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Carlos Lehder y el día que forzó a un Beatle y un Rolling Stone a ser sus músicos privados

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Las historias de los capos colombianos del narcotráfico están envueltas en un halo en el que a menudo cuesta distinguir la realidad de la ficción. Esto es especialmente cierto cuando se revisan las excentricidades del cartel de Medellín, durante años uno de los grupos más buscados por las autoridades colombianas e internacionales. Es así que la historia detrás de la importación de los hipopótamos de Pablo Escobar coexiste con la leyenda de que este exigió que The Rolling Stones tocaran para él en un show privado en la Hacienda Nápoles.

En ese sentido, uno de los más reconocidos por sus extravagancias es Carlos Lehder. El quindiano, de ascendencia alemana, es una figura peculiar en la historia del narcotráfico en Colombia, debido a que tenía la personalidad más compleja de entre todos los capos. Eran bien conocidos sus cambios de humor abruptos, sus contradicciones (admiraba a John Lennon, Adolf Hitler y el Che Guevara, por igual), sumado a que violaba una regla sagrada de los narcotraficantes: no consumir las drogas con las que operaban.

A pesar de ello, su rol en la organización era demasiado importante como para prescindir de Lehder. Después de todo, a partir de 1978 el capo dio con la idea que le permitió al cartel de Medellín vivir sus años de mayor gloria con la adquisición del Cayo Norman, una isla ubicada en las Bahamas que servía de puente entre Colombia y Estados Unidos para la exportación de cocaína. En los mejores días, el aeropuerto que dispuso Lehder allí podía recibir hasta 3.000 kg del alcaloide cada hora.

Ese lugar de privilegio en la operación le permitió a Lehder amasar una gran fortuna. Con el dinero llegó la influencia, y con la influencia llegó la oportunidad no solo de vivir como las estrellas de rock de la época, sino de perseguirlas. Y es que el quindiano amaba el rock, a diferencia de sus compañeros en el cartel de Medellín que preferían las rancheras (como sucedía con Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano) o la balada romántica (en el caso de Pablo Escobar). Esto llegó al punto que en su hacienda privada en Quindío, la Posada Alemana, Lehder hizo construir una estatua de John Lennon que fue robada en 2003 y de la que hasta la fecha se desconoce su paradero.

Lo cierto es que en esos años las Bahamas era un archipiélago recurrente para que los artistas angloparlantes más importantes del momento grabaran sus discos. Además del agradable clima caribeño, las drogas estaban a la orden del día, lo que permitió que los Compass Point Studios en Nassau y los AIR Studios en Montserrat fuesen de los más solicitados por los artistas de ese tiempo. No era casualidad que los dealers de las estrellas tuvieran cercanía con Lehder.

Con informacion de: INFOBAE

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