*Considerada la segunda ciudad más importante de la Nueva España, su nombre en náhuatl es “Cuetlaxcoapan” y significa “lugar donde las serpientes cambias de piel”.
Situada al pie del volcán Popocatepetl, fue fundada el 16 de abril de 1531, es una de las más emblemáticas del país por su estilo barroco, historia, cultura y gastronomía, reconocida como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.
La necesidad de una ruta comercial más corta entre la Ciudad de México y Veracruz; hizo que se comenzara a plantear la creación de una ciudad alejada de los asentamientos indígenas y dedicada al descanso y comercio de españoles.
En 1530 Don Sebastián Ramírez de Fuenleal, presidente de la Segunda Real Audiencia de México, comisionó a fray Toribio de Benavente «Motolinía » para que partiera de su diócesis en Tlaxcala, a buscar algún sitio adecuado para la creación de la nueva ciudad.
El 20 de marzo de 1532, Carlos V por decreto en una Real Cédula impuso al asentamiento el título de Ciudad de Puebla los Ángeles y posteriormente en 1558 el título de Noble y Leal Ciudad de Puebla los Ángeles. En 1561 el de Muy Noble y Leal Ciudad de Puebla de los Ángeles y, en 1576, se le nombró Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Puebla de los Ángeles; en cuanto al escudo de armas de la ciudad, este fue otorgado en 1538 a través de una Provisión Real que elaboró el escribano Juan de Sámano y suscribió también la reina Isabel de Portugal.
La imperiosa necesidad de la mano de obra indígena era evidente, tanto para la construcción, como para el comercio, así que se le permitió a parte de la población indígena de Tepeaca, Cholula y Huejotzingo, establecerse en los márgenes orientales de la ciudad. Siendo estos los antecedentes de los barrios populares de la ciudad como Analco, Xanenetla y El Alto entre otros.
La ciudad de Puebla prosperó rápidamente, tanto en lo comercial como en lo cultural, convirtiéndose en la segunda ciudad más importante de la Nueva España.
Debido a la posición estratégica de Puebla, durante el virreinato, fue el centro de la actividad económica que se derivaba del comercio y transporte de mercaderías a cargo de la Nao de China, el Galeón de Manila o la Nao de las Filipinas, Puebla recibió y asimiló parte de la cultura oriental la cual todavía puede apreciarse en su cerámica destacando los jarrones, vajillas y otros ornamentos, además la región prosperó en su agricultura convirtiéndose en el granero de la Nueva España y en un importante centro gastronómico.
Los cronistas, como Motolinía, Herrera y Tordesillas, Torquemada, Vetancourt y Gil González Dávila, mezclaron la leyenda, los hechos y lo probable.
En la década de 1920, al cumplirse los cuatrocientos años de la fundación, se planteó casi como un imperativo práctico el renacimiento del tema en la historiografía, que aprovecharon los hijos nativos y adoptivos de la ciudad, y en especial al alemán Hugo Leicht, para tratar de resolver el problema de dónde y cómo debía conmemorarse la fundación.
La leyenda. Una leyenda que hace referencia a su fundación, cuenta que el obispo de Tlaxcala, Julián Garcés, durante un sueño vio a un campo en medio de él había un río y a los lados otros dos. El campo tenía hierbas, flores y manantiales de agua. También observó a dos ángeles que trazaban y delimitaban con cuerdas lo que sería sus límites. En la mañana, al despertar, contó su sueño a otras personas quienes lo acompañaron a 25 km aproximadamente de Tlaxcala, donde encontró el campo que había soñado. De esta leyenda surgió el nombre de «Puebla de los Ángeles».