Opinión

El comentario de Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

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XIX  Domingo Ordinario C

Estén preparados (cf. Lc 12, 32-48)

+Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

Sin duda, hay muchas cosas que nos preocupan: qué pasará en casa; cómo nos irá en la escuela; qué sucederá en el trabajo; cómo terminará todo. Y es que a veces el panorama se ve muy complicado. Pues hoy Jesús nos tranquiliza diciéndonos que a fin de cuentas todo acabará bien, porque nuestro Padre Dios nos ofrece ser eternamente felices con él. ¡Precisamente para eso lo envió!

Encarnándose y amando hasta dar la vida, Jesús ha hecho su parte, rescatándonos del pecado, compartiéndonos su Espíritu, uniéndonos a su cuerpo la Iglesia y haciéndonos hijos de Dios. ¿Qué nos toca a nosotros? Estar preparados, avanzando siempre, iluminados con la lámpara de la fe, que podemos mantener encendida con la Palabra de Dios, la Eucaristía, la Liturgia, la oración, e iluminando con nuestras buenas obras la vida de los demás, como explica san Gregorio[1].

A la luz de la fe vemos el recorrido completo, hasta la meta: la casa del Padre. Eso nos anima, como confortaba al pueblo el anuncio de la liberación pascual[2]. Así, seguros de que con Dios todo acaba bien, somos capaces de seguir adelante, como hicieron Abraham y Sara, a pesar de todos los obstáculos[3].  ¡Dios nos salva del peor de los males: la muerte[4]!

La vida, como recuerda el Papa, es un camino hacia la eternidad; y desde esta perspectiva, cada momento se vuelve precioso para, con los pies en la tierra, hacer todo el bien que podamos, anhelando llegar al cielo[5]. Se trata de vivir plenamente y dar lo mejor de nosotros a la familia, a los amigos, a los vecinos, a los compañeros, a los más necesitados, sin nunca decir o hacer algo que los lastime o que los perjudique, teniendo claro el objetivo: llegar juntos a la casa del Padre.

Cuando lo olvidamos, nos enganchamos con cosas que son pasajeras, hasta terminar destruyéndonos a nosotros mismos y a los demás. En cambio, teniendo presente a dónde vamos, sabremos aprovechar cualquier oportunidad para avanzar, haciendo que nuestra vida y la todos sea mejor. Así, sin dejarnos encadenar por las penas, los problemas y las ingratitudes, nos realizaremos en esta tierra y nos iremos preparando para ser dichosos por toda la eternidad.


[1] Cf. In Evang., hom. 13.

[2] Cf. 1ª. Lectura: Sb 18,6-9.

[3] Cf. 2ª. Lectura: Hb 11,1-2.8-19.

[4] Cf. Sal 32.

[5] Cf. Ángelus, 11 de agosto de 2019.

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