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Educación

Palestina Tiene Nombre de Mujer

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

¿Qué nombre tiene Palestina cuando dejamos de verla únicamente en los titulares de guerra?

La pregunta incomoda porque nos obliga a mirar más allá de las cifras, los mapas y las imágenes de destrucción. Nos obliga a recordar que Palestina no es solamente un territorio disputado, una frontera vigilada o una palabra repetida en los noticiarios. Palestina también tiene rostros, voces, canciones, bordados, comidas, niñas que juegan y madres que siguen levantándose cada mañana, incluso cuando el mundo parece empeñado en negarles el futuro.

No se trata de una metáfora decorativa. En Palestina tiene nombre de mujer, el artista y fundador de Payasos en Rebeldía reúne poesía, ilustraciones y memoria para homenajear a las mujeres palestinas que sostienen la vida en medio de la violencia. El libro nace de una herida, pero no se queda en ella. Nace del dolor y busca transformarlo en color, en luz y en una posibilidad de encuentro.

“Es un libro que nace de la necesidad de curarnos por dentro”, confiesa Iván. Y en esa frase está quizá la clave de todo el proyecto: hay dolores que no desaparecen cuando se cuentan, pero pueden dejar de ser silenciosos. Pueden convertirse en palabra, imagen, gesto, abrazo. Pueden encontrar una forma de resistir.

Platique con Iván Prado quién conoce esos lugares donde la humanidad parece jugarse su futuro. Ha trabajado en favelas de Brasil, campamentos de refugiados en el Sahara, comunidades indígenas de Chiapas y campos de refugiados palestinos. Allí lleva un traje de payaso, una nariz roja y una convicción que podría parecer ingenua para quienes observan la guerra desde la distancia: la risa también puede ser una forma de resistencia.

Pero él no habla de la risa como evasión. No se trata de olvidar la tragedia ni de fingir que las bombas no existen. Se trata de abrir, aunque sea por unos minutos, una ventana distinta.

“Cuando llega el payaso, se abre una ventana de alegría, una ventana de multicolores, como si se prendiese un arcoíris en ese instante”, explica. Y entonces los corazones —dice— se ponen a danzar.

La imagen parece imposible: una función de circo en un lugar donde las personas no saben si estarán vivas al día siguiente, si tendrán comida en el plato o si un ejército entrará durante la noche en sus casas. Sin embargo, es precisamente allí donde el arte adquiere una urgencia que no siempre comprendemos desde la comodidad.

En esos sitios, la risa no es un lujo. Es un antídoto.

“Contra el miedo aparece el amor; contra el pesimismo, la alegría; contra el dolor, la risa”, afirma Iván. No es una frase vacía. La pronuncia alguien que ha actuado bajo las bombas, que ha tenido que escapar de tanques y que ha visto a niños correr detrás de un payaso mientras los drones sobrevuelan el cielo.

Cuando le preguntan qué imagen le viene a la mente al escuchar la palabra Palestina, Iván no responde con una ciudad ni con una fecha. Recuerda a una niña rubia, de seis o siete años, frente al puente de Qalandia. Al fondo se escuchaban helicópteros, aviones y bombas. Después de la función, la niña no quería separarse de él.

A través de un traductor, Iván le preguntó si creía que algún día su país sería libre.

La niña abrió los ojos y respondió que sí.

Un sí profundo, rotundo, capaz —según recuerda— de apagar por un instante los sonidos de la guerra.

Hay respuestas que no necesitan explicación. Esa niña no ofreció un análisis político ni una consigna. Dio algo más difícil: una certeza. La certeza de quien, aun rodeada de miedo, se niega a entregar el futuro.

Palestina tiene nombre de mujer nació después de un viaje realizado en 2018. Iván cuenta que una compañera ilustradora, Irene Serrano, lo acompañó a un festival en Palestina. Al regresar, ella volvió profundamente afectada por la historia de una madre que había perdido a su hijo mientras jugaba con canicas en el campo de refugiados de Aida, donde Payasos en Rebeldía mantiene una pequeña escuela de circo.

Frente a ese dolor, Iván le propuso una transformación: “alquimizarlo”, convertirlo en color y luz.

El resultado es un libro que mira a Palestina a través de sus mujeres. Mujeres que preparan la comida y mantienen unida a la familia. Mujeres que bordan y conservan la memoria. Mujeres que buscan una patria entre alambradas. Niñas de Gaza que sueñan con unas olimpiadas y entrenan natación sincronizada en piscinas sin agua. Mujeres que desafían a los militares, que hacen huelgas de hambre y que esperan a sus hijos detenidos.

Entre esas figuras aparece Ahed Tamimi, quien siendo adolescente se enfrentó a soldados con el puño en alto y el cuerpo descubierto, convirtiéndose en una referencia internacional de la lucha por los derechos humanos. También está Dareen Tatour, poeta palestina encarcelada por sus palabras, por escribir y publicar versos en los que llamaba a resistir.

Palestina, entonces, no tiene un solo nombre. Tiene el nombre de cada mujer que conserva una llave, un vestido, una receta, una canción o una historia familiar. Tiene el nombre de la madre que espera. De la niña que corre. De la joven que levanta el puño. De la poeta que escribe desde la prisión.

Entre las metáforas que aparecen en el libro está la llave. Las familias palestinas conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsadas en 1948. Las guardan como quien guarda una promesa: algún día volverán a abrir esas puertas, volverán a sus tierras y volverán a cultivar sus olivos.

La llave no abre únicamente una casa. Abre la memoria. Es una forma de decir: estuvimos ahí, pertenecemos a ese lugar, nuestra historia no comienza con la guerra ni termina con el despojo.

En el libro, la palabra se encuentra con las ilustraciones de Irene Serrano. Ella, explica Iván, suele pintar mujeres y trabaja con una sensibilidad especial hacia los azules y los colores. En esta obra buscó retratar ese color que también existe en Palestina: un color que no niega la oscuridad, pero que se resiste a quedar atrapado en ella.

Iván recuerda una función en una comunidad rural de Cisjordania. El equipo llegó cuatro horas tarde porque los caminos estaban bloqueados por puestos de control y tuvieron que buscar rutas alternas entre montes y carreteras destruidas. Cuando llegaron a la plaza, no había nadie.

Entonces un niño vio a los payasos a lo lejos. Diez minutos después, una multitud de niñas y niños corría cuesta arriba para presenciar la función.

No hacía falta una campaña de difusión. Bastaba con que apareciera algo de color en medio del miedo.

Al terminar, una mujer llamada Esperanza le contó las agresiones que sufrían las familias de la comunidad, la ocupación de sus casas y la violencia cotidiana. Iván le dijo que le sorprendía que la gente hubiera acudido después de esperar tanto tiempo.

Ella le respondió, en esencia, que ante el miedo y el terror también era necesario correr hacia aquello que ofrecía alegría.

En otra ocasión, en un campo de refugiados entre Grecia y Macedonia, el suelo era un mar de lodo. Miles de personas hacían fila durante horas para recibir un bocadillo. No podían realizar una función tradicional porque los niños podían perderse y no había un espacio seco donde sentarse.

Así que actuaron dentro de las tiendas de campaña. Entre madres que bañaban a sus bebés con botellas de agua, los payasos metían la cabeza en las pequeñas carpas y hacían unas cuantas bromas. En ese lugar, un niño sirio llamado Mohammed le regaló sus tenis blancos.

Iván estaba descalzo porque muchos niños del campo caminaban sin zapatos. El gesto de Mohammed lo conmovió. Pero, fiel a la lógica del payaso, convirtió el calzado en un teléfono y comenzó a hablar con su madre. El niño murió de risa.

La escena puede parecer mínima, pero no lo es. El niño no recuperó su casa ni dejó de ser refugiado. La guerra no terminó. Sin embargo, durante unos segundos, Mohammed pudo ofrecer algo en lugar de recibirlo. Pudo regalar. Pudo jugar. Pudo reír.

En una de las experiencias que Iván considera fundacionales, el equipo llegó a un campo de refugiados en Gaza. Mientras se preparaban en un cuarto de escobas de una escuela de Naciones Unidas, comenzaron los bombardeos.

Los niños y las niñas se pusieron de pie y empezaron a cantar. Querían que los payasos salieran. Para ellos, vivir bajo las bombas era la cotidianidad; lo extraordinario era asistir a un espectáculo.

Fue entonces cuando Iván comprendió que la alegría podía ser un escudo frente a la tragedia.

No un escudo que detuviera los misiles, sino uno que protegiera algo más profundo: la capacidad de imaginar otra vida.

Por eso el libro no sólo habla de Palestina. También nos habla de nosotros. De nuestra manera de mirar el sufrimiento ajeno. De esa frase cómoda que dice: “mientras a mí no me pase”. De la distancia que convierte una tragedia en una noticia más, hasta que un rostro, una niña o una madre consiguen atravesarla.

Iván insiste en que somos un tejido humano. Cuando alguien sufre, la membrana se encoge; cuando alguien ríe, se ilumina y se amplía. No somos tan independientes como nos gusta pensar. La desaparición, el desplazamiento, la violencia y el hambre no son problemas que ocurren únicamente “allá”, porque la indiferencia también construye un mundo que mañana puede tocarnos.

Pero la solidaridad no tiene que comenzar con grandes discursos. Puede empezar con una palabra amable, una sonrisa, un abrazo, una mano tendida. Puede comenzar leyendo un libro que nos obliga a mirar de nuevo.

“Ríamonos del poderoso, de lo que está mal, de la dictadura, de lo que nos intentan imponer”, propone Iván. Reírse, en su visión, no significa burlarse del dolor de las víctimas. Significa quitarle solemnidad al poder, desobedecer el miedo y recuperar la libertad de imaginar.

Palestina tiene nombre de mujer es, en ese sentido, un acto de memoria y de esperanza. Un libro que no pretende hablar por las mujeres palestinas, sino honrarlas; que no busca convertir la tragedia en espectáculo, sino devolverle humanidad a quienes suelen aparecer reducidos a cifras.

Porque hay historias que no caben en un titular. Hay nombres que no aparecen en los mapas. Hay mujeres que sobreviven mientras el mundo discute fronteras.

Y quizá por eso Palestina tiene nombre de mujer.

Tiene el nombre de la madre que guarda una llave. De la poeta que escribe entre candados. De la niña que responde que sí cuando le preguntan si algún día su país será libre. Tiene el nombre de todas las que, aun en medio de la guerra, siguen sembrando, cocinando, bordando, cantando, pariendo y riendo.

Iván Prado sólo puso el oído, el cuerpo y la nariz roja para escuchar esa respuesta.

Lo demás lo hicieron ellas.

Compren el libro ya que absolutamente todos los recursos son destinados para Palestina.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

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Dra. Martha Alicia Palomino Ovando reconocida como Investigadora Nacional Emérita.

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El mexicano que conquistó a América Latina como Elvis Presley y fue avalado por la BBC de Londres

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay personajes que se imitan, otros que se interpretan y algunos que exigen algo más que buena memoria, vestuario y talento. Personajes que obligan a estudiar su historia, sus movimientos, su personalidad y hasta los detalles que podrían pasar inadvertidos para el público. Porque, cuando hablamos de Elvis Presley, el Rey del Rock and Roll, no basta con ponerse un traje blanco, dejarse crecer las patillas y soltar un Thank you, thank you very much. ¡No, señor! Aquí hasta las botas tienen que pasar examen.

Y para muestra, Héctor Ortiz, un hombre que lleva 41 años personificando a Elvis Presley y que tuve la oportunidad de entrevistar. Una conversación que nos permitió descubrir que detrás de las lentejuelas, los anillos y los movimientos de cadera existe una historia de disciplina, investigación, teatro y, sobre todo, respeto por uno de los artistas más influyentes de la música popular.

¿Cuál es la diferencia entre imitar a Elvis y personificarlo?

 “Yo lo que hago no es una imitación, perdón, pero es una personificación”. Y aunque a primera vista pudiera parecer una discusión de palabras, en realidad es la esencia de su trabajo. Imitar puede significar reproducir una voz, un gesto o una canción; personificar implica estudiar al personaje, comprender sus distintas etapas y conseguir que el público reconozca algo más que un parecido físico.

Porque resulta que Elvis no usaba cualquier bota. Héctor es muy estricto con los detalles y nos cuenta que no puede utilizar botas puntiagudas porque Elvis “nunca usó unas botas picudas”. Las suyas eran chatas, de punta cuadrada. ¡Imagínese! Uno pensando que el asunto consiste en conseguir un traje espectacular y resulta que, si la punta del calzado no corresponde, ya empezamos mal.

Y eso no es todo. El vestuario debe reproducir el original, los anillos tienen que ser los adecuados, el maquillaje debe corresponder a la época y hasta la condición física importa cuando se representa al Elvis de 1972 o 1973.

En esta aventura, Héctor no está solo. Su esposa es su coproductora, corista y maquillista, una compañera fundamental en la construcción de un espectáculo que lleva décadas perfeccionándose. Porque sí, queridos lectores, detrás de un Rey también hay un equipo que se encarga de que todo esté en orden antes de que suene la primera canción.

¿Qué tiene que suceder para que el público realmente crea que está viendo a Elvis?

“En el momento que yo entro a escena… yo debo convencer a cinco personas o a cinco mil personas las tengo que convencer que soy Elvis”.

Y para conseguirlo, el primer convencido debe ser él mismo: “Yo me tengo que creer en ese momento, yo me tengo que creer en el personaje”.

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre entregarse a una interpretación y perder la identidad. Cuando termina el espectáculo, Héctor vuelve a ser Héctor. Él mismo lo explica: “Cruzo esa línea de regreso y soy simplemente Héctor Ortiz, no me creo Elvis Presley”.

¡Eso es oficio! Saber entrar en un personaje, darle vida frente al público y después regresar a casa sin necesidad de pedir que le sirvan un sándwich de mantequilla de cacahuate al estilo del Rey. La actuación tiene sus límites, y Héctor sabe perfectamente dónde comienza y dónde termina Elvis.

¿Qué ocurre cuando la BBC de Londres toca a tu puerta?

Pues uno podría pensar que se trata de una broma, pero no. La BBC de Londres buscaba a algunos de los mejores personificadores de Elvis Presley en el mundo y Héctor recibió una invitación para participar en el proceso. Le solicitaron material y posteriormente respondió un cuestionario de aproximadamente cien preguntas.

¿El resultado? De acuerdo con lo que Héctor compartió en nuestra entrevista, la BBC lo identificó como “el mejor de toda Latinoamérica” entre los materiales que recibió.

Y aquí vale la pena detenernos. No estamos hablando únicamente de una persona que se parece a Elvis o que canta sus canciones. Estamos hablando de una trayectoria que comenzó en el teatro y que se ha sostenido durante décadas gracias al estudio de un personaje que revolucionó la música, el espectáculo y la cultura popular.

Por eso, cuando Héctor habla de su trabajo, insiste en una palabra que debería acompañar a cualquier artista que rinde homenaje a otro: respeto. “Yo hago este tributo a Elvis, lo hago con muchísimo respeto”, afirma. Y por si fuera poco también ha desarrollado una trayectoria en el doblaje y la música para producciones de Disney. Fue Gastón en La Bella y la Bestia, participó como Winston Devere en Los Increíbles 2 y formó parte de las voces que interpretan canciones de Toy Story 4.

Él mismo nos cuenta: “canto el tema Yo soy tu amigo fiel”. También participa en la canción de la famosa cucharita que quiere convertirse en basura. Sí, hablamos de Forky, ese personaje que nos recuerda que incluso un objeto aparentemente insignificante puede convertirse en protagonista de una gran aventura.

Y la historia continúa con una gira por Sudamérica que contempla Honduras, Guatemala y Panamá, donde Héctor participará interpretando esas canciones. De Elvis a Gastón, y de Gastón a Forky, hay un camino que exige técnica vocal, versatilidad y una capacidad extraordinaria para cambiar de registro.

Porque, seamos sinceros, no cualquiera puede pasar de cantar como el Rey del Rock a explicarle a una cucharita que es un buen amigo.

¿Qué sucede cuando alguien que vio al Elvis verdadero te dice que eres increíble?

Esta es, quizá, una de las anécdotas más entrañables que Héctor compartió conmigo. Ocurrió en Mazatlán, durante el Festival Cultural. Las funciones estaban completamente llenas y entre el público había principalmente estadounidenses y canadienses.

En medio de aquella experiencia, una señora mayor se acercó a Héctor. Lo tomó de la cara y le dijo en inglés: “I saw Elvis in 1972 and you are amazing”.

Traducido al español: “Vi a Elvis en 1972 y tú eres increíble”.

La frase tiene una dimensión muy especial. Aquella mujer no estaba hablando de una fotografía, de un disco o de una película. Ella había visto a Elvis Presley en persona. Había estado frente al artista original y, después de presenciar el espectáculo de Héctor, encontró en él algo que le recordó aquella experiencia.

¿Qué se siente recibir un reconocimiento así? ¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que lleva décadas estudiando a un artista cuando alguien que conoció al verdadero Elvis le dice que ha logrado transmitir su esencia?

Héctor lo resume con una frase que no necesita demasiadas explicaciones: “yo ya estoy pagado”.

Y sí, hay reconocimientos que no caben en una placa, en un diploma ni en una publicación de redes sociales. Hay momentos que justifican años de trabajo, ensayos, viajes y sacrificios. Ese encuentro en Mazatlán parece ser uno de ellos.

¿Y qué hay de Priscilla Presley? ¿También conoció a la mujer que compartió parte de su vida con el Rey?

¡Claro que sí! Y aquí viene otra historia que merece quedarse en el álbum de los grandes recuerdos.

Durante un espectáculo relacionado con Elvis in Concert, Héctor tuvo la oportunidad de coincidir con Priscilla Presley. Sin embargo, el primer encuentro no fue precisamente como uno se lo imaginaría. Durante los ensayos, le pidieron que se retirara del área donde se encontraba porque, según le comunicaron, Priscilla no podía verlo.

Héctor, fiel a su sentido del humor, recuerda la situación con una frase que arranca una sonrisa: “si estoy feo, pero no es para tanto”.

¡Imagínense la escena! El hombre que lleva más de cuatro décadas dando vida a Elvis tiene que hacerse a un lado para no cruzarse con Priscilla. Pero la historia dio un giro inesperado al terminar el concierto: fue la propia Priscilla quien pidió tomarse una fotografía con él.

Y así, lo que comenzó como una petición para que se retirara del lugar terminó convirtiéndose en una fotografía que Héctor conserva como uno de los recuerdos más especiales de su carrera.

Porque hay encuentros que no necesitan demasiadas palabras. Una imagen junto a Priscilla Presley, después de tantos años personificando a Elvis, representa un capítulo muy particular en la vida de este artista mexicano.

¿Elvis Presley tenía algo contra los mexicanos? ¿Realmente estuvo en Acapulco?

En nuestra conversación también hubo espacio para revisar algunos de los mitos que rodean la relación entre Elvis Presley y México.

Héctor cuestiona la versión de que el cantante despreciaba a los mexicanos y sostiene, a partir de sus investigaciones y los testimonios que ha recopilado, que esa historia estuvo relacionada con una campaña que buscaba impedir que Elvis llegara a nuestro país. Es una interpretación que conviene analizar a la luz de documentos y fuentes históricas, porque la historia del Rey también ha estado acompañada de relatos que se repiten durante generaciones.

Otro dato que vale la pena aclarar es que Elvis nunca estuvo físicamente en Acapulco para filmar Fun in Acapulco. Aunque la película de 1963 lleva el nombre del puerto mexicano, las escenas se realizaron mediante sets y fondos que recreaban el destino turístico.

Así que sí, Elvis cantó sobre Acapulco, pero no tenemos que imaginarlo caminando por la Costera, buscando una sombrilla o preguntando dónde sirven los mejores mariscos.

Héctor también recuerda que, durante su último concierto, celebrado en junio de 1977 en Indianápolis, Elvis llevaba elementos mexicanos en su vestuario, entre ellos el calendario azteca. Y, según relata, la última palabra que pronunció antes de abandonar el escenario fue “adiós”.

Detalles que nos recuerdan que la relación entre Elvis y México tiene más matices de los que muchas veces aparecen en las conversaciones de sobremesa.

¿Cómo comenzó esta historia que ya suma 41 años?

Todo se remonta a 1985, cuando Héctor participó en la obra José el Soñador. Su personaje, el faraón, se transformaba en un Elvis al estilo Las Vegas. Aquella experiencia teatral fue el punto de partida de una aventura que, una vez terminada la obra, lo llevó a construir su propio espectáculo y recorrer la República Mexicana.

Desde entonces han pasado cuatro décadas de escenarios, vestuarios, canciones, viajes, televisión, teatro, doblaje y miles de espectadores. Una trayectoria que demuestra que los homenajes artísticos pueden convertirse en una profesión cuando se sostienen con preparación, constancia y una comprensión profunda de aquello que se busca representar.

Y aquí es donde me quedo con una reflexión después de esta conversación ¿cuántas veces confundimos el talento con la facilidad? Vemos a alguien sobre un escenario y pensamos que todo consiste en ponerse un traje, aprenderse unas canciones y salir a recibir aplausos. Pero detrás de una interpretación convincente hay años de trabajo que el público no siempre alcanza a ver.

Y si alguna vez una mujer que vio al verdadero Elvis en 1972 te toma de la cara para decirte que eres increíble, o si Priscilla Presley termina pidiéndote una fotografía, quizá sea momento de reconocer que tantos años de trabajo han dejado huella.

Héctor Ortiz no es Elvis Presley. Y precisamente por eso, porque sabe quién es y conoce a quién representa, y puede conseguir que durante un espectáculo el público vuelva a encontrarse con el Rey.

“De igual manera, vamos a trabajar en los preparativos del concierto del próximo año en el Teatro Metropólitan, que será más que especial, pues será para conmemorar los 50 años del fallecimiento de Elvis Presley; y para conmemorar mis 75 años de vida”, finalizó.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

Las enfermedades cardiovasculares pueden pasar desapercibidas, sus señales no deberían hacerlo

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Cada 29 de septiembre, el mundo conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha que busca llamar la atención sobre las enfermedades cardiovasculares (ECV), responsables de más muertes que cualquier otra causa a nivel global. Para 2026, la Federación Mundial del Corazón mantiene el llamado “No pierdas ni un latido” con énfasis en reconocer las señales y síntomas de estas enfermedades, muchas de las cuales pueden pasar inadvertidas.²

En México, la urgencia de atender este panorama es contundente. De acuerdo con los datos oficiales más recientes reportados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través de sus Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR), las enfermedades del corazón se posicionan de manera constante como la primera causa de muerte en el país, exigiendo acciones inmediatas en materia de prevención, diagnóstico oportuno y cuidado cardiovascular.

De enero a marzo del 2026, la dependencia informó que las enfermedades del corazón se mantienen de forma constante como la primera causa de muerte en México, tanto para mujeres como para hombres con un total de 49,252 decesos.

Cabe mencionar que, durante 2024, se registraron en promedio 93 fallecimientos por enfermedades del corazón cada hora en el país.

“Uno de los grandes retos frente a las enfermedades cardiovasculares es que no siempre generan señales evidentes. Una persona puede convivir durante años con factores de riesgo como hipertensión arterial, colesterol elevado, diabetes, sobrepeso u obesidad y no sentirse enferma. Por eso, realizar controles periódicos, conocer nuestros números (presión arterial, niveles de glicemia y  colesterol LDL, Apo B, colesterol no HDL etc.) y reconocer oportunamente el riesgo CV latente,  puede marcar una gran diferencia”, explica la Dra. Maricarmen Martínez, Gerente Médico de Adium.

Las cifras muestran la magnitud del desafío. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 19,8 millones de personas murieron por enfermedades cardiovasculares en 2022, equivalentes aproximadamente al 32% de todas las muertes en el mundo. Además, cerca del 85% de estos fallecimientos estuvieron relacionados con infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.³

Las enfermedades cardiovasculares comprenden un amplio grupo de trastornos que afectan el corazón y los vasos sanguíneos. Entre ellas se encuentran la enfermedad coronaria, los accidentes cerebrovasculares, la insuficiencia cardíaca y otras afecciones cardiovasculares.³

Uno de los principales desafíos es que algunos factores de riesgo pueden permanecer silenciosos durante años. La hipertensión arterial, por ejemplo, puede no producir síntomas evidentes, mientras aumenta progresivamente el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones.³

La Federación Mundial del Corazón señala que entre los principales factores de riesgo cardiovascular se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, la alimentación poco saludable, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol.⁴

“Hablar de prevención cardiovascular va más allá de solo hacer ejercicio o comer mejor. Implica conocer la presión arterial, revisar los niveles de colesterol y glucosa cuando corresponda, evitar el consumo de tabaco, mantener un peso saludable y, especialmente, consultar oportunamente cuando aparece un síntoma que no es habitual”, agrega la Dra. Martínez.

El dolor o molestia en el pecho es una de las señales que requiere atención, especialmente cuando aparece de manera súbita o se acompaña de dificultad para respirar, sudoración fría, náuseas, mareo, debilidad o dolor que puede extenderse hacia el brazo, hombro, espalda, cuello o mandíbula.

En el caso de un accidente cerebrovascular, algunas señales de alarma pueden incluir alteración repentina del habla, dificultad para comprender, pérdida súbita de fuerza o sensibilidad en la cara o en una extremidad, problemas repentinos de visión, alteraciones del equilibrio o un dolor de cabeza intenso y súbito.

“Ante síntomas cardiovasculares o neurológicos de aparición repentina, no se debe esperar a que desaparezcan por sí solos ni automedicarse. La atención oportuna es determinante y debe buscarse inmediatamente asistencia médica”, enfatiza la gerente médico de Adium.

La buena noticia es que una proporción importante de las enfermedades cardiovasculares puede prevenirse o retrasarse mediante la modificación de factores de riesgo y el acceso oportuno a diagnóstico y tratamiento. La OMS destaca la importancia de actuar sobre factores como el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, el sobrepeso y la obesidad.³

La prevención comienza con acciones concretas:

●      Conocer y controlar la presión arterial.

●      Revisar los niveles de colesterol y glucosa de acuerdo con la edad, antecedentes y recomendaciones del profesional de salud.

●      Realizar actividad física regularmente.

●      Mantener una alimentación equilibrada, con menor consumo de sal, grasas saturadas y productos ultraprocesados.

●      No fumar y evitar la exposición al humo del tabaco.

●      Mantener un peso saludable.

●      Cumplir los tratamientos formulados cuando existe hipertensión, diabetes, colesterol elevado u otra enfermedad cardiovascular.

●      Reconocer las señales de alarma y consultar oportunamente.

En este Día Mundial del Corazón, el llamado es a no esperar a que el corazón hable a través de una emergencia. Conocer los factores de riesgo, identificar las señales y actuar a tiempo puede contribuir a proteger la salud cardiovascular y reducir el impacto de una de las principales causas de muerte en México y el mundo.

Porque algunos problemas del corazón pueden pasar desapercibidos. Sus señales no deberían hacerlo.

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