“Amo quien soy y amo mi piel”, dice Juan Daniel Ruenes con voz firme, sin embargo, lograr esta aseveración le tomó varios años de su vida. Si en el pasado, cuando creció en El Bagre Antioquia, un pueblo de Colombia, le hubieran dicho que hoy se dedicaría al modelaje profesional difícilmente lo creería y más aún si le afirmaran que se convertiría en un representante de las personas con vitíligo.
En el marco de el Día Mundial del Vitíligo conversamos con él y nos compartió cómo ha sido su camino encontrándose a sí mismo mientras lucha por un sueño en la industria de la moda pese a los estigmas alrededor de esta enfermedad.
Fue a la edad de 10 años cuando el vitíligo comenzó a brotar en su piel. Esta enfermedad cutánea crónica ocasiona un trastorno en la pigmentación de la piel y, aunque no tiene mayores implicaciones en la salud, es importante tener cuidados adecuados; por esta razón, Ruenes, quien es el tercero de siete hermanos dejaría su trabajo pues pasaba largo tiempo bajo los rayos solares más intensos del día. Con esta enfermedad, ahora debía protegerse del exterior y enfrentarse a sus más internas inseguridades y temores.
Mientras aprendía a aceptar su nueva imagen, se movilizó a Medellín, donde trabajó en una pequeña tienda de textiles a la par que terminaba sus estudios en el bachiller. Su destino cambió cuando, por casualidad, un fotógrafo lo observó y le aseguró que su perfil tendría potencial en el modelaje. Esto bastó para que Daniel buscara un espacio dentro de una agencia de modelos, rápidamente fue reclutado y emprendería un viaje a México.
Con 19 años y una maleta con sueños, Daniel llegó a CDMX y durante cinco años ha conseguido establecerse como un modelo profesional participando en comerciales, editoriales de importantes revistas e incluso ha llegado a caminar sobre las pasarelas de Fashion Week México.