Educación
Fernando de la Mora: la voz de México que conquistó la ópera
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6 meses agoon
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El Confesionario
Ray Zubiri
En tiempos donde la fama suele ser rápida y efímera, existen artistas cuya trayectoria se construye con paciencia, disciplina y, sobre todo, con una profunda conexión con su vocación. Estos días platique con uno de esos artistas que ha llevado el nombre de México a los escenarios más importantes del mundo: el tenor mexicano Fernando de la Mora quien dicho sea de paso se presentara el próximo 26 de abril a las 18:00 horas en el Auditorio del Complejo Cultural Universitario acompañado de la Orquesta Sinfónica de la BUAP.
“La verdad tengo un privilegio enorme de poder decir que he tenido la dicha de cantar muchas veces en Puebla, en momentos muy importantes y he tenido la dicha de hacer cantar a los poblanos, de comer su maravillosa gastronomía, de enriquecer mi espíritu con esa comida insuperable”.
Nacido en la Ciudad de México, Fernando de la Mora no tardó en descubrir que su instrumento más poderoso era su voz. Estudió canto con Leticia Velásquez de Buen Abad, Rosa Rimoch y Emilio Pérez Casas.
Debutó en 1986 en el Palacio de Bellas Artes posteriormente la vida lo llevo a pisar el: Metropolitan Opera en Nueva York, Opera de Viena, Barcelona, Moscú, Berlín, Bolonia, Milán, San Diego, París, Japón, Venecia, Estocolmo, Buenos Aires, Miami, Pittsburg, Caracas, Dallas, Seattle, Bogotá, Marsella, Puerto Rico y Corea.
Yo le pregunte, ¿Qué sigue emocionando a Fernando de la Mora antes de salir a un escenario?
“Mira, yo me sigo emocionando porque hace mucho tiempo yo me prometí algo, hace muchos, muchos años, yo creo que más de 25 años, me prometí que nunca iba a permitir no gozar lo que estaba yo haciendo encima del escenario.
¿Y sabes cómo lo logré?
“Cantando canciones que me encantan, que me fascinan, solo canto lo que me gusta, las canciones que me llenan el corazón y que me permiten llegar al corazón de la gente”.
¿Cómo puedes emocionar?
“Pues metiéndote en las canciones, gozando las canciones, entregándolas, diciéndolas de la mejor forma para que la gente, comprenda tu compromiso con la emoción”.
“Cuando voy a salir al escenario, voy con toda esa lista de canciones en las cuales voy a hacer un recorrido por las emociones de la gente, entregando joyas musicales de María Griver, de Agustín Lara, de Jorge del Moral, de Gonzalo Curiel, de Armando Manzanero, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, Tomás Méndez, toda esa música que he tenido la dicha de aprender y comprender, porque son canciones de compositores que te invitan a la reflexión y a la emoción.
Durante muchos años se pensó que la música clásica era inaccesible para el gran público, reservada para un círculo reducido. Pero artistas como Fernando de la Mora han ayudado a derribar ese mito. Su estilo cercano, su manera de explicar la música y su disposición para compartir el escenario con públicos diversos han hecho que miles de personas se acerquen por primera vez a la ópera.
Y es que la ópera no es un género sencillo. Exige técnica, sensibilidad y una enorme capacidad interpretativa. No basta con cantar; hay que transmitir emociones, contar historias y conmover al público incluso en idiomas que muchas veces no entendemos. Ahí es donde la voz de Fernando de la Mora encuentra su verdadera fuerza: en su capacidad de emocionar.
Porque además de cantar ópera, el ha sido un gran promotor de la música mexicana. No ha tenido miedo de cruzar fronteras entre géneros, interpretando desde arias de Verdi o Puccini hasta canciones de Agustín Lara o José Alfredo Jiménez. En sus conciertos, la música clásica puede convivir con el bolero o la canción ranchera, demostrando que la buena música no entiende de etiquetas.
¿En qué momento, Fer, de tu vida te diste cuenta que lo tuyo, era estar arriba de un escenario, pero haciendo esto que tú haces como tenor?
Eso fue hace muchos años, mucho tiempo, mucho, mucho tiempo.
Yo tengo más de, más de 40 años de carrera, tengo una carrera muy bonita, la cual empecé cantando música popular al principio de mi carrera, saliendo del Conservatorio Nacional de Música, me casé muy joven, tenía que mantener a mi familia, entonces tuve que dejar a un lado el glamour y dejar y empecé a chambear durísimo, empecé a trabajar en palenques, empecé a trabajar en teatros del pueblo, tuve, tuve esa enorme oportunidad, ¿Por qué? Porque ahí confronté al público, ahí empecé a manejar mi carácter como cantante, mis nervios, lo que hablábamos, evitar la improvisación y someterte al profesionalismo.
Al principio sí cuesta trabajo confrontar al público y decir, ay, la voz, ahí la tengo, no la tengo, si está bien o no está bien, eso va pasando a un lado y te vas, vas comprendiendo la importancia de tu presentación,
¿Qué se siente cuando interpretas el repertorio nacional fuera de México?
Híjole, es una gran responsabilidad, sobre todo porque en primer lugar no sabes cómo lo va a recibir la gente y es tu responsabilidad como artista, como artista mexicano, llevar a la excelencia la música mexicana, o sea, la música mexicana lleva un control de calidad maravilloso, respaldado en grandes intérpretes, por darte un ejemplo, don Pedro Vargas, por darte otro ejemplo, Pedro Infante, por darte otro ejemplo, Jorge Negrete, por darte otro ejemplo a Alejandro Algara, Nicolás Urcelay, el maestro Ortiz Tirado, tantos artistas que, que llevaron las canciones del gran repertorio de música mexicana y que siguen llevándolo artistas actuales y que te guste o no te guste, están triunfando en el extranjero y están llevando el nombre de México al mundo con su música.
Realmente creo que el repertorio, que yo escogí cantar, que es el repertorio de las joyas, que yo llamo las joyas de la música de nuestro país, joyas que llevaron a emocionar a muchas generaciones, no solamente a 10 años de generación, sino más de 100 años ya llevan canciones como Júrame, canciones como Granada, Muñequita linda, No niegues que me quisiste, Dime que sí perjura, llevan más de 100 años y la gente sigue gozando de ellas y sigue elevando su espíritu y sigues arrancando lágrimas cuando cantas temas como Cuando vuelva tu lado, y ya tienen más de 60 años, como Te extraño de Manzanero, Esta tarde vi llover o treinta y tantos años que lleva por debajo de la mesa de Manzanero.
¿La ópera en nuestro país, Fer, vive, creo que vive un buen momento?
Qué positivo eres. No, no, vive un buen momento, vive un.
Sigue viviendo momentos, momentos maravillosos.
Yo lo pondría así.
Están dos cuartos bats, o sea, dos, si te gusta el béisbol, tenemos dos cuartos bats con Javier Camarena y Arturo Chacón, dos grandes tenores que corren los 100 metros en menos de 10 segundos, que son una gloria, que están abriendo, dando bien hablar de nuestro país, que hablan maravillas de México con sus voces maravillosas.
La ópera en México deja mucho que desear, la verdad.
Y no es por hablar mal de las autoridades, al contrario, ojalá que pusieran un poquito más de atención y hubiera más funciones de ópera en Bellas Artes, que itinerarán en Puebla las producciones de Bellas Artes, que se llevara más ópera a la provincia.
Cuando hemos entregado a grandes cantantes uno méxico español, que es Plácido domingo, que él se formó en México y de México salió para entregarle al mundo su gran carrera, a Francisco Araiza, enorme tenor mexicano que puesto el nombre de México en alto a lo largo de su carrera maravillosa.
¿La voz nace o se construye?
“Hay gente que no construye su voz y tiene una voz linda y tiene una voz potente, tiene una voz nítida, tiene una voz con una gran calidad, pero si no la construye no va a llegar a nada”.
“Tiene que comprender esa técnica para entender su voz y para llevarla a niveles altos, a niveles que pueda cantar”.
¿Por qué te digo esto?
Porque la ópera está escrita en los límites de la voz humana.
¿Y por qué está escrita en los límites de la voz humana?
Porque la ópera se canta sin micrófonos en un teatro.
¿Por qué se canta sin micrófonos?
Porque la voz es capaz de llenar un teatro de aproximadamente 2000 butacas, que así se construían los teatros, y llenarlo con tu propia voz y no solamente cantar, llenar el teatro con tu voz, sino llenar el teatro con tu voz.
Con una orquesta sinfónica en el foso, abajo del escenario, medio abierta, que está la parte de enfrente, en la cual se convierte en una barrera de sonido para llegar al público.
Y la voz tiene que sonar fuerte para pasar del otro lado cuando todos están cantando, y no solamente la orquesta, tienes un coro de 60 músicos cantando al mismo tiempo que tú y otros solistas que están cantando, y todos se tienen que oír y pasar las voces nítidamente al público.
¿Algún momento de crisis vocal o de duda personal en tu carrera?
“Muchos, muchos, o sea, enormemente, imagínate, gripas, influenza, Covid, este, afortunadamente el Covid para mí no fue, no fue malo porque me dio como una gripa, estaba yo vacunado afortunadamente, pero sé de cantantes que perdieron hasta un pulmón y dejaron de cantar, y sé de cantantes que fallecieron en la pandemia y sé de gente que les atrasó su desarrollo como alumnos de canto de ópera, retrasó su desarrollo por lo menos un año porque les dañó realmente los pulmones y la garganta, o sea, crisis vocales hay a cada momento, ¿Por qué? Pues porque estás vivo y porque eres un ser humano y porque tu instrumento no lo puedes guardar en una cajita, lo traes puesto para dormir, para hablar, para comunicarte, para, para comer, para respirar, o sea, lo tienes puesto todo el tiempo, tu instrumento no es como un violín que se guarda en una cajita y lo afinas y lo llevas con el, con el laudero a que lo arregles y se despegó un poquito aquí, que no, la voz está aquí y tienes que cuidarla y aparte tú no puedes ver tu instrumento, tú no lo puedes ver más que con un, con un foniatra o un otorrino laringólogo que lo ve con una camarita y te lo enseña en una televisión, es la forma que lo puedes ver”.
Si no hubiera sido tenor, ¿Qué habrías sido?
Si no hubiera sido tenor, híjole, no sé, no sé.
La verdad que no me veo como no tenor.
¿Cuál es el papel de la ópera frente a lo digital, que tú sabes cómo viene la inteligencia artificial?
La verdad que es muy compleja esta pregunta porque no sabemos nada, sabemos que hay una infinidad de posibilidades, sabemos que la tecnología está avanzando de una forma desmesurada y la legislación al respecto no está avanzando al mismo nivel, entonces creo que es importante que las leyes vayan no acomodándose a la inteligencia artificial, sino debería de ser al revés, que la inteligencia artificial se acomode a las leyes.
Porque de lo que yo sé, la inteligencia artificial se está metiendo enormemente dentro de la interpretación, Por darte un ejemplo, podríamos escuchar a Pedro Infante cantar a Juan Gabriel, podríamos escuchar a Juan Gabriel cantando a Bad Bunny, o sea, qué va a pasar ahí.
Va a ser como Frankenstein de la música, pero ya, está sucediendo, y aparte verlos cantando físicamente, o sea, ver una figura perfecta de Juan Gabriel cantando Bad Bunny, hazme el favor o a mí me vas a poder ver cantando lo que no me gusta cantar, eso no se me hace algo padre, creo que es algo importante que la ley crezca, y que digo, la inteligencia artificial es indispensable, porque la tecnología tiene que seguir avanzando, y tú no puedes prohibir que la inteligencia artificial se aplique, al contrario, si tú la prohíbes va a ser peor.
¿Cómo podemos atraer a las nuevas generaciones a que admiren este género?
“Mira, yo el consejo que siempre doy es esto, vayan a descubrir lo que movió al planeta musicalmente en los últimos 100 años, vayan a escuchar canciones, que fueron culpables de la explotación demográfica del planeta, de Latinoamérica, que enamoró a cientos de millones de seres humanos que se enamoraron por estas canciones, vayan a descubrir, lo peor que les puede pasar es que les guste”.
Eso es lo peor que les puede pasar, porque realmente van a descubrir género gloriosos, música inteligente, música bella y aparte canciones que duran, que dura una canción tres a cuatro, cinco minutos máximo y en cada canción hay una historia como en todas las canciones que escuchan ahora con otros estilos que se vale, lo que no se vale es que solamente escuchen eso, escuchen todo, hay tanto que descubrir, hay tanto por lo cual emocionarse y hay que abrir el espíritu, abrir el abanico de posibilidades que te ofrece la vida y no quedarte con un solo estilo que te guste, al contrario, que te falten estilos, que te sobren estilos, que sepas hablar de música, que sepas hablar de compositores, que sepas hablar de la historia musical de este país de dónde vienes, dónde está tu identidad.
Ven a este concierto el 26 de abril y empápate de María Griver, de Agustín Lara, de Juan Gabriel, porque voy a cantar Juan Gabriel, también voy a cantar a este, voy a cantar al Buki, voy a cantar a Joan Sebastián, voy a hacer un recorrido por estas unas piezas de ellos, pero también voy a seguir cantando a mi adorado Armando Manzanero, voy a, por supuesto que voy a cantar, no voy a tener mariachi en esta ocasión, pero voy a tener a la Orquesta Sinfónica de la UAP con el maestro Raúl García, vamos hacer un recorrido muy bonito muy completo, la vamos a pasar bien, créeme, lo.
¿Qué consejo le darías Fer, a todos los chavos que sueñan con cantar ópera?
“Yo lo que les diría es que están escogiendo una carrera muy compleja, pero hermosa, una hermosa y el desarrollo de un cantante de ópera es muy complejo, pero hermoso y que no permitan, que no permitan se interrumpa por. Vas a encontrar muchas situaciones incómodas, muchas situaciones que defrauden tu emoción, pero no importa, no importa, sigue adelante un guerrero en la formación de tu voz, si lo logras vas a encontrar un repertorio, Vas a poder conocer muchos países, vas a desarrollar, vas a convertirte en un mejor ser humano, no solamente en la cuestión de capacidad de conocimiento, sino en la capacidad de ser humano y es un nivel de excelencia en él. Ojalá que no te defrauden y si te defraudan, quítalos de un lado y sigue adelante y sigue estudiando y sigue preparándote, sigue preparándote”.
Como te lo digo y te lo he dicho, toda esta entrevista es un privilegio para mí subirme al escenario y sobre todo, sobre todo, no le tengan miedo a la ópera, No le tengan miedo a la ópera, Abran su espíritu, no importa si no entiendes el idioma, con dos, tres palabras que entiendas y con la melodías, cómo te acaricia el espíritu, la melodía, cómo te llega esa música gloriosa, eso no requieres comprender.
La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz a escuchar la música de este gran tenor Mexicano Fernando de la Mora.
¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.
Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx Redes Sociales: @RayZubiri
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Educación
El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?
Published
10 horas agoon
21 de septiembre de 2026By
admin
El Confesionario
Por Ray Zubiri
Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.
Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.
Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”
Y ahí empieza el problema.
Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.
La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.
Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”
¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.
Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.
Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.
Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.
Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.
Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.
¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?
El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.
Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?
Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.
Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.
Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.
Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.
Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.
La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.
Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.
Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.
¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?
Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.
Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.
Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.
Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.
Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.
La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.
Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.
Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.
No mañana.
Hoy.
Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.
Podemos leer con ellos.
Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.
Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.
Podemos permitirles equivocarse.
Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.
Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.
Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.
Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.
El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.
Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.
Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.
Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.
Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.
Si es únicamente para obtener un título, también.
Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.
La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.
Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.
Debería llegar a las escuelas.
A las reuniones de padres.
A las universidades.
A las salas de maestros.
A las conversaciones familiares.
A las comunidades.
Y también a la radio.
Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.
La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.
La escuela somos todos.
Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.
Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:
¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?
La respuesta puede ser incómoda.
Puede doler.
Puede obligarnos a cambiar.
Pero también puede abrir una posibilidad.
Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.
Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.
El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.
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Educación
¿Cuál es la importancia de cursar 3 años de preescolar?
Published
23 horas agoon
21 de septiembre de 2026By
admin
En entrevista la Mtra. Estela Araceli Mora Zárate, Docente de Educación Preescolar, Maestra en Calidad de la Educación, Doctorante en Innovación Educativa.
Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

Educación
El Gobierno de México, a través del Programa de Apoyos a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), respalda por primera vez al Festival Tragaluz 2026.
Published
3 días agoon
19 de septiembre de 2026By
admin
Bajo la premisa de garantizar la cultura como un derecho humano fundamental y una herramienta clave para la construcción de paz, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, encabezada por Claudia Curiel de Icaza, a través de la Convocatoria de Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), suma esfuerzos con el Festival Tragaluz 2026 «Memoria y Fuego». Esta sinergia institucional refleja los objetivos prioritarios del Gobierno de México, enfocados en descentralizar la oferta cultural, fortalecer el tejido social y respaldar a las comunidades artísticas locales.
Por primera vez, el Festival Tragaluz recibe el apoyo de Profest. Este recurso permitirá consolidar al festival como una plataforma integral de creación, formación, exhibición y vinculación en torno a la fotografía y la imagen contemporánea. Con estas acciones, se busca impulsar la profesionalización de artistas y agentes culturales locales, promoviendo nuevas narrativas visuales desde una perspectiva inclusiva.
Como parte de su programación, el encuentro desarrollará 25 actividades artísticas y académicas. Entre ellas destacan exposiciones nacionales, conversatorios con artistas e investigadores, una conferencia magistral, cinco talleres de formación, dos clínicas para proyectos fotográficos y una presentación editorial. Asimismo, se presentará el proyecto «Cine y Memoria: Del Lago al Fuego», el cual contempla proyecciones del archivo cinematográfico de Luis Osorno Barona acompañadas de música en vivo en Angahuan, Tzintzuntzan y
Morelia.
Abonando al eje de descentralización y en el marco del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, el festival facilitará actividades artísticas en cuatro municipios del estado: Morelia, Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Angahuan. Además, para fortalecer la circulación de acervos y proyectos fotográficos locales y nacionales, la programación incorpora importantes exposiciones provenientes del Centro de la Imagen. Entre las muestras se encuentran Reminiscencias de Elsa Medina, Mujeres por Mujeres y la XXI Bienal de Fotografía, sumándose también el Proyecto Michoacano de Fotografía.
A través de un sólido programa de formación y profesionalización dirigido a niñas, niños, jóvenes, estudiantes y fotógrafos profesionales, el Festival Tragaluz y la Secretaría de Cultura reafirman que el acceso equitativo a las artes visuales es esencial para el desarrollo comunitario y la integración de las distintas regiones del país.
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