*La fecha del calendario litúrgico católico, coincidía con la ceremonia a Tlaloc, previo a la siembra de los campos.
En este día muchas familias llevan a bendecir a la iglesia, la imagen del Niñito Jesús que se colocó en el nacimiento el 25 de diciembre y suelen vestirle de gala o bien con ropajes que recuerden alguna de sus advocaciones.
Cada 2 de febrero la tradición católica señala que es el día en el que se presenta al Niñito Dios en la iglesia para bendecirlo, porque simboliza la purificación dela Virgen María y la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén, es, a su vez, también una acción de gracias y de bendición que se pide.
La fiesta de la Candelaria se llama así porque en la antigüedad, se bendecían las candelas que se iban a necesitar durante todo el año, a fin de que nunca faltara en las casas la luz tanto física como espiritual.
Actualmente, los fieles acuden a la misa de este día con las velas que son bendecidas por el sacerdote y a continuación se hace una corta procesión entre las iglesias cercanas o por el interior de la misma iglesia, con las velas encendidas cantando el Nunc dimittis servum tuum (“ahora puedo morir en paz, porque mis ojos han visto al Redentor…”), el himno que entonó el anciano sacerdote Simeón cuando María le presentó a Jesús en el templo.
Esta fiesta tenía gran significado cuando la única luz en las casas era la de las velas y candiles. La procesión solemne representa la entrada de Cristo, que es la Luz del Mundo, en el Templo de Jerusalén.
Mientras la procesión se celebraba dentro de la iglesia, durante la Edad Media el clero abandonaba la iglesia y visitaba el cementerio que lo rodeaba.
Una vez que regresaban de la procesión, un sacerdote llevaba la imagen del Niño Dios, la presentaba en la puerta y entraba a la iglesia con el clero, quienes cantaban el cántico de Zacarías, “Benedictus Dominus Deus Israel”.
Esto formaba una parte esencial de los servicios litúrgicos del día y debía ser celebrado en cada parroquia donde los ministros lo requerían. La procesión se celebraba siempre el 2 de febrero. Antes de la reforma de la liturgia latina por San Pío V (1568); en las iglesias del Norte y del Oeste de los Alpes esta ceremonia era más solemne.
En México.
En muchos pueblos, el 2 de febrero, los habitantes llevan a la iglesia mazorcas para que sean bendecidas las cuales servirán de semilla en el ciclo agrícola que inicia en estas fechas.
En nuestro país, en la época prehispánica, los mexicas celebraban las fiestas a los “tlaloques” en honor de Tláloc, dios de la lluvia, para iniciar el ciclo agrícola. Con la llegada de los españoles, esa festividad coincidió con la del 2 de febrero o Día de la Candelaria, que se celebra en la religión católica.
El fraile novohispano Bernardino de Sahagún escribió en sus testimonios que a principios de febrero los antiguos mexicanos realizaban sacrificios a los “tlaloques”, que eran los ayudantes del Dios Tláloc para pedirles lluvia para las próximas cosechas.
En esta ceremonia se ofrendaban niños a las nubes, se les vestía de gala y durante su ascenso al Monte Tláloc se les hacía llorar como augurio de que habría agua en abundancia. Los evangelizadores católicos utilizaron esa conmemoración y llevaron la imagen del Niño Jesús a los templos.
En el municipio de Tlacotalpan, Verracruz, esta festividad es una de las más importantes. La imagen de la Virgen de La Candelaria, patrona de la localidad, fue llevada al lugar hace 200 años. En su honor se hacen misas y procesiones, una de estas a las orillas del río Papaloapan.
En el festejo, que comienza desde el 31 de enero y concluye el 10 de febrero, participa gente de los municipios de Alvarado y de Cosamaloapan. Se acostumbra soltar toros por las calles y el baile de zapateado, todo en el marco de una verbena popular.
Otros lugares donde esta fecha se conmemora con grandes fiestas son Salvatierra y Santa Catarina, en Guanajuato; Naupan, en la Sierra Norte de Puebla; Zumpango del Río, en Guerrero, y en Minatitlán, en Veracruz.