Claudia Cordero Sánchez.
Ya pasaron dos semanas del fallecimiento del comunicador Javier López Díaz, mucho se ha escrito desde entonces, se ha contado, se sigue y se seguirá contando, para su público, su ausencia se siente.
En tantos años al aire, miles y cientos de historias, no hay alguna persona en Puebla que no lo conociera o lo hubiera escuchado, poblano que se respete estuvo en alguna ocasión en su cabina de radio, envío algún mensaje para algo.
Al igual que muchas otras personas, yo también lo conocí, primero escuchándolo en la radio, se oía en todas partes, en negocios, en dependencias de gobierno, en puestos ambulantes, en los taxis, en el transporte público.
Después sí lo conocí en persona, en su programa de radio, al que fui muchas veces para anunciar y dar conocer causas sociales en las que trabajaba o en las que estaba involucrada, siempre abrió el espacio. Dos minutos, un minuto al aire en su programa era garantía para que llegara la información a la gente de Puebla.
Nunca trabajé con él, ni había más comunicación que esa, estar invitada, era breve, más suficiente para transmitir el mensaje. Sin embargo sí tengo una anécdota, como seguramente la tienen muchas personas, una personal, para mí, una muestra del alcance de su voz a través del micrófono.
Hace tres años estaba trabajando en una asociación civil y fui a su programa “Buenos días con López Díaz”, para dar a conocer algunas actividades que se estaban realizando, muy temprano, dos minutos, como lo señalé antes, agradecí y me retiré.
Llegué a mi oficina y más o menos a las 09:30 de la mañana, estaba hablando con una mujer que tiene un hijo y que quería ver si se le podía abrir un espacio en la asociación cuando sonó el teléfono, contesté y era una amiga, una gran amiga que tenía muchos años que no veía y a la que le había perdido la pista desde hace tiempo. Yo me sorprendí y le pregunté que cómo me había encontrado y ella me respondió: “estaba yendo a la escuela de dejar a mis hijos y te escuché con López Díaz. Y le dije a mi marido ¡es mi amiga! Anoté el teléfono para poder llamarte”. Después de esa llamada retomamos la comunicación y seguimos siendo amigas. Más, nunca me imaginé algo así, reflexioné acerca del alcance y el poder de comunicación que realmente tenía, ¡mucho! Es una anécdota estrictamente personal, como otras que seguramente sucedieron y que él tendría para contar.
Después de leer lo que han escrito otras y otros colegas y de pensar en lo que logró concluyo que le dio voz principalmente a un sector social que no lo tenía, a quienes lo escuchaban él los escuchó y les abrió los micrófonos, les dio el poder de expresarse, de comunicar, ese fue el secreto de su éxito.
Formó una comunidad, brindó a muchas personas un sentido de pertenencia, les hizo sentir que lo que les pasaba o lo que tenían que decir sí era importante, todo, mucho antes del internet y de las redes sociales, manteniendo comunicación constante y fluida con toda la gente, con lo que se ganó el ser, a pesar de las críticas “el rey del raiting” en Puebla.