Opinión

«No solo de pan vive el hombre» El comentario de: Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

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I Domingo de Cuaresma, ciclo C

 No solo de pan vive el hombre (cf. Lc 4,1-13)

+Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

Hemos comenzado la Cuaresma, gran oportunidad para reencontrarnos con Dios y escucharlo, reencontrarnos con nosotros mismos y escucharnos, y reencontrarnos con los demás y escucharlos, y así distinguir juntos el camino que debemos seguir para salir adelante y ser eternamente felices.

Pero este camino no es fácil. Porque el demonio siempre pone obstáculos. No soporta que alguien tenga lo que él ha perdido. Por eso intenta alejarnos de Dios. Lo hace con engaños, mostrándonos fragmentos aislados de la realidad para que, deslumbrados, hagamos de una parte del todo un falso todo, y nos quedemos con lo inmediato.

Procura que solo nos fijemos en nuestro cuerpo, para que, olvidando que también somos seres espirituales y sociales, creamos que el único objetivo en la vida es satisfacer nuestras necesidades físicas y sexuales, aunque para eso haya que usar a los demás, como si fueran objeto de placer, de producción o de consumo.

Nos deslumbra con los adelantos materiales y el éxito inmediato, y, sin dejarnos ver lo demás, nos hace creer que lo único que cuenta es lograr lo que nos propongamos, siguiendo su estilo: ser “prácticos” y no pensar si es bueno o malo, sino hacer lo que sea con tal de avanzar materialmente, tener dinero, cosas y poder sobre los demás.

Exacerba nuestro deseo de sentirnos aceptados, para que, sin mirar más allá, hagamos lo que sea con tal de ser populares: exponernos en las redes sociales, someternos a las exigencias de la moda, entrarle a toda clase de retos, y arriesgarlo todo, la salud, la dignidad y la vida, y hasta usar a Dios. Porque, como advierte san Ambrosio, a veces el demonio trata de enredarnos interpretando a su modo la Palabra de Dios[1].

Así consigue dañarnos. Porque luego de salir disparados en todas direcciones mordiendo el anzuelo de los placeres, de las cosas, del poder y de la popularidad, descubrimos que todo es pasajero. Entonces terminamos solos, vacíos, cansados, sinsentido, decepcionados y fracasados por haber tomado decisiones sin medir las consecuencias, perjudicándonos a nosotros mismos, a la familia y a los que nos rodean.

Pero Dios, que nos ha creado y nos ama, nos cuida[2]. Por eso, así como liberó al pueblo de Israel de la esclavitud y lo condujo a una tierra buena[3], nos libera del pecado y nos ayuda a salir adelante, hasta llegar a él, en quien somos por siempre dichosos. Para eso se hizo uno de nosotros en Jesús, que nos enseña cómo superar los obstáculos y llegar a la meta: dejándonos iluminar por la Palabra de Dios.

Para saltar las barreras y avanzar, es necesario ver con claridad. La Palabra de Dios es la luz que nos permite distinguir las cosas y mirar el recorrido completo. Por eso, si quieres vencer los obstáculos y llegar a la meta, camina unido a la Iglesia, escuchando a Dios en su Palabra, en la Liturgia, en la Eucaristía, en la oración y en las personas.

Así descubrirás el porqué y el para qué de tus necesidades y de todas las cosas, y sabrás qué hacer para desarrollarte plena y eternamente, y para construir una familia y un mundo mejor: amar y, como dice el Papa, no cansarte de sembrar el bien[4]. Hazlo y no quedarás defraudado[5].


[1] Cf. en Catena Aurea, 9409.

[2] Cf. Sal 90.

[3] Cf. 1ª Lectura: Dt 26,4-10.

[4] Cf. Mensaje para la Cuaresma 2022.

[5] Cf. 2ª. Lectura: Rm 10,8-13.

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