En un hecho sin precedentes, 124 países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptaron por unanimidad el primer Acuerdo de Pandemias, un tratado internacional diseñado para fortalecer la respuesta global ante futuras crisis sanitarias. El pacto, aprobado durante la 78ª Asamblea Mundial de la Salud, busca corregir las fallas expuestas durante la pandemia de COVID-19, garantizando una cooperación más justa y eficiente entre naciones. Según la OMS, el acuerdo establece mecanismos clave para mejorar la prevención, preparación y distribución equitativa de vacunas, tratamientos y diagnósticos en caso de una nueva emergencia.
Uno de los pilares del tratado es la creación del Sistema de Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios (PABS), que obliga a los países a compartir muestras y datos genéticos de virus con potencial pandémico a cambio de acceso garantizado a medicamentos y tecnologías médicas. Además, se reforzará la Red Global de Logística y Suministros para evitar el acaparamiento de insumos y asegurar su distribución rápida y equitativa. El documento también exige mejores condiciones laborales para el personal sanitario y promueve la transferencia de tecnología entre países para acelerar el desarrollo de vacunas.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó el acuerdo como un «triunfo para la salud pública y el multilateralismo», destacando que el mundo estará mejor preparado para evitar los errores que dejaron millones de muertes y crisis económicas durante el COVID-19. «Nuestras sociedades no pueden volver a sufrir pérdidas como las de 2020», afirmó. El tratado, resultado de tres años de negociaciones, fue respaldado masivamente, con solo 11 abstenciones —entre ellas Rusia, Irán e Italia— y ningún voto en contra.
Sin embargo, el acuerdo enfrenta desafíos: Estados Unidos no está sujeto al pacto debido a su retirada de la OMS en 2020, bajo el gobierno de Donald Trump, aunque podría reintegrarse en el futuro. Además, aunque el tratado es jurídicamente vinculante, su entrada en vigor no será inmediata y dependerá de la ratificación de cada país. Algunas naciones, como Israel y Polonia, mostraron reservas al abstenerse, lo que refleja tensiones políticas en torno a la soberanía sanitaria y la distribución de recursos.
Con este acuerdo, la comunidad internacional da un paso histórico hacia un sistema de salud global más resiliente, pero su éxito dependerá de la voluntad política y la capacidad de los países para traducir estos compromisos en acciones concretas. Mientras el mundo sigue recuperándose del COVID-19, el mensaje es claro: la próxima pandemia no debe encontrarnos desprevenidos.
Con información de: Wired.com