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Azteca de taekwondo entrega el primer premio en el año de aniversario de la UDLAP

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Los Aztecas de taekwondo se unen al festejo de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) por el 85 aniversario de su fundación y 55 años del campus en Puebla, con un premio del estudiante Alex García y el reconocimiento a la coach Sandra Guzmán, quien actuó como coordinadora de arbitraje en el Preselectivo Nacional de Adultos 2025 celebrado en la Ciudad de México.

Alex García, Fernanda Hernández, Karely Hernández y Melissa Castillo, integrantes de la Tribu Verde de taekwondo, viajaron al Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR), para participar en un torneo mediante el cual se seleccionaría a los elementos que representarán a México en algunos torneos internacionales en los próximos meses.

Por tal motivo se dieron cita los mejores atletas marciales del país en diferentes categorías, incluyendo a gente que ha estado en otros procesos de selección nacional, volviéndolo un evento de gran nivel, en donde los Aztecas de la UDLAP salieron con todo, a pesar de no estar en un periodo de competencia oficial, y obtuvieron resultados que indican los aspectos a mejorar en este 2025.

Es así como Alex García logró el trofeo de tercer lugar dentro de la categoría menos de 74 kilos, superando combates ante grandes rivales para así hasta la semifinal, donde algunos aspectos técnicos le impidieron avanzar y quedarse con dicha insignia.

“Esta competencia salió de sorpresa, pero me sentí contento al saber que no se está empezando el año desde abajo, estamos fuertes y me emociona que vamos en la dirección correcta, porque en mi caso es mi segunda o tercera ocasión que peleo en esta nueva categoría y me siento cómodo”, expresó el estudiante de la Maestría de Comunicación y Medios Digitales de la UDLAP.

Por su parte, Fernanda Hernández (menos de 46 kg), Karely Hernández (menos de 53 kg) y Melissa Castillo (menos de 57 kg) se quedaron en octavos de final, aunque igualmente tienen una buena visión de que el trabajo en los entrenamientos las convertirá en prospectos fuertes para otros procesos nacionales.

“Vamos retomando este proceso de competencias nacionales y hay que seguir trabajando, enfocándonos; y con la dirección de nuestro coach Julio Álvarez que nos apoya en todo momento, creo que los objetivos se van a cumplir”, señaló la estudiante de la Licenciatura en Derecho, Fernanda Hernández.

La coach asistente de la Tribu Verde Sandra Guzmán acudió al mismo torneo para coordinar la parte del jueceo, por lo que le tocó organizar a los árbitros internacionales que deliberaron en las decenas de combates que tuvo el preselectivo.

“De alguna forma tenerlos me dejó estar más tranquila y desocupada para ciertos temas, aunque como siempre el factor humano y las decisiones en ese momento siempre pesan, pero al final creo que se hizo un buen trabajo”, aseguró.

Sobre su nominación a “Mejor Jueza de Poomsae” por el portal Mundotaekwondo, la coach Guzmán explicó que este es un reflejo de todo el trabajo hecho en el 2024, siendo un reto en lo personal y en lo emocional de asumir responsabilidades como directora de la Comisión Nacional de Arbitraje Federado de Taekwondo (CONAFT), de haber acudido como jueza al Abierto de República Dominicana, al World Taekwondo Poomsae Championships en Hong Kong, a un festival mundial en Daegu, a constantes capacitaciones en diferentes partes del país como ponente y participante; además de haber sido pilar para que los Aztecas UDLAP obtuvieran el tercer lugar por equipos en formas o poomsae varonil en el Campeonato Nacional de la CONADEIP.

“Para mí, la nominación es algo que me llena de orgullo, me da mucha satisfacción y sobre todo me impulsa a seguir adelante. Estoy convencida que, de no haber tenido el apoyo de mi familia, de la Federación Mexicana de Taekwondo y sobre todo de la UDLAP, difícilmente se hubieran logrado todos los compromisos del año pasado. También al ser una votación en redes sociales permite ver cuánta gente está viendo el progreso de lo que haces”, expresó la entrenadora asistente de los Aztecas UDLAP.

De igual forma resaltó que de obtener el premio a “Mejor Jueza de Poomsae” sería una cereza en el pastel del aniversario 85 y 55 del campus en Puebla para la UDLAP, por lo tanto, invitó a la comunidad a votar en www.facebook.com/share/15TQbLZSBt/?mibextid=wwXIfr, la fecha límite es el 30 de enero.

Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

¿Cuál es la importancia de cursar 3 años de preescolar?

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En entrevista la Mtra. Estela Araceli Mora Zárate, Docente de Educación Preescolar, Maestra en Calidad de la Educación, Doctorante en Innovación Educativa.

Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

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Educación

El Gobierno de México, a través del Programa de Apoyos a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), respalda por primera vez al Festival Tragaluz 2026.

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Bajo la premisa de garantizar la cultura como un derecho humano fundamental y una herramienta clave para la construcción de paz, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, encabezada por Claudia Curiel de Icaza, a través de la Convocatoria de Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), suma esfuerzos con el Festival Tragaluz 2026 «Memoria y Fuego». Esta sinergia institucional refleja los objetivos prioritarios del Gobierno de México, enfocados en descentralizar la oferta cultural, fortalecer el tejido social y respaldar a las comunidades artísticas locales.

Por primera vez, el Festival Tragaluz recibe el apoyo de Profest. Este recurso permitirá consolidar al festival como una plataforma integral de creación, formación, exhibición y vinculación en torno a la fotografía y la imagen contemporánea. Con estas acciones, se busca impulsar la profesionalización de artistas y agentes culturales locales, promoviendo nuevas narrativas visuales desde una perspectiva inclusiva.

Como parte de su programación, el encuentro desarrollará 25 actividades artísticas y académicas. Entre ellas destacan exposiciones nacionales, conversatorios con artistas e investigadores, una conferencia magistral, cinco talleres de formación, dos clínicas para proyectos fotográficos y una presentación editorial. Asimismo, se presentará el proyecto «Cine y Memoria: Del Lago al Fuego», el cual contempla proyecciones del archivo cinematográfico de Luis Osorno Barona acompañadas de música en vivo en Angahuan, Tzintzuntzan y
Morelia.

Abonando al eje de descentralización y en el marco del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, el festival facilitará actividades artísticas en cuatro municipios del estado: Morelia, Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Angahuan. Además, para fortalecer la circulación de acervos y proyectos fotográficos locales y nacionales, la programación incorpora importantes exposiciones provenientes del Centro de la Imagen. Entre las muestras se encuentran Reminiscencias de Elsa Medina, Mujeres por Mujeres y la XXI Bienal de Fotografía, sumándose también el Proyecto Michoacano de Fotografía.

A través de un sólido programa de formación y profesionalización dirigido a niñas, niños, jóvenes, estudiantes y fotógrafos profesionales, el Festival Tragaluz y la Secretaría de Cultura reafirman que el acceso equitativo a las artes visuales es esencial para el desarrollo comunitario y la integración de las distintas regiones del país.

Sigue las redes sociales oficiales de la Secretaría de Cultura en Instagram
(instagram.com/culturamx), Facebook (facebook.com/SecretariaCulturaMx) y X
(@cultura_mx) para mayor información.

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