Solemos exagerar y sobredimensionar lo que las TIC o cualquier entorno de aprendizaje, formal o informal, pueden lograr. Solemos inventar palabras rimbombantes, que a veces son más cosa de marketing que de realidad. Y no es que esté yo en contra de los nuevos entornos, todo lo contrario, pero debemos ser críticos de los cambios que en realidad provocan.
Decía Baden Powell, el fundador del movimiento scout «hay que dejar este mundo en mejores condiciones de como lo encontramos» Y para un movimiento juvenil de más de 100 años, descubrir que no se ha cambiado el entorno, puede ser frustrante. Por supuesto que habrá quien diga que el tamaño de los scouts, respecto del planeta, hace imposible dejar el mundo mejor de cuando lo encontramos sólo por la actividad de los jovencitos de pantalón corto. Y es cierto. El planeta sólo mejorará cuando los dueños de los capitales dejen de depredar al planeta, con la connivencia de gobiernos del mundo. Eso sí, simbólicamente es fundamental tener movimientos educativos y juveniles poniendo en la mesa los temas más serios para nuestra supervivencia: medio ambiente, pobreza, género, acceso a nuevas tecnologías, etcétera. Pero hay que tener claridad en el alcance de grupos de la sociedad civil, que son pequeños respecto de las necesidades del planeta. Esto es, somos la conciencia, -el Pepe Grillo-, que pone en la mesa el sueño de un mundo mejor.
En el terreno de las nuevas tecnologías, usamos palabras que suenan maravillosas, como «prosumidores», que en el papel suenan estupendo, o quizás un poco a marketing. El caso es que abandonar el puro consumo estamos muy lejos. Ojalá llegue el día en que produzcamos y consumamos como sociedad, pero estamos lejos de que eso se ejecute de forma estructural. Al día de hoy se usan términos acuñados como este para presumir en congresos.
¿Somos hoy más tontos?
Recientemente se publicó un estudio realizado en Noruega a más de 700,000 jóvenes de entre 18 y 19 años de edad, encontrando que el coeficiente intelectual había bajado alrededor de 7 puntos desde los años 70, hasta la actualidad. No hay alarmarse, ya que el estudio que se realizaba en los años 70 tenía un contexto muy diferente. Las tecnologías de aquel entonces son muchos más primitivas que las de hoy en día. Progresivamente las TIC nos han facilitado la vida. Yo recuerdo que antes yo me sabía de memoria los números telefónicos de todo mundo, y era un ejercicio maravilloso. Pero llegaron las tecnologías y ahora es difícil incluso que sepas desde qué número te llega una llamada, para eso está el aparato que lo recuerda por ti. O el caso que hemos venido comentando anteriormente de la Inteligencia artificial, la cual nos facilita incluso el ya no tener que redactar un texto. Todos estos avances deberían suponer que vamos dejando de hacer labores mecánicas, para que lo hagan aparatos, y nos dediquemos a labores más intelectuales y de mayor profundidad. Y eso es lo que no está sucediendo. Y de allí la distancia entre el IQ (coeficiente intelectual) de los años 70 y la actualidad. ¿Y qué hacer?
¿La nueva pedagogía es un error?…
Así comienza su crítica al modelo educativo activo, centrado en el estudiante, que hemos defendido desde el principio como modelo a seguir. Inger Enkvist es entrevistada por El País, y centra su crítica en los factores que no están ayudando a mejorar los aprendizajes de los estudiantes. Si bien critica las nuevas tecnologías, lo que en realidad hace es criticar sus usos. Podríamos resumir su postura en lo siguiente:
1. Se requiere más disciplina y horas de trabajo en un estudiante. Considera que es un engaño el pretender dulcificar el cómo se les presenta la escuela a los estudiantes. Por ejemplo con salones con cojines para que estén más cómodos los estudiantes.
2. Valora el que los colegios limiten el ingreso de dispositivos móviles a las escuelas, y que también debería suceder eso en casa.
3. Ella considera que a la escuela se va a trabajar y estudiar y no simplemente a hacer actividades.
De principio se puede reaccionar, en favor o en contra, a todo o nada con relación a su postura, y nos meteríamos a discusiones polarizantes que tanto aburren últimamente y que no ayudan. Yo ponderaría su punto de vista de la siguiente manera:
PROS
1. Si tomamos en cuenta lo que nos habla el estudio noruego, algo hay qué hacer para que no siga bajando el IQ y terminemos como los gorditos de la película Wall-e. Esto es, unos verdaderos inútiles. La propuesta de Inger Enkvist es regresar a la disciplina y el trabajo constante.
2. Como he defendido antes, la memorización es un elemento que no debe ser erradicado de la educación, aunque muchas cosas las haga ya una máquina.
3. Todo cambio tecnológico no es bueno, ni malo, lo que no tiene es remedio. Y el periodo que nos lleva adaptarnos al nuevo entorno es crítico. Y parte de ello es plantearnos de qué forma lo que las tecnologías liberan de trabajo a nuestros cerebros son sustituidos por experiencias más retadoras y profundas. Y en este sentido, la visión de Inger Enkvist me parece que hace sentido. No se trata de adoptar herramientas sólo porque es lo nuevo. Debemos procesarlas, adaptarlas, dominarlas y nosotros dar un paso intelectual hacia adelante, y eso se hace sólo con trabajo. Lo demás puede ser una peligrosa apuesta de la que ya nos está advirtiendo nuestra caída en el coeficiente intelectual.
CONTRAS
1. También noto que la propuesta es como un lamento del pasado. Aprecio la visión del trabajo disciplinado y constante de los estudiantes, y me imagino la visión de la maestra con un docente al frente y al centro del proceso. Lo que no comparto es que los nuevos entornos sean malos. De hecho, no son tan nuevos, vienen de Piaget, Vygosky y compañía.
2. También se requiere la adaptación a nuevas teorías pedagógicas. No me parece que sean una forma de justificar una dictadura de los estudiantes. En ese sentido, sí que la visión de Enkvist es un tanto una nostalgia de otros tiempos.
En resumen, no considero que las nuevas pedagogías vayan a desaparecer, ni es lo deseable, pero si queremos que el aprendizaje no sólo sea divertido, estimulante, basado en proyectos, etcétera, debemos asegurarnos que haya profundidad en el mismo. Allí coincido plenamente con Enkvist. Un ejemplo, yo coordiné algunos años las delegaciones de la Feria Mexicana de Ciencias e Ingenierías que iban a la feria Intel ISEF, de la cual ya hemos hablado anteriormente. Eran 4 ferias y en cada una teníamos un evento regional al cuál invitábamos a científicos o educadores renombrados nacionales o incluso internacionales que hablaran de ciencia con los estudiantes. Como siempre, algunas buenas, otras malas. Recuerdo alguien que platicaba de hacer ciencia como ir a la feria a divertirse mucho (lo curioso es que esta persona, a pesar de haber estudiado un área científica era el administrador de una empresa patrocinadora del evento. O sea, no hacía ciencia, pero bien que recomendaba hacerla). Esto particularmente no ayuda, porque en cuanto el estudiante se encuentra con dificultades en su proyecto científico, hay un riesgo importante de que abandone. Un caso diferente fue el de René Drucker Colín, el afamado científico mexicano de la UNAM, quien en el plano profesional aportó avances importantes en el área del mal de Parkinson. Él se presentó en la Feria de Guadalajara en el Tec de Moneterrey. Su charla podría haber sido de: Porqué dios me hizo tan inteligente; o porqué debes estudiar ciencia niño…es padrísima. En lugar de ello les fue presentando un proyecto que estaba realizando en tiempo presente (no recuerdo bien el proyecto, y no quiero inventar), y los fue llevando a los estudiantes paso a paso con lo que iba haciendo, las fuentes que tenía qué consultar, los obstáculos que le aparecían y cómo los iba resolviendo y la cantidad de trabajo que tenía qué atender en todo este proceso. Al final, les había presentado, sin él saberlo, ni pretenderlo, el protocolo científico que los estudiantes estaban presentando en esos momentos. No les prometió un viaje fantástico y lleno de emociones…les habló con la verdad y eso resultó muy estimulante a la audiencia.
Pienso que de eso se trata, no de hacer frases que vayan al marketing. Se trata de incorporar las nuevas pedagogías, pero sin abandonar los elementos fundamentales que enseñan a los estudiantes disciplina, trabajo y resultados.