Opinión

Este es mi hijo muy amado; escúchenlo: Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

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II Domingo de Cuaresma, ciclo A

Este es mi hijo muy amado; escúchenlo (cf. Mt 17,1-9)

+Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

La vida es una aventura maravillosa. Pero a veces, mientras caminamos en esta tierra, sentimos que todo es muy plano; siempre lo mismo en casa, en la escuela y en el trabajo; vamos de compras, al antro, al gym, salimos con los amigos, navegamos en las redes sociales… todo igual. Y aunque de vez en cuando haya baches y montículos, eso no llena ni es para siempre. Entonces quizá nos preguntemos: ¿Hay algo más? ¿Cómo se alcanza?

Dios nos responde; como hizo con Abraham[1], nos anima a salir de nuestro reducido mundo y a seguir el camino que nos muestra para alcanzar algo extraordinario y sin final. Eso es lo que hace en Jesús, que, como a Pedro, Santiago y Juan, nos invita a ir de excursión para “subir” juntos hacia Dios. ¡Vayamos con él! No seamos flojos. Nos nos quedemos estancados. Jesús ha venido a liberarnos del pecado y darnos vida[2]. ¡Él es nuestra esperanza[3]!

Eso es lo que nos demuestra en su transfiguración, en la que, además de revelarnos que es Dios hecho uno de nosotros para salvarnos y ser nuestro compañero y guía de camino, nos hace ver lo que, amando hasta dar la vida, nos ofrece: participar de su vida plena y eterna. Por esoel Padre, que nos quiere tanto, nos da este gran consejo: “Escúchenlo”.

Escuchemos a Jesús en su Palabra, en la Eucaristía, en la Liturgia, en la oración y en el prójimo. ¿Y qué nos dice?: “Levántense, no tengan miedo”. Él, que como explica san Agustín, vino a servir, nos pide hacer lo mismo[4]. Nos anima a levantarnos del pecado, del egoísmo, de los temores, de los malos momentos y de las presiones de la moda y del ambiente, y echarle ganas a la vida, a la familia y al mundo, sabiendo que el que ama y hace el bien llega a la cumbre: la resurrección y la vida por siempre feliz.

“A Jesús –recuerda el Papa– hemos de seguirlo juntos”[5]. Iluminados por el Espíritu Santo, procuremos aquello que nos une: el amor. Ese amor, que en definitiva es Dios[6], nos da la fuerza para ser comprensivos, justos, pacientes, solidarios y serviciales, para perdonar y para pedir perdón[7]. Así, a pesar de las penas, de la rutina y de los problemas, miraremos mejor el panorama, el camino y la meta, y podremos avanzar juntos hacia ella.


[1] Cf. 1ª. Lectura: Gn 12,1-4.

[2] Cf. 2ª. Lectura: 2 Tim 1,8-10.

[3] Cf. Sal 32.

[4] Cf. Sermón 78, 6.

[5] Mensaje para la Cuaresma de 2023.

[6] Cf. 1 Jn 4, 8.

[7] Cf. 1 Cor 13, 4-7.

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