El fallecimiento del Papa Francisco este lunes en Roma, a los 88 años, marca el inicio de unos funerales que romperán con siglos de protocolo vaticano. El primer pontífice jesuita y de origen latinoamericano, cuyo nombre secular era Jorge Mario Bergoglio, dejó instrucciones precisas para que su despedida reflejara su visión de una Iglesia humilde y cercana a los más necesitados.
A diferencia de sus predecesores, que eran sepultados en tres ataúdes (ciprés, plomo y roble), Francisco será enterrado en un sencillo féretro de madera revestido de zinc. Este cambio, aprobado por él mismo en abril de 2024 en el Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, busca alejarse de los símbolos de poder y enfatizar su legado como pastor, no como figura imperial. «Es el entierro de un obispo, no de un emperador», explicó Massimo Faggioli, experto en teología de la Universidad de Villanova.
Otros ajustes incluyen la eliminación del catafalco —la plataforma elevada donde solía exhibirse el cuerpo de los papas— y la omisión del báculo pontificio durante la velación. En lugar de ello, su ataúd permanecerá a la vista de los fieles en la Basílica de San Pedro durante tres días, antes de su traslado definitivo. La ceremonia de confirmación de su muerte, a cargo del cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell, conserva el ritual de los tres golpes con un martillo y la frase «Vere papa mortuus est», seguida de la destrucción del anillo del Pescador.
En un gesto sin precedentes modernos, Francisco eligió como lugar de reposo la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, fuera de los muros vaticanos. Allí, en un nicho sencillo y sin ornamentos, sus restos yacerán cerca de la venerada imagen de la Salus Populi Romani, a la que dedicó sus oraciones antes y después de cada viaje apostólico. «Como le prometí a la Virgen, quiero ser enterrado allí», declaró en vida. Su testamento, publicado este 21 de abril, insiste en una lápida con solo su nombre: Franciscus.
Tras nueve días de misas por su eterno descanso, comenzarán los preparativos para el cónclave que elegirá a su sucesor. Así, con una despedida austera pero cargada de simbolismo, el Papa que soñó con una Iglesia «pobre y para los pobres» cierra un pontificado que transformó para siempre la historia del catolicismo.
Con información de: BBC en Español.com