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Espectáculos

Este 30 de abril, el plan para tu familia esta en Inflalandia

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En un momento donde el entretenimiento está profundamente influenciado por el ecosistema digital, Inflalandia Quack México está marcando pauta al convertir dinámicas virales en experiencias físicas. Más que un parque inflable, la marca se posiciona como un puente entre el contenido que se consume en pantalla y las experiencias que hoy buscan las audiencias: participativas, compartibles y memorables.

El fenómeno no es menor. Actualmente, TikTok cuenta con más de 1,300 millones de usuarios activos mensuales a nivel global y cerca de 85 a 99 millones de usuarios en México, colocándose entre los países con mayor penetración de la plataforma. Además, el 71% de sus usuarios tiene entre 18 y 34 años, consolidándose como el principal canal de consumo y creación de contenido para nuevas generaciones.

En el caso específico de Inflalandia Quack México, su cuenta oficial de Tik Tok tiene más de 2 millones de seguidores y un promedio de interacción mayor a 4 millones, lo que representa que la audiencia disfruta e interactúa con la marca y esto es una muestra de la importancia que ha adquirido dicha red.

En este contexto, Inflalandia no sólo entiende la conversación digital: la materializa.

“A diferencia de los modelos tradicionales de entretenimiento, nuestro parque inflable temático de patitos de hule bajo techo ha construido una propuesta basada en la lógica de TikTok: contenido breve, interacción constante y alto potencial de viralización” menciona Maribel Rodríguez, Directora de Mercadotecnia de Grupo PIM (Parques Inflables México). “Cada visita se convierte en una oportunidad de generar contenido, replicar tendencias y formar parte de una comunidad activa” continúa.

La estrategia ha llevado a la marca a convertirse en el parque inflable con mayor número de seguidores en TikTok, incluso por encima de referentes globales del entretenimiento, evidenciando cómo el engagement hoy se construye desde la participación y no sólo desde la oferta.

“Pato pa’ todos”: co-creación en tiempo real

Como parte de esta evolución, Inflalandia Quack lanzó la campaña “Pato pa’ todos”, una iniciativa que traslada la dinámica participativa de TikTok al mundo físico.

A través de esta convocatoria, los usuarios son invitados a crear frases originales que pueden formar parte de la experiencia dentro del parque, incentivando la creatividad, la conversación y el sentido de pertenencia.

La frase ganadora de este mes, “Pato el que lo lea”, refleja el tipo de humor inmediato, sencillo y altamente replicable que domina la cultura digital actual, y que ahora se traslada al espacio físico como parte de la experiencia.

“Me emociona mucho que sea yo quien aparezca y fomente que mis amigos visitantes participen creando estas frases”, comenta Tu Amigo Pato, CEO de Inflalandia Quack México. “Para mí, es una oportunidad maravillosa para seguir aumentando mi grupo de amigos, quiero junto a ellos seguir creando contenido divertido en nuestras redes y las de ellos”.

Más allá de ser un canal de difusión, TikTok se ha convertido en el eje estratégico de este centro de entretenimiento con lo que amplifica su presencia, lanza convocatorias y construye comunidad en tiempo real.

Esta estrategia cobra especial relevancia con la apertura de Inflalandia Quack Guadalajara durante este mes, una expansión clave que busca conectar con nuevas audiencias a través de contenido orgánico y conversación digital, consolidando a la marca como un referente nacional en entretenimiento experiencial.

El plan ideal para el Día del Niño (y más allá)

En una temporada donde las familias buscan opciones que vayan más allá de lo tradicional, Inflalandia se posiciona como una alternativa que combina actividad física, creatividad y entretenimiento inmersivo.

“A diferencia de opciones pasivas, Inflalandia ofrece experiencias activas y seguras; espacios diseñados para todas las edades y dinámicas participativas que integran a niños, jóvenes y adultos, que consolidan aún más esta alternativa como la ideal para la convivencia familiar o amistosa” concluye Maribel Rodríguez.

En un entorno donde la atención es cada vez más fragmentada, Inflalandia demuestra que el valor está en ofrecer diversión, pero también en construir experiencias donde el usuario es protagonista.

La combinación de contenido digital, participación activa y espacios físicos diseñados para el asombro posiciona a la marca como un caso relevante dentro de la evolución del entretenimiento: uno donde el scroll no se queda en la pantalla, sino que se convierte en salto. Inflalandia es el plan ideal para celebrar el Día del Niño, donde no sólo se juega, sino que también se crea.

Consulta promociones como la de los martes que en la compra del Pase Oro de una hora $279, se convierte en un Day Pass o la de miércoles con pases individuales al 2×1, a partir de mayo estas promociones disponibles también en GDL y, por supuesto, no dejes de visitar tu sucursal más cercana.

IG: @inflalandiaquackmexico

FB: Inflalandia Quack México

TIK TOK: @inflalandiaquack_mexico

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Educación

Universidad IEU celebra 50 años con IEU TALKS: un encuentro de ideas que impulsan el futuro

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Con un congreso que reúne a más de 1,700 integrantes de su comunidad, Universidad IEU conmemora cinco décadas de trayectoria educativa, innovación y compromiso con la transformación social de México.

En el marco de su 50 aniversario, Universidad IEU reafirma su compromiso con la formación de personas capaces de transformar su entorno, a través de IEU TALKS, un congreso diseñado para conectar ideas, compartir experiencias y generar nuevas perspectivas entre su comunidad universitaria.

Con sede en el Auditorio Explanada Puebla, este encuentro reúne aproximadamente a más de 1,700 asistentes, entre estudiantes, docentes, personal administrativo e invitados de honor, en una jornada que combina conocimiento, reflexión e inspiración.

Ideas que conectan. Historias que transforman.

Bajo el concepto «Mentes que transforman», IEU TALKS propone un espacio de diálogo en el que las experiencias y el conocimiento se convierten en herramientas para enfrentar los desafíos del presente y construir nuevas posibilidades para el futuro.

A través de charlas breves y dinámicas, los asistentes tienen la oportunidad de acercarse a diferentes perspectivas sobre la transformación social, la innovación, el emprendimiento y el desarrollo personal y profesional.

La programación contempla la participación de destacados ponentes, entre ellos Saskia Niño de Rivera, con la charla «La reconstrucción del tejido social»; Carlos Anaya «Kigo», quien aborda «La era que nos tocó vivir»; Roberto Quintero, con «Tu futuro emprendedor en un entorno BANI»; y Jesús Corro López, quien presenta «Construye lo que todavía no existe. Curiosidad, fracaso, experiencia y ejecución para transformar el futuro». La jornada culmina con un concierto de Ximena Sariñana

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Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

Viva México celebra su 14.ª edición y lleva el cine mexicano al corazón de París

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que entretienen, otras que cuestionan y algunas que, además, consiguen tender puentes entre culturas. Eso es precisamente lo que busca Viva México, encuentros cinematográficos, que del 6 al 12 de octubre de 2026 celebrará en París su 14.ª edición, con el Cinéma Luminor Hôtel de Ville como sede principal.

Desde su creación en 2013, Viva México se ha convertido en un espacio fundamental para acercar al público francés a la diversidad, creatividad y vitalidad del cine mexicano contemporáneo. Durante siete días, el festival no solamente propone descubrir películas recientes, sino generar un auténtico diálogo entre cineastas, profesionales, estudiantes y espectadores de México y Francia.

Y esta edición llega con un cartel de invitados que habla por sí mismo: Diego Luna, Fernando Eimbcke, Indira Cato, Rodrigo Plá, Bruno Santamaría, Victoria Clay Mendoza, Francesco Taboada Tabone, Benjamin Pech y Marion d’Ornano, quienes participarán en diferentes actividades y encuentros con el público.

La programación de esta decimocuarta edición ofrecerá una mirada amplia a la cinematografía nacional con nueve largometrajes de ficción, cuatro documentales, un programa de cortometrajes y una propuesta de cine patrimonio, que incluye Cronos.

Pero Viva México no solamente mira al presente. También apuesta por las nuevas generaciones mediante Cine Niño, programa de cortometrajes subtitulados al francés dirigido al público infantil, y Cine Joven, iniciativa enfocada en estudiantes.

Los números hablan de su alcance. En 2025, Cine Joven acercó el cine mexicano a más de 1,500 alumnos y docentes, mientras que el festival recibió más de 1,200 espectadores durante sus siete días de programación.

Uno de los grandes atractivos de esta edición será la posibilidad de escuchar directamente a destacados representantes del cine mexicano.

El director Fernando Eimbcke, una de las voces más reconocidas de la cinematografía nacional contemporánea, ofrecerá el 10 de octubre una masterclass en la Sorbonne Université, titulada La fantástica realidad, donde hablará sobre su relación con la realidad, la ficción y la espontaneidad a lo largo de su trayectoria.

Esta actividad forma parte de una colaboración que ya suma 10 años y que ha permitido llevar a la Sorbona a importantes figuras del cine mexicano como María Novaro, Michel Franco, Tatiana Huezo, Guillermo Arriaga, Nicolás Celis, Fernanda Valadez, Astrid Rondero, Juan Carlos Rulfo, Ernesto Contreras y Arcelia Ramírez, entre otros.

Por su parte, Diego Luna participará en un encuentro especial en La Fémis, una de las principales escuelas de cine de Francia, donde conversará sobre su trayectoria y compartirá sus experiencias con las nuevas generaciones de cineastas franceses.

Y aquí está, quizá, uno de los mayores valores de Viva México: no se trata solamente de llevar películas mexicanas a Francia, sino de poner en contacto a quienes hacen cine, quienes están aprendiendo a hacerlo y quienes lo disfrutan.

La edición 2026 adquiere además un significado especial al desarrollarse en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia.

En este contexto se presentará en línea la nueva Guía de Coproducción Francia-México, elaborada por Cinélatino, en colaboración con el Instituto Francés de América Latina (IFAL), el Centre national du cinéma et de l’image animée (CNC) y el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE).

Esta iniciativa forma parte de la estrecha colaboración que VIVA MEXICO mantiene con IMCINE y responde a una intención muy concreta: favorecer no solamente la circulación de las películas mexicanas en Francia, sino también fortalecer los intercambios entre las industrias cinematográficas de ambos países.

Porque el cine, además de contar historias, genera oportunidades, abre conversaciones y puede convertirse en una poderosa herramienta para construir vínculos internacionales.

Hay otro aspecto que me parece especialmente relevante: Cine Conexión, iniciativa mediante la cual Viva México genera encuentros en espacios institucionales franceses para reunir al mundo cinematográfico con la sociedad civil y representantes públicos alrededor de temas de actualidad.

En ediciones anteriores se han abordado asuntos como la migración, la salud mental y el acceso universal al agua.

Este año, la conversación pondrá el foco en el ciberacoso y las violencias digitales, un problema que afecta particularmente a las nuevas generaciones y que demuestra que el cine también puede ser un punto de partida para discutir los desafíos que enfrentamos como sociedad.

Y como una buena celebración mexicana no puede quedarse únicamente en las salas de cine, Viva México conserva desde sus orígenes su carácter festivo y cultural.

Durante el fin de semana, el público podrá disfrutar de un Mercadito mexicano, con venta y degustación de especialidades que permitirán prolongar la experiencia más allá de las películas.

Así, durante una semana, el Cinéma Luminor Hôtel de Ville y distintos espacios culturales y académicos de París se convertirán en puntos de encuentro donde convivirán películas, conversaciones, actividades profesionales, gastronomía, estudiantes, cineastas y público.

Y es que celebrar catorce ediciones no es poca cosa. Viva México ha conseguido construir, desde 2013, una plataforma que permite que Francia conozca distintas caras del México contemporáneo a través de sus historias, sus realizadores y sus imágenes.

Catorce ediciones después, Viva México reafirma su misión: crear en Francia un espacio de encuentro, difusión y reflexión alrededor del cine mexicano; acercar nuestras películas y nuestros creadores a nuevos públicos y, sobre todo, fortalecer los lazos cinematográficos entre México y Francia.

Porque cuando una película cruza una frontera, no solamente viaja una historia. También viajan nuestra cultura, nuestra memoria, nuestras preguntas y nuestra manera de mirar el mundo.

Y desde París, el cine mexicano vuelve a demostrar que tiene mucho que decir.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx Redes Sociales: @RayZubiri

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