En respuesta a crecientes solicitudes de exfieles, el Vaticano ha reafirmado que los registros bautismales no pueden eliminarse, incluso cuando una persona decide abandonar formalmente la Iglesia Católica. Según una nota publicada este jueves por el Dicasterio para Textos Legislativos, solo es posible añadir una anotación sobre dicha decisión, pero no borrar el dato histórico del sacramento recibido. La normativa canónica solo permite corregir errores de transcripción, nunca cancelar inscripciones.
El bautismo —considerado un acto irrevocable— queda registrado de por vida en la parroquia donde se realizó. Este documento sirve como base para administrar otros sacramentos, como la comunión o el matrimonio, y su preservación es esencial para el funcionamiento eclesiástico. «Sin estos registros, la Iglesia tendría que investigar cada caso antes de celebrar cualquier sacramento», explicó el Vaticano, destacando el carácter práctico —no solo simbólico— de estos archivos.
Quienes deseen romper oficialmente con la Iglesia deben presentar un ‘Actus formalis defectionis ab Ecclesia Catholica’ (Acto formal de abandono), el cual se agregará a su ficha bautismal. Sin embargo, el Vaticano enfatiza que estos registros no equivalen a una lista de miembros activos, sino que testimonian un hecho histórico: «No acreditan la fe actual de la persona, sino que constatan un evento pasado».
La postura de la Iglesia ha generado debate, especialmente entre quienes buscan cortar todo vínculo institucional. El Vaticano argumenta que mantener los registros protege tanto el interés colectivo como el individual, ya que garantiza la transparencia en la administración sacramental. «Sin estas normas, no sería posible verificar quién está habilitado para recibir otros sacramentos», señaló el Dicasterio.
La nota, firmada por el arzobispo Filippo Iannone y el español Juan Ignacio Arrieta, subraya que la libertad religiosa permanece intacta: «Nadie está obligado a permanecer en la Iglesia, pero los sacramentos recibidos son parte de un registro objetivo». Esta política refleja la visión católica del bautismo como un sello indeleble, independiente de las decisiones posteriores.
Pese a las críticas, la Iglesia mantiene su posición: los registros son irreversibles por naturaleza. Mientras algunos exfieles insisten en su derecho al «olvido religioso», el Vaticano reitera que su función no es controlar creencias, sino documentar hechos. «La apostasía no borra el pasado, pero tampoco obliga al futuro», concluye la declaración, equilibrando principios doctrinales con el respeto a la autonomía personal.
Con información de: El Informador.com