Entrevistas
La Virgen de Guadalupe en el siglo XXI: cuando la fe dialoga con la ciencia
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9 meses agoon
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EL CONFESIONARIO
Por Ray Zubiri
En un país donde la Virgen de Guadalupe no es solo un símbolo religioso, sino un elemento fundacional de nuestra identidad colectiva, resulta fascinante encontrar obras que se atreven a explorar el fenómeno guadalupano desde los distintos ángulos que ofrece la ciencia contemporánea. Ese es el desafío —y el logro— del libro La Virgen de Guadalupe en la ciencia del siglo XXI del investigador oriundo de San Luis Potosí Alejandro Pedroza Meléndez, quien entrega un análisis moderno, integral y profundamente respetuoso sobre uno de los íconos más estudiados y venerados de México y del mundo.
¿Quién es Alejandro Pedroza Meléndez?
Pedroza Meléndez es un investigador con Doctor en Ingeniería Biomédica, fundador del Departamento de Semiconductores de la BUAP, del Departamento de Microelectrónica de la BUAP y el Departamento de ingeniería Biomédica del DIF-Puebla. Ha desarrollado más de cien instrumentos en las áreas de: Semiconductores, microelectrónica, instrumentación médica, robótica y dispositivos espaciales. 10 libros Publicados y más de 100 artículos científicos y director técnico nacional de proyecto SATEX-1
Asesor de la Agencia Espacial Mexicana doctorado ingeniería biomédica y microelectrónica.
Además de su labor académica y tecnológica, ha mostrado un interés sostenido en los estudios sobre la Virgen de Guadalupe, combinando su formación científica con investigaciones sobre la imagen religiosa.
Es miembro del Centro de Estudios Guadalupanos (CEG), institución que promueve investigaciones, conferencias y difusión sobre el fenómeno guadalupano desde múltiples disciplinas — historia, teología, ciencia, arte.
¿Qué propone su investigación sobre la Virgen de Guadalupe?
En su obra —y en los estudios que ha realizado mismos a los que tuve acceso— Pedroza Meléndez ha abordado la imagen de la Virgen de Guadalupe desde una perspectiva científica y tecnológica. Algunos de sus planteamientos y hallazgos más destacados:
A partir de fotografías “amplificadas” de los ojos de la imagen (tomadas en 1974 por Juan Manuel Flores Benítez, bajo la iniciativa del neurocirujano Jorge Álvarez Loyo), Pedroza revisó esos negativos utilizando herramientas computacionales modernas.
Según su análisis, en los ojos (especialmente en el ojo derecho) aparecerían reflejos que no habían sido detectados anteriormente: no sólo la silueta de una figura humana (identificada como Juan Diego Cuauhtlatoatzin), sino también lo que algunos describen como la presencia de la imagen de la Virgen, flores y otros detalles simbólicos.
Su estudio aplica principios ópticos históricos —como los derivados de los trabajos de Jan Evangelista Purkinje y Louis Sanson — adaptándolos al análisis de fotografía, microscopía e ingeniería biomédica, para argumentar que esos reflejos podrían tener explicación científica.
El Dr. Pedroza sostiene que la imagen sobre la tilma —clasificada tradicionalmente como “aquiropita” o no hecha por mano humana— podría tener propiedades ópticas o físicas que permiten fenómenos de reflejo poco comunes, lo que abriría una explanación técnica de ciertos “misterios” guadalupanos.
Además de este ángulo óptico, su vínculo con el CEG lo ha llevado a apoyar iniciativas de difusión, conferencias y reintegración de debates entre historia, fe y ciencia.
El libro que actualiza un debate que nunca termina
Pedroza Meléndez no cae en triunfalismos ni en posturas cerradas. Su obra no busca hacer proselitismo, ni desacreditar creencias, ni emitir juicios definitivos. Al contrario: presenta con claridad los estudios realizados en diferentes épocas—desde las primeras indagaciones de los años cincuenta hasta los análisis más recientes—integrando nuevas interpretaciones y herramientas de la ciencia actual.
Su estilo es accesible sin perder rigor. Explica desde la composición de las fibras del ayate hasta la ausencia de preparación pictórica; reflexiona sobre los pigmentos, los procesos de deterioro y conservación, y la sorprendente estabilidad de la imagen a lo largo de casi cinco siglos. Todo ello acompañado de referencias históricas y culturales que permiten comprender por qué la Virgen de Guadalupe trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno social, psicológico y simbólico.
El enigma que mira de vuelta: el estudio del ojo de la Virgen
Uno de los capítulos más cautivadores —y que el propio Pedroza desarrolla con especial detalle— es el de los estudios del ojo de la Virgen, un tema que ha despertado interés científico e incluso polémicas durante décadas.
A lo largo del siglo XX, varios investigadores afirmaron encontrar en los ojos de la imagen pequeñas figuras reflejadas, como si la tilma capturara una escena al modo de un espejo cóncavo humano. Este fenómeno se conoce como “la ley de Purkinje-Sanson”, principios ópticos que explican cómo los ojos reales reflejan su entorno.
Pedroza Meléndez revisa cada una de estas investigaciones, desde las fotografías ampliadas de los años cincuenta hasta los análisis digitales actuales. Examina la calidad del material, las condiciones de iluminación, las limitaciones técnicas de la fotografía analógica y las interpretaciones derivadas de estas observaciones. Sin caer en conclusiones absolutas, plantea preguntas pertinentes:
¿Es posible que una imagen sobre una fibra rústica reproduzca reflejos de esa naturaleza?
¿Qué hay detrás del llamado “efecto espejo” que algunos aseguran ver?
¿Qué dice la óptica moderna sobre la reproducción de reflejos en superficies no orgánicas?
El resultado es un análisis equilibrado que reconoce los escenarios posibles sin inclinarse hacia posturas dogmáticas. Pedroza deja abierta la discusión, invitando al lector a reflexionar con criterio propio, con curiosidad y con apertura. Y eso, en tiempos de polarización, es un acto casi revolucionario.
Lo que hace de este libro una obra necesaria es su capacidad para conciliar universos que frecuentemente se consideran irreconciliables. La fe guadalupana es vivida con profunda emoción por millones de personas. La ciencia, por su parte, nos invita a explorar el mundo desde la observación, la experimentación y la evidencia.
En este libro nos muestra que no es así. Que ambos caminos pueden convivir, complementarse e incluso iluminarse mutuamente. Que la ciencia no está para desmitificar lo sagrado, sino para comprender mejor los fenómenos que han moldeado nuestra cultura y sensibilidad.
En un país donde la figura de la Virgen de Guadalupe ha inspirado movimientos sociales, expresiones artísticas, procesos de identidad y resistencia histórica, un libro como éste se vuelve imprescindible para entendernos mejor como nación.
En Puebla, donde la devoción guadalupana es parte del paisaje emocional y espiritual, La Virgen de Guadalupe en la ciencia del siglo XXI encuentra un terreno fértil. Se trata de una obra que no excluye a nadie: creyentes, estudiosos, curiosos y escépticos encontrarán en sus páginas una invitación honesta a observar, a cuestionar y a dialogar.
Desde la tilma hasta el misterio de los ojos, desde los pigmentos hasta la simbología cultural, Alejandro Pedroza Meléndez consigue que volvamos a mirar una imagen que creíamos conocer. Y quizá ahí radica el mayor mérito de su trabajo: recordarnos que la Virgen de Guadalupe no solo se observa… también se interpreta, se investiga y, sobre todo, se siente.
Una lectura necesaria en este siglo XXI que nos exige profundidad, respeto y pensamiento crítico. Porque comprender nuestro presente implica también redescubrir los símbolos que nos sostienen.
Independientemente de que los hallazgos sean aceptados universalmente, la labor de Pedroza Meléndez es significativa por varias razones:
Rompe con una división rígida entre “fe” y “ciencia”, proponiendo que símbolos culturales y religiosos pueden ser objeto de análisis científico, sin dejar de ser espacios de devoción. Eso invita al diálogo, al estudio y al cuestionamiento respetuoso.
Aporta un punto de vista interdisciplinario (ingeniería, óptica, historia del arte, devoción popular) que enriquece la reflexión sobre la iconografía religiosa en México.
Incentiva la revitalización del debate sobre la autenticidad, conservación y significado cultural de la imagen de la Virgen de Guadalupe — no sólo como objeto de fe, sino como patrimonio simbólico con múltiples capas de interpretación.
Abre caminos para futuras investigaciones con mejores tecnologías (escaneo digital, microscopía avanzada, técnicas de conservación, análisis químico no invasivo), lo que puede aportar nuevos datos, no conclusiones definitivas.
José Carlos Salinas Chávez descubridor del busto humano en la imagen de la Virgen de Guadalupe a nivel de las corneas derecha e izquierda, en 1951.
Jesús Cataño, quien fotografió la imagen de la Virgen de Guadalupe donde se descubrieron estas imágenes.
Jorge Álvarez Loyo, quien empezó a trabajar en la fotografía amplificada 70 veces.
Juan Flores Benítez, fotógrafo de la imagen de los ojos de la Virgen de Guadalupe, fotografiada en 1974.
La Virgen de Guadalupe en el siglo XXI es un libro para todos los amantes del conocimiento.
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Educación
Germán Bricio: el mexicano que se prepara para tocar el espacio y convertir un sueño en legado
Published
1 semana agoon
3 de septiembre de 2026By
admin
El Confesionario
Por Ray Zubiri
Hay entrevistas que terminan cuando se apaga el micrófono y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. La charla que tuve con Germán Bricio pertenece a la segunda categoría. Y es que hablar con un mexicano que se prepara para viajar al espacio no es precisamente una conversación de todos los días.
Lo primero que pensé cuando tuve a Germán frente al micrófono fue: ¿qué se le pregunta a un hombre que está a punto de cumplir uno de esos sueños que parecían imposibles? Así que fui directo al punto: ¿cómo termina un empresario mexicano preparando las maletas para viajar al espacio?
Germán me respondió con una frase que, desde ese momento, se convirtió en el hilo conductor de nuestra conversación: “Muchas veces no es que dejemos de soñar, dejamos de creer”.
Y ahí entendí que esta historia no comenzaba en una nave espacial, sino muchos años atrás, en la habitación de un niño que tenía pósteres del Apolo 11, de la Luna y de los astronautas. “Yo de niño tenía esta ilusión”, me contó. Soñaba con viajar al espacio, pero con el paso de los años comenzó a pensar que ese sueño no era para él. No era científico, no trabajaba en la NASA y, por lo tanto, parecía imposible.
Germán fue seleccionado por Blue Origin, la compañía aeroespacial fundada por Jeff Bezos, para formar parte de una futura misión suborbital. De concretarse el vuelo, se convertiría en un referente histórico para México como empresario civil que alcanza el espacio sin haber seguido la tradicional formación de un astronauta.
—Germán, pero explícame una cosa: ¿qué se siente saber que vas a viajar al espacio?
“Una persona civil común como yo, un empresario que no somos científicos, matemáticos, que no trabajamos en la NASA o somos americanos, podemos soñar y lograr ir al espacio”.
Y creo que ahí está precisamente lo extraordinario de su historia. No se trata solamente de que Germán pueda viajar al espacio; se trata de que representa la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que un sueño era imposible pueda volver a creer en él.
Germán me explicó que serán seis pasajeros en la cabina y que el vuelo será suborbital. La cápsula alcanzará la llamada línea de Kármán, ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de altura, que convencionalmente marca el límite del espacio.
—¿Te consideras astronauta?
“No me gusta denominarme astronauta”, me dijo. “Sino viajero espacial”.
Y esa expresión me gustó. Porque quizá Germán entiende que todavía está viviendo el proceso, que está a punto de convertirse en parte de una historia que apenas comienza.
Después vendrán unos minutos de ingravidez, la cápsula iniciará el descenso y finalmente aterrizarán en el desierto de Texas mediante paracaídas.
Yo no pude evitar imaginar la escena y le pregunté:
—O sea, ¿vamos a verte flotando en el espacio?
La respuesta fue sí, aunque con una precisión importante: no dará la vuelta a la Tierra. Precisamente por eso se denomina vuelo suborbital. La cápsula sube, atraviesa la línea de Kármán, los pasajeros experimentan unos minutos de microgravedad y posteriormente regresan a nuestro planeta.
Durante la entrevista le pregunté algo que considero fundamental:
—¿Dónde está el empresariado mexicano? ¿Por qué no estamos soñando en grande?
Germán fue directo: “Nosotros tenemos que soñar, que soñar en grande, que creérnoslas”.
Y agregó una frase que me pareció particularmente mexicana:
“No soñar en el quinto partido, soñar en que podemos ser los campeones del mundo”.
Ahí entendí que su viaje al espacio también tiene una intención simbólica. Quiere que otros mexicanos comprendan que no hay que conformarse con pensar que ciertas cosas solamente pueden ocurrir en otros países.
“México necesita referentes”, me dijo. “Necesitamos gente a quien seguir, necesitamos líderes en los que podamos replicar cosas buenas para poderlas poner en práctica en nuestra vida, para poder crecer como personas, como mejores seres humanos”.
Cuando le pregunté sobre la preparación, me explicó que deberá mantener una buena condición física y mental, además de recibir capacitación especializada en Texas. El lanzamiento alcanzará aproximadamente 3,700 kilómetros por hora y hasta el asiento de la cápsula será adaptado a sus medidas corporales.
Pero entonces le hice una pregunta mucho más personal:
—¿Qué se necesita para cumplir un sueño?
Su respuesta fue sencilla:
“No puedes tener éxito si no hay un sacrificio, si no hay un esfuerzo”.
Y después remató con una frase que bien podría convertirse en una regla de vida:
“A través de esta persistencia, del trabajo constante, del caernos y levantarnos, caernos y levantarnos como podemos lograr nuestros sueños”.
Eso es quizá lo que más me gustó de nuestra conversación. Porque cuando hablamos de viajar al espacio solemos pensar en tecnología, millones de dólares, cohetes y grandes empresas. Pero Germán terminó llevando la conversación a algo mucho más sencillo: trabajo, disciplina y perseverancia.
Hay una experiencia que Germán espera con especial emoción: mirar la Tierra desde el espacio.
Me explicó que cuando uno observa nuestro planeta desde afuera ocurre algo que puede cambiar la perspectiva. Ya no se ven las fronteras. No se ve México, Estados Unidos, Europa o Asia como los conocemos en un mapa. Se ve un solo planeta.
Inevitablemente llegó la pregunta incómoda.
—¿Cuánto cuesta viajar al espacio?
Germán sonrió, pero la respuesta no pudo ser revelada. Blue Origin no le permite hacer pública esa información. Lo que sí dejó claro es que se trata de una experiencia costosa y que conseguir un asiento tampoco es sencillo, pues existen personas de distintas partes del mundo esperando una oportunidad.
Aunque inicialmente el vuelo estaba contemplado para 2026, la misión se encuentra temporalmente pausada debido a las prioridades de Blue Origin relacionadas con sus proyectos lunares. Por ello, todavía tendremos que esperar la fecha definitiva del lanzamiento.
Pero mientras ese día llega, Germán ya comenzó otro viaje: el de convencer a otros mexicanos de que también pueden alcanzar sus sueños.
Y al final de nuestra conversación le pregunté:
—Germán, ¿qué le dirías a un joven que tiene un sueño, pero piensa que es imposible?
“Así como yo puedo soñar y puedo ir al espacio, ¿cuál es tu sueño que tú puedes lograr y que todos podamos celebrar?”
Me quedo con eso.
Porque quizá no todos vamos a viajar al espacio. Pero todos tenemos un lugar al que queremos llegar.
Y mientras Germán Bricio se prepara para cruzar la línea de Kármán, nosotros podemos comenzar por cruzar nuestras propias líneas de miedo, de conformismo y de incredulidad.
Al final, quizá ésa sea la verdadera enseñanza de esta historia: los sueños no siempre mueren; a veces solamente están esperando que volvamos a creer en ellos.
Y sí, querido lector, aquí entre nos… ¿tú ya volviste a creer en el tuyo?
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