Nota original por: Claudia Hernández
El relleno sanitario de Tehuacán, ubicado en Santa María Coapan, se ha convertido en un foco de crisis ambiental y sanitaria tras años de advertencias ignoradas. Desde 2019, especialistas y organizaciones alertaron sobre su inminente colapso debido al exceso de residuos —hasta 1,700 toneladas diarias— y la falta de mantenimiento. Pese a los compromisos de autoridades como el entonces alcalde Felipe Patjane Martínez para implementar soluciones, como pozos de venteo de gases, las acciones fueron insuficientes. Hoy, los habitantes sufren las consecuencias: montañas de basura en calles, contaminación de acuíferos y un aumento en enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
El punto crítico llegó en 2021, cuando pobladores de Coapan, comunidad nahua afectada por décadas, cerraron el relleno ante la negligencia gubernamental. Esto desencadenó una emergencia sanitaria, con más de 300 toneladas de desechos acumulados en espacios públicos. Aunque el ayuntamiento prometió soluciones —como un nuevo relleno en San Francisco Altepexi o una planta de tratamiento de residuos—, estas nunca se materializaron. Mientras, la basura se trasladó a Ciudad Serdán, a un costo exorbitante: 600 pesos por tonelada, según reveló el exgobernador Sergio Salomón Céspedes en 2024.
Los incidentes se han agravado con el tiempo. En mayo de 2022, un incendio en el relleno duró 20 días, envenenando el aire de comunidades aledañas. Aunque la Profepa y la Smadsot lo clausuraron oficialmente en junio, meses después se descubrió un tiradero clandestino en San Marcos Necoxtla, donde se reanudó el depósito ilegal de residuos. Para 2025, la situación sigue sin control: en abril, otro incendio contaminante y protestas lideradas por Greenpeace y vecinos exigieron al alcalde Alejandro Barroso la remediación definitiva del sitio.
Detrás del desastre está el incumplimiento del Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA), documento que desde hace 30 años establecía medidas para evitar precisamente este escenario. Las administraciones municipales no solo ignoraron las alertas técnicas, sino que extendieron permisos irregulares para operar el relleno 13 años más allá de su vida útil. Ahora, Coapan paga el precio con su territorio contaminado y su salud vulnerada.
Mientras Tehuacán sigue sin una estrategia real para manejar sus residuos, la crisis ejemplifica un problema nacional: la falta de planes sustentables para la basura. Los costos económicos —millonarios traslados de desechos— y humanos —enfermedades y degradación ambiental— recaen sobre la población. Expertos insisten en que, sin inversión en infraestructura y cumplimiento de normativas, el colapso de Tehuacán se repetirá en otros municipios. Por ahora, los habitantes de Coapan esperan que sus protestas finalmente obliguen a las autoridades a actuar.
Con información de: Periódico Central.com