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Astrónomos creen que han encontrado indicios del Planeta Nueve, el supuesto cuerpo oculto en el sistema solar

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Una década después de que se propusiera la existencia del hipotético Planeta Nueve en los confines del sistema solar, un equipo internacional de astrónomos ha identificado nuevos indicios que podrían apuntar a su ubicación. Analizando datos infrarrojos de los telescopios espaciales IRAS (1983) y AKARI (2006), investigadores de Taiwán, Japón y Australia detectaron dos tenues fuentes de luz a entre 500 y 700 unidades astronómicas del Sol (cada UA equivale a la distancia Tierra-Sol). Estos objetos, con masas estimadas entre 7 y 17 veces la terrestre, muestran un movimiento extremadamente lento característico de cuerpos distantes.

Aunque los hallazgos coinciden parcialmente con predicciones teóricas sobre el Planeta Nueve, difieren significativamente de las estimaciones originales de 2016. Ese año, astrónomos calcularon que debía existir un planeta 10 veces más masivo que la Tierra, basándose en anomalías orbitales de objetos del Cinturón de Kuiper. La discrepancia genera dudas: si existieran ambos cuerpos, sus interacciones gravitacionales desestabilizarían mutuamente sus órbitas. Mike Brown, coautor de la teoría original, advierte que estos nuevos candidatos no explicarían las perturbaciones observadas en el sistema solar exterior.

El estudio, pendiente de publicación en Publications of the Astronomical Society of Australia, enfrenta escepticismo científico. Muchos expertos atribuyen las señales a «ruido cósmico», galaxias distantes o asteroides. La extrema debilidad de las fuentes –mil veces menos luminosas que Plutón– y la falta de observaciones directas dificultan la verificación. Sin embargo, los autores mantienen que un análisis más profundo podría revelar su verdadera naturaleza, posiblemente mediante el telescopio Vera C. Rubin en Chile, que comenzará a escanear el cielo en 2025.

La búsqueda del Planeta Nueve refleja los desafíos de explorar los límites del sistema solar. A tales distancias, incluso objetos planetarios serían prácticamente invisibles, reflejando apenas una milmillonésima parte de la luz solar. Históricamente, estos descubrimientos requieren paciencia: Neptuno tardó 143 años en ser fotografiado claramente desde su predicción matemática en 1846. Hoy, herramientas como el análisis computacional de archivos astronómicos ofrecen nuevas aproximaciones para cazar este escurridizo mundo.

Mientras tanto, el misterio persiste. Si existe, el Planeta Nueve (o los candidatos recién detectados) redefiniría nuestro entendimiento del sistema solar. Su posible órbita extremadamente alargada, con períodos de hasta 20,000 años, sugeriría un violento pasado de expulsión gravitacional. Para los astrónomos, la búsqueda continúa siendo tanto un ejercicio de humildad como una prueba de que nuestro vecindario cósmico aún guarda secretos por revelar. Como señala Brown: «La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia».

Con información de: Wired.com

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