Connect with us

Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

Published

on

El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Educación

Mitos y realidades sobre la hidratación en temporada de frío

Published

on

By

Cuando bajan las temperaturas, es común que bajemos nuestra ingesta diaria de agua. El frío puede disminuir nuestra sensación de sed y con los cambios en nuestros hábitos, pasamos más tiempo sin hidratarnos. Sin embargo, no sentir sed no significa que nuestro cuerpo deje de necesitar agua. Mantener una hidratación adecuada durante esta temporada sigue siendo importante para nuestro bienestar y para el buen funcionamiento del organismo.

“Durante el invierno, uno de los principales retos es que las pérdidas de líquidos pueden ser menos evidentes. No siempre sentimos el mismo nivel de sed ni notamos el sudor de la misma manera, pero nuestro cuerpo continúa perdiendo agua. Por eso es importante procurar una hidratación constante a lo largo del día y no esperar a tener sed para tomar agua”, explica Ximena Barajas, nutrióloga de Bonafont.

Para entender mejor qué sucede con nuestro cuerpo durante esta temporada, Bonafont comparte algunos de los principales mitos y realidades sobre la hidratación en invierno.

Mito: Si no tengo sed, significa que no necesito tomar agua.

Realidad: La sed es una señal importante de que el cuerpo necesita líquidos, pero no siempre aparece de manera oportuna. Por ejemplo, cuando hace frío podemos sentir menos sed, aunque el cuerpo siga perdiendo líquidos. Por eso, es recomendable beber agua regularmente durante el día y prestar atención a las señales de nuestro cuerpo, incluso cuando las temperaturas son bajas.

Mito: En invierno perdemos menos agua que en verano.

Realidad: Las formas en las que perdemos líquidos pueden ser menos evidentes, pero continúan. Al respirar eliminamos vapor de agua, podemos sudar durante la actividad física y el frío también puede favorecer una mayor producción de orina. La combinación de estos factores puede generar pérdidas que pasan desapercibidas.

Mito: Si hago ejercicio cuando hace frío, no necesito hidratarme porque sudo menos.

Realidad: El sudor puede quedar oculto bajo las capas de ropa y no siempre percibimos cuánto líquido estamos perdiendo. Por eso, beber agua antes, durante y después de la actividad física sigue siendo parte importante del cuidado del cuerpo, aún con bajas temperaturas.

Mito: El café y el té pueden sustituir el consumo de agua.

Realidad: Cuando hace frío, estas bebidas suelen ganar protagonismo y también aportan líquidos. Aunque la cafeína tiene un efecto diurético, en las cantidades habituales esto no impide que contribuyan a la hidratación. Aun así, el agua natural sigue siendo la mejor opción para hidratarse de manera habitual.

La cantidad de agua que necesita cada persona puede variar de acuerdo con factores como el peso, el nivel de actividad y las condiciones del entorno. Como referencia general, consumir al menos 2 litros de agua al día puede ayudar a mantener una adecuada ingesta de líquidos y favorecer el funcionamiento normal del organismo.

La hidratación no debería depender de la estación del año, sino formar parte de nuestros hábitos cotidianos. Tener agua a la mano e hidratarse regularmente, es una forma sencilla de cuidar nuestro bienestar durante todo el día. Bonafont acompaña este hábito con agua 100% ​ de origen natural, para que mantenernos hidratados también sea parte de nuestra rutina en los meses de frío.

Continue Reading

Educación

¿Qué harías con ese objeto que no puedes tirar? Tornagris propone convertir los recuerdos en arte

Published

on

By

El artista mexicano José Carlos Galicia propone experiencias creativas en las que objetos cotidianos se convierten en piezas que narran historias personales. Su trabajo reúne ilustración, literatura, arte objeto y participación del público.

Una silla, un balón de futbol, una carta o un objeto olvidado en algún rincón de la casa pueden parecer cosas sin importancia. Sin embargo, detrás de ellos pueden esconderse recuerdos, despedidas, personas y momentos que forman parte de nuestra historia.

Esa relación entre los objetos y las emociones es uno de los puntos de partida de la propuesta artística de José Carlos Galicia, conocido como Tornagris, creador mexicano que ha desarrollado un lenguaje visual y literario alrededor de los sentimientos, la memoria y las relaciones humanas.

A través de sus talleres de intervención artística, Tornagris invita a los participantes a observar los objetos desde una perspectiva diferente. No se trata únicamente de pintarlos, dibujarlos o transformarlos físicamente, sino de descubrir qué representan y convertir esa reflexión en una expresión creativa.

Durante los encuentros, el artista comparte su propio proceso de creación y guía una conversación sobre los recuerdos, las experiencias y las historias personales. A partir de ejercicios de escritura, dibujo e intervención, los asistentes desarrollan una pieza que refleja su manera de interpretar aquello que han vivido.

Las experiencias pueden realizarse con objetos que los participantes llevan consigo o mediante materiales como papel y cartón, permitiendo adaptar la dinámica a distintos espacios y públicos.

Del papel y los libros a los espacios de exhibición

La propuesta de Tornagris es una extensión de un universo creativo que ha construido a través de ilustraciones, viñetas, publicaciones y obras de arte objeto.

Entre sus libros se encuentran Se te olvidó decirme cómo dejarte de querer, Para mí tú eres increíble y Todos estamos rotos, publicaciones en las que aborda el amor, la amistad, las pérdidas y otras experiencias personales mediante textos e ilustraciones.

Esta exploración también tiene presencia en espacios culturales. En septiembre de 2026 inauguró en el Museo de Arqueología e Historia de El Chamizal, en Ciudad Juárez, la exposición Todos estamos rotos (pero volveremos a brillar), presentada con el Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez (IPACULT).

La muestra reúne piezas de arte objeto, poesía, dibujos y viñetas, y podrá visitarse gratuitamente hasta el 18 de octubre de 2026.

Una invitación a mirar lo cotidiano de otra manera

En sus talleres, Tornagris plantea que el proceso creativo no necesariamente comienza con una gran idea o una habilidad técnica, sino también con una experiencia común, una emoción o un objeto aparentemente insignificante.

Su propuesta abre un espacio de conversación y creación en el que cada participante puede decidir qué historia quiere contar y cómo representarla.

Con un lenguaje sencillo y cercano, el artista continúa explorando las posibilidades del arte para conectar experiencias individuales con emociones compartidas.

Sobre Tornagris

José Carlos Galicia, Tornagris, es un artista visual, ilustrador y autor mexicano. Su trabajo comprende viñetas, literatura, ilustración y arte objeto, con una mirada centrada en las emociones y las experiencias humanas. Instagram del artista: @tornagris

Continue Reading

Educación

Gobierno del Estado fortalece vinculación con IBERO Puebla para impulsar el turismo

Published

on

By

El Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Desarrollo Turístico, encabezada por la secretaria de Desarrollo Turístico, Carla López-Malo Villalón, fortaleció la vinculación con la Universidad Iberoamericana Puebla mediante la firma de un convenio de colaboración que permitirá sumar esfuerzos en materia de investigación, formación, educación y capacitación, así como fortalecer el Observatorio Turístico de Puebla para generar información que contribuya a la toma de mejores decisiones para el sector.

En concordancia con la visión de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, de impulsar un desarrollo con bienestar y oportunidades para todas y todos, y con la visión del gobernador Alejandro Armenta Mier de poner a las personas primero y generar oportunidades para las nuevas generaciones, este acuerdo permitirá que las y los estudiantes de la IBERO Puebla realicen servicio social, prácticas profesionales y participen en proyectos de investigación de mercados vinculados con el sector turístico.

Asimismo, las y los colaboradores de la Secretaría de Desarrollo Turístico podrán acceder a la oferta de educación continua y programas de posgrado de la Universidad Iberoamericana Puebla, con el propósito de fortalecer sus procesos de profesionalización y desarrollo.

Durante la firma, la secretaria de Desarrollo Turístico, Carla López-Malo Villalón, destacó que esta alianza con una institución educativa de prestigio permitirá sumar capacidades para fortalecer el desarrollo turístico de Puebla, al generar nuevos espacios de colaboración en investigación, formación y capacitación.

Subrayó que la vinculación con la comunidad universitaria también permitirá incorporar nuevas perspectivas y conocimientos al sector, al tiempo que se generan oportunidades para que las y los jóvenes tengan un acercamiento directo con la realidad turística del estado.

Por parte de la Universidad Iberoamericana Puebla, el rector Alejandro E. Guevara Sanginés resaltó la importancia de esta colaboración entre el Estado y la Universidad, al señalar que este tipo de alianzas contribuyen a la formación de mujeres y hombres que participen en la transformación de su entorno.

El convenio contempla también la coordinación e implementación de actividades conjuntas en materia de cultura, investigación, formación y educación, en beneficio de las comunidades de ambas instituciones.

En el acto estuvieron presentes, por parte de la IBERO Puebla, el director general Académico, José Alberto Lara Pulido; el director general del Medio Universitario, José Cervantes Sánchez; la directora del Departamento de Negocios, María Elena Pérez Pulido; y el coordinador de la Licenciatura en Administración Turística y de la Hospitalidad, Vladimir Barra Hernández.

Por parte de la Secretaría de Desarrollo Turístico asistieron el subsecretario de Desarrollo Turístico, Carlos Márquez Pérez; el subsecretario de Promoción Turística, José Miguel Vélez R. Moreno; el director jurídico, Jorge Ignacio Cárdenas Sánchez; y la directora de Patrimonio Turístico, Matilde Sierra Sánchez.

Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement

Trending

Revista Puebla Derechos Reservados © 2023