Connect with us

Entrevistas

Rumbo a la segunda mitad de 2022, José Hoek la viene a partir.

Published

on


Redacción.

Uno de los artistas internacionales que más ha trabajado durante y después de la pandemia es el músico y productor venezolano, especializado en pop electrónico, José Hoek quien durante la segunda mitad de 2022 se dedicará al lanzamiento del que será su nuevo proyecto musical, conformado por un disco de acetato, sin hacer a un lado el formato digital; del cual ya se han dado a conocer los sencillos Vacación y Que me lleve el aire.

Durante el mes de julio, además de regresar a los escenarios con presentaciones en vivo en su ciudad natal, Hoek dio a conocer de manera internacional el tema BB la vas a partir, quinto sencillo de su próximo disco, bautizado como Toro, mismo que dará a conocer a finales de este año; siendo un tema muy fresco, cuya importancia radica en su letra, según comentó el mismo intérprete, la cual narra los retos e incertidumbres de una actriz al inicio de su carrera.

Cabe mencionar que, como ha sucedido con todas sus composiciones, BB la vas a partir cuenta con un especial videoclip, realizado por Edwin Corona Ramos, a través de la productora Capitolio, el cual cuenta con la participación de la actriz e influencer bielorrusa Polina Dyomkina.

“Estoy muy contento, porque es una canción que tiene un concepto bastante ligero, pero con un mensaje bastante fuerte, porque invita a valorarse, a la constancia; y ha sido un tema con el que me he divertido mucho.

“Hace unos días tuvimos un show en Caracas, Venezuela y donde metimos a 500 personas, lo cual fue un logro en mi ciudad; y después venir a la Ciudad de México para hacer planes de traer ya un espectáculo en vivo acá. Y nada, ahora ya estamos trabajando más allá de las redes, sino conectar más allá”, dijo José Hoek.

¿Cómo es el nuevo público después de la pandemia?
“Ahora hay una conciencia distinta a como se percibe un espectáculo. Antes la gente iba de una manera más casual, ahora la gente pone mucha más atención a lo que está pasando; no solamente desde el punto de vista de la música, sino de todo el concepto que envuelve a un show.

“Forma parte de la consecuencia de no haber podido ir a eventos en vivo y ahora hemos aprendido a valorarlos. Para mí tiene carga emocional muy fuerte estar en contacto de nuevo con la gente”.

LA GENTE ESCUCHA POR LOS OJOS
Tú vas mucho de la mano con el cine; lo visual es muy importante para ti. ¿De qué manera lo vas a implementar o lo has implementado en tu nuevo espectáculo?
“Te cuento que durante la pandemia una de las cosas que más hice fue estar en festivales de cine, aunque fue a distancia, con un cortometraje que tengo, titulado ‘Hoek’s Delta’, participó en más de 70 festivales alrededor del mundo, siendo reconocido con más de 10 premios.

“Para mí lo que hacemos de manera visual, ya sea dentro del cine o mis videos, es fundamental. Un amigo me dijo que la gente escucha por los ojos, lo cual se me hizo muy contundente y creo que sí, pues es importante aprovechar la oportunidad de hacer música para poder llevarla a la mayor cantidad de conceptos posibles”.

¿Y hay posibilidad de dar continuidad a su paso dentro del cine? Alguna nueva historia en la ficción, o un documental.
“Para mí será un sueño el volver a tener esa oportunidad. Te confieso que he tenido algunas conversaciones con un par de directores, para ver qué logramos hacer. Siento que la oportunidad de acompañar a la música con imágenes, como sucede en un video es muy interesante; pero lo es mucho más el poder compaginarse en un proyecto que diga mucho más.

“Y mientras eso sucede, continuaré con la oportunidad de seguir contando pequeñas historias a través de la música. Aquí en México trabajo con varios creativos que tienen una sensibilidad muy especial para contar historias.

“Incluso, estoy luchando para poder hacer algo más fuerte con mi nuevo disco y poder realizar un nuevo mini filme y espero también, para el año que viene, poder hacer algo más dentro de la industria del cine, tal vez la música para algún proyecto; no lo sé”.

PARA MÍ NO HAY SHOW PEQUEÑO
José Hoek se encuentra en conversaciones con un director canadiense, para poder realizar el video de alguno de los temas de su nuevo disco, “pero haciendo más allá de un video clip. Lo que quiero es que se haga algo más visual y podamos dejar un legado que vaya más allá. De concretarse, tal vez se podría hacer en noviembre”.

¿Cómo será el concepto en concierto que José Hoek quiere presentar en México?
“Te comento que para mí no hay show pequeño; y ahora estoy estudiando qué formato de show es el que debo de traer, dependiendo de los requerimientos que sean operables, y espero poder hacer algo más allá de un solo show, sino de una amplia gira de promoción en el interior del país”.

¿Te interesaría hacer colaboraciones con otros músicos mexicanos?
“Claro que sí. Durante mis vistas a México, he hecho amistad con varios artistas mexicanos y sería bueno poder hacer algo con uno o varios de ellos. Espero que en el futuro podamos tener algo más en concreto”.

Háblanos sobre tu próximo disco, el cual realizarás en formato vinilo.
“Será un disco doble, que se va a llamar ‘Toro’, que contendrá 22 canciones y será un trabajo que mostrará un José Hoek más allá del artista, sino también como productor. Soy un amante del objeto llamado disco, y sabemos que el vinil tiene una expresión de sonido muy específica y como objeto es algo muy bonito, que perdura en el tiempo y queremos entregarles algo muy bonito hacia finales de este año”.



Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Educación

Mitos y realidades sobre la lactancia materna.

Published

on

By

Dr. Darío Alejandro Papaqui Ramírez Médico pediatra y docente de medicina. Asesor certificado de lactancia materna.

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

Continue Reading

Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

Published

on

By

El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

Continue Reading

Educación

A 100 años de la Guerra Cristera de México: Lo que debes saber.

Published

on

By

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement

Trending

Revista Puebla Derechos Reservados © 2023