero en una vocación de diálogo y construcción democrática.

Su vida fue un reflejo de las contradicciones y aprendizajes de América Latina. Militante tupamaro en su juventud, sobrevivió a seis heridas de bala, cuatro encarcelamientos y más de una década de prisión en condiciones inhumanas durante la dictadura uruguaya. Sin embargo, al recuperar la libertad en 1985, eligió el camino de la política institucional, fundando el Movimiento de Participación Popular y escalando desde senador hasta la presidencia de su país en 2010.

Como mandatario, Mujica rompió todos los moldes. Rechazó la residencia presidencial para seguir viviendo en su humilde casa rural, donó el 90% de su salario a causas sociales y gobernó con un estilo cercano que desafiaba los protocolos tradicionales del poder. Bajo su mandato, Uruguay aprobó leyes pioneras como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación del mercado de marihuana, al tiempo que redujo la pobreza del 30% al 10% y diversificó su matriz energética.

Más allá de las políticas concretas, su mayor contribución fue moral. Mujica encarnó un socialismo humanista, alejado tanto del dogmatismo marxista como de los excesos del capitalismo. «No soy pobre, soy sobrio. Pobre es el que necesita mucho», solía decir, criticando el consumismo desenfrenado pero reconociendo los avances tecnológicos del mercado. Esta postura le valió respeto transversal, desde la izquierda de Gabriel Boric hasta la derecha de Sebastián Piñera, aunque mantuvo una relación tensa con los Kirchner.

Su coherencia vital lo convirtió en un símbolo en tiempos de crisis de credibilidad política. Desde su apoyo al proceso de paz en Colombia hasta su memorable discurso ante la ONU en 2013, donde cuestionó el modelo económico global, Mujica demostró que otra forma de hacer política era posible. Ateo pero espiritual, guerrillero arrepentido pero firme defensor de la democracia, dejó el ejemplo raro de un líder que nunca traicionó sus principios pero supo evolucionar con los tiempos. América Latina pierde a uno de sus últimos referentes éticos.

Con información de: El Economista.com

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