Educación
Palestina Tiene Nombre de Mujer
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3 semanas agoon
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El Confesionario
Por Ray Zubiri
¿Qué nombre tiene Palestina cuando dejamos de verla únicamente en los titulares de guerra?
La pregunta incomoda porque nos obliga a mirar más allá de las cifras, los mapas y las imágenes de destrucción. Nos obliga a recordar que Palestina no es solamente un territorio disputado, una frontera vigilada o una palabra repetida en los noticiarios. Palestina también tiene rostros, voces, canciones, bordados, comidas, niñas que juegan y madres que siguen levantándose cada mañana, incluso cuando el mundo parece empeñado en negarles el futuro.
No se trata de una metáfora decorativa. En Palestina tiene nombre de mujer, el artista y fundador de Payasos en Rebeldía reúne poesía, ilustraciones y memoria para homenajear a las mujeres palestinas que sostienen la vida en medio de la violencia. El libro nace de una herida, pero no se queda en ella. Nace del dolor y busca transformarlo en color, en luz y en una posibilidad de encuentro.
“Es un libro que nace de la necesidad de curarnos por dentro”, confiesa Iván. Y en esa frase está quizá la clave de todo el proyecto: hay dolores que no desaparecen cuando se cuentan, pero pueden dejar de ser silenciosos. Pueden convertirse en palabra, imagen, gesto, abrazo. Pueden encontrar una forma de resistir.
Platique con Iván Prado quién conoce esos lugares donde la humanidad parece jugarse su futuro. Ha trabajado en favelas de Brasil, campamentos de refugiados en el Sahara, comunidades indígenas de Chiapas y campos de refugiados palestinos. Allí lleva un traje de payaso, una nariz roja y una convicción que podría parecer ingenua para quienes observan la guerra desde la distancia: la risa también puede ser una forma de resistencia.
Pero él no habla de la risa como evasión. No se trata de olvidar la tragedia ni de fingir que las bombas no existen. Se trata de abrir, aunque sea por unos minutos, una ventana distinta.
“Cuando llega el payaso, se abre una ventana de alegría, una ventana de multicolores, como si se prendiese un arcoíris en ese instante”, explica. Y entonces los corazones —dice— se ponen a danzar.
La imagen parece imposible: una función de circo en un lugar donde las personas no saben si estarán vivas al día siguiente, si tendrán comida en el plato o si un ejército entrará durante la noche en sus casas. Sin embargo, es precisamente allí donde el arte adquiere una urgencia que no siempre comprendemos desde la comodidad.
En esos sitios, la risa no es un lujo. Es un antídoto.
“Contra el miedo aparece el amor; contra el pesimismo, la alegría; contra el dolor, la risa”, afirma Iván. No es una frase vacía. La pronuncia alguien que ha actuado bajo las bombas, que ha tenido que escapar de tanques y que ha visto a niños correr detrás de un payaso mientras los drones sobrevuelan el cielo.
Cuando le preguntan qué imagen le viene a la mente al escuchar la palabra Palestina, Iván no responde con una ciudad ni con una fecha. Recuerda a una niña rubia, de seis o siete años, frente al puente de Qalandia. Al fondo se escuchaban helicópteros, aviones y bombas. Después de la función, la niña no quería separarse de él.
A través de un traductor, Iván le preguntó si creía que algún día su país sería libre.
La niña abrió los ojos y respondió que sí.
Un sí profundo, rotundo, capaz —según recuerda— de apagar por un instante los sonidos de la guerra.
Hay respuestas que no necesitan explicación. Esa niña no ofreció un análisis político ni una consigna. Dio algo más difícil: una certeza. La certeza de quien, aun rodeada de miedo, se niega a entregar el futuro.
Palestina tiene nombre de mujer nació después de un viaje realizado en 2018. Iván cuenta que una compañera ilustradora, Irene Serrano, lo acompañó a un festival en Palestina. Al regresar, ella volvió profundamente afectada por la historia de una madre que había perdido a su hijo mientras jugaba con canicas en el campo de refugiados de Aida, donde Payasos en Rebeldía mantiene una pequeña escuela de circo.
Frente a ese dolor, Iván le propuso una transformación: “alquimizarlo”, convertirlo en color y luz.
El resultado es un libro que mira a Palestina a través de sus mujeres. Mujeres que preparan la comida y mantienen unida a la familia. Mujeres que bordan y conservan la memoria. Mujeres que buscan una patria entre alambradas. Niñas de Gaza que sueñan con unas olimpiadas y entrenan natación sincronizada en piscinas sin agua. Mujeres que desafían a los militares, que hacen huelgas de hambre y que esperan a sus hijos detenidos.
Entre esas figuras aparece Ahed Tamimi, quien siendo adolescente se enfrentó a soldados con el puño en alto y el cuerpo descubierto, convirtiéndose en una referencia internacional de la lucha por los derechos humanos. También está Dareen Tatour, poeta palestina encarcelada por sus palabras, por escribir y publicar versos en los que llamaba a resistir.
Palestina, entonces, no tiene un solo nombre. Tiene el nombre de cada mujer que conserva una llave, un vestido, una receta, una canción o una historia familiar. Tiene el nombre de la madre que espera. De la niña que corre. De la joven que levanta el puño. De la poeta que escribe desde la prisión.
Entre las metáforas que aparecen en el libro está la llave. Las familias palestinas conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsadas en 1948. Las guardan como quien guarda una promesa: algún día volverán a abrir esas puertas, volverán a sus tierras y volverán a cultivar sus olivos.
La llave no abre únicamente una casa. Abre la memoria. Es una forma de decir: estuvimos ahí, pertenecemos a ese lugar, nuestra historia no comienza con la guerra ni termina con el despojo.
En el libro, la palabra se encuentra con las ilustraciones de Irene Serrano. Ella, explica Iván, suele pintar mujeres y trabaja con una sensibilidad especial hacia los azules y los colores. En esta obra buscó retratar ese color que también existe en Palestina: un color que no niega la oscuridad, pero que se resiste a quedar atrapado en ella.
Iván recuerda una función en una comunidad rural de Cisjordania. El equipo llegó cuatro horas tarde porque los caminos estaban bloqueados por puestos de control y tuvieron que buscar rutas alternas entre montes y carreteras destruidas. Cuando llegaron a la plaza, no había nadie.
Entonces un niño vio a los payasos a lo lejos. Diez minutos después, una multitud de niñas y niños corría cuesta arriba para presenciar la función.
No hacía falta una campaña de difusión. Bastaba con que apareciera algo de color en medio del miedo.
Al terminar, una mujer llamada Esperanza le contó las agresiones que sufrían las familias de la comunidad, la ocupación de sus casas y la violencia cotidiana. Iván le dijo que le sorprendía que la gente hubiera acudido después de esperar tanto tiempo.
Ella le respondió, en esencia, que ante el miedo y el terror también era necesario correr hacia aquello que ofrecía alegría.
En otra ocasión, en un campo de refugiados entre Grecia y Macedonia, el suelo era un mar de lodo. Miles de personas hacían fila durante horas para recibir un bocadillo. No podían realizar una función tradicional porque los niños podían perderse y no había un espacio seco donde sentarse.
Así que actuaron dentro de las tiendas de campaña. Entre madres que bañaban a sus bebés con botellas de agua, los payasos metían la cabeza en las pequeñas carpas y hacían unas cuantas bromas. En ese lugar, un niño sirio llamado Mohammed le regaló sus tenis blancos.
Iván estaba descalzo porque muchos niños del campo caminaban sin zapatos. El gesto de Mohammed lo conmovió. Pero, fiel a la lógica del payaso, convirtió el calzado en un teléfono y comenzó a hablar con su madre. El niño murió de risa.
La escena puede parecer mínima, pero no lo es. El niño no recuperó su casa ni dejó de ser refugiado. La guerra no terminó. Sin embargo, durante unos segundos, Mohammed pudo ofrecer algo en lugar de recibirlo. Pudo regalar. Pudo jugar. Pudo reír.
En una de las experiencias que Iván considera fundacionales, el equipo llegó a un campo de refugiados en Gaza. Mientras se preparaban en un cuarto de escobas de una escuela de Naciones Unidas, comenzaron los bombardeos.
Los niños y las niñas se pusieron de pie y empezaron a cantar. Querían que los payasos salieran. Para ellos, vivir bajo las bombas era la cotidianidad; lo extraordinario era asistir a un espectáculo.
Fue entonces cuando Iván comprendió que la alegría podía ser un escudo frente a la tragedia.
No un escudo que detuviera los misiles, sino uno que protegiera algo más profundo: la capacidad de imaginar otra vida.
Por eso el libro no sólo habla de Palestina. También nos habla de nosotros. De nuestra manera de mirar el sufrimiento ajeno. De esa frase cómoda que dice: “mientras a mí no me pase”. De la distancia que convierte una tragedia en una noticia más, hasta que un rostro, una niña o una madre consiguen atravesarla.
Iván insiste en que somos un tejido humano. Cuando alguien sufre, la membrana se encoge; cuando alguien ríe, se ilumina y se amplía. No somos tan independientes como nos gusta pensar. La desaparición, el desplazamiento, la violencia y el hambre no son problemas que ocurren únicamente “allá”, porque la indiferencia también construye un mundo que mañana puede tocarnos.
Pero la solidaridad no tiene que comenzar con grandes discursos. Puede empezar con una palabra amable, una sonrisa, un abrazo, una mano tendida. Puede comenzar leyendo un libro que nos obliga a mirar de nuevo.
“Ríamonos del poderoso, de lo que está mal, de la dictadura, de lo que nos intentan imponer”, propone Iván. Reírse, en su visión, no significa burlarse del dolor de las víctimas. Significa quitarle solemnidad al poder, desobedecer el miedo y recuperar la libertad de imaginar.
Palestina tiene nombre de mujer es, en ese sentido, un acto de memoria y de esperanza. Un libro que no pretende hablar por las mujeres palestinas, sino honrarlas; que no busca convertir la tragedia en espectáculo, sino devolverle humanidad a quienes suelen aparecer reducidos a cifras.
Porque hay historias que no caben en un titular. Hay nombres que no aparecen en los mapas. Hay mujeres que sobreviven mientras el mundo discute fronteras.
Y quizá por eso Palestina tiene nombre de mujer.
Tiene el nombre de la madre que guarda una llave. De la poeta que escribe entre candados. De la niña que responde que sí cuando le preguntan si algún día su país será libre. Tiene el nombre de todas las que, aun en medio de la guerra, siguen sembrando, cocinando, bordando, cantando, pariendo y riendo.
Iván Prado sólo puso el oído, el cuerpo y la nariz roja para escuchar esa respuesta.
Lo demás lo hicieron ellas.
Compren el libro ya que absolutamente todos los recursos son destinados para Palestina.
La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.
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Educación
Aztecas UDLAP debutó en la Temporada 2026 de ONEFA con victoria sobre Zorros CETYS
Published
3 horas agoon
6 de septiembre de 2026
Con una actuación contundente en su primer compromiso, los Aztecas de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) arrancaron con autoridad su camino en la temporada 2026 de los 14 Grandes de la ONEFA al imponerse 30-7 a los Zorros del CETYS Mexicali, y lanzó su primer mensaje para dejar en claro que la Tribu Verde está lista y dispuesta para pelear por un lugar entre los protagonistas de una de las principales ligas del futbol americano universitario en México.
La Tribu verde viajó hasta la frontera norte del país para visitar la madriguera del Zorro, que durante los primeros minutos logró contener los embates del conjunto cholulteca. Sin embargo, la ofensiva de los Aztecas encontró el camino a las diagonales cuando Emiliano Baz Galicia atrapó un pase por la zona izquierda de touchdown para abrir el marcador a los 5:18 minutos del primer cuarto (7-0).
Para el segundo cuarto, los Aztecas ampliaron su ventaja con un gol de campo a los 11:44’ por conducto de Edoardo Aldrete Alanís (10-0). Todavía con 3:55’ en el cronometro, Juan José Acosta Miller tomó el balón para salir corriendo hacia la banda derecha hasta llegar a tierra prometida y que la ventaja fuera más holgada (16-0) para irse al descanso intermedio.
Al regreso del medio tiempo, los locales se hicieron presentes con un pase largo que tomó por sorpresa a la defensiva verde con la anotación (16-7). Acción correspondida por los verdes con una nueva jugada por tierra, pero ahora de Denilson Santiago Rodríguez Reyes a los 6:40’ y poner el marcador de 23-7. Todo se definió a los 5:12’, cuando José León Caso Pérez interceptó un balón enviado por aire y lo regresó a la zona de touchdown para sellar el marcador por 30 puntos a 7.
Lo siguiente para los Aztecas UDLAP fue controlar las acciones el tiempo restante, entregarse a la afición que los fueron a apoyar y arrancar la campaña con un resultado positivo que transmite confianza y permite tomar impulso para el próximo partido. “Hoy estuvimos en un escenario complicado por tener un clima soleado, pero estábamos preparados para esto y se vio reflejado en el marcador, ahora hay que pensar en nuestro primer juego de local ante Águilas Blancas”, expresó Emiliano Baz, autor de la primera anotación de la temporada para la Tribu verde.
Como ya lo dijo el receptor y estudiante de la Licenciatura en Negocios Internacionales de la UDLAP, la temporada sigue el próximo sábado 12 de septiembre cuando los Aztecas reciban al equipo del IPN en punto de las 12:00 horas en el Templo del Dolor de la Universidad de las Américas Puebla, recordando que la cita es ir de negro para estar ad hoc al estreno del nuevo uniforme del equipo cholulteca y para apoyar a la Tribu Verde en su objetivo más anhelado: volver a disputar una final.
Educación
Germán Bricio: el mexicano que se prepara para tocar el espacio y convertir un sueño en legado
Published
3 días agoon
3 de septiembre de 2026By
admin
El Confesionario
Por Ray Zubiri
Hay entrevistas que terminan cuando se apaga el micrófono y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. La charla que tuve con Germán Bricio pertenece a la segunda categoría. Y es que hablar con un mexicano que se prepara para viajar al espacio no es precisamente una conversación de todos los días.
Lo primero que pensé cuando tuve a Germán frente al micrófono fue: ¿qué se le pregunta a un hombre que está a punto de cumplir uno de esos sueños que parecían imposibles? Así que fui directo al punto: ¿cómo termina un empresario mexicano preparando las maletas para viajar al espacio?
Germán me respondió con una frase que, desde ese momento, se convirtió en el hilo conductor de nuestra conversación: “Muchas veces no es que dejemos de soñar, dejamos de creer”.
Y ahí entendí que esta historia no comenzaba en una nave espacial, sino muchos años atrás, en la habitación de un niño que tenía pósteres del Apolo 11, de la Luna y de los astronautas. “Yo de niño tenía esta ilusión”, me contó. Soñaba con viajar al espacio, pero con el paso de los años comenzó a pensar que ese sueño no era para él. No era científico, no trabajaba en la NASA y, por lo tanto, parecía imposible.
Germán fue seleccionado por Blue Origin, la compañía aeroespacial fundada por Jeff Bezos, para formar parte de una futura misión suborbital. De concretarse el vuelo, se convertiría en un referente histórico para México como empresario civil que alcanza el espacio sin haber seguido la tradicional formación de un astronauta.
—Germán, pero explícame una cosa: ¿qué se siente saber que vas a viajar al espacio?
“Una persona civil común como yo, un empresario que no somos científicos, matemáticos, que no trabajamos en la NASA o somos americanos, podemos soñar y lograr ir al espacio”.
Y creo que ahí está precisamente lo extraordinario de su historia. No se trata solamente de que Germán pueda viajar al espacio; se trata de que representa la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que un sueño era imposible pueda volver a creer en él.
Germán me explicó que serán seis pasajeros en la cabina y que el vuelo será suborbital. La cápsula alcanzará la llamada línea de Kármán, ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de altura, que convencionalmente marca el límite del espacio.
—¿Te consideras astronauta?
“No me gusta denominarme astronauta”, me dijo. “Sino viajero espacial”.
Y esa expresión me gustó. Porque quizá Germán entiende que todavía está viviendo el proceso, que está a punto de convertirse en parte de una historia que apenas comienza.
Después vendrán unos minutos de ingravidez, la cápsula iniciará el descenso y finalmente aterrizarán en el desierto de Texas mediante paracaídas.
Yo no pude evitar imaginar la escena y le pregunté:
—O sea, ¿vamos a verte flotando en el espacio?
La respuesta fue sí, aunque con una precisión importante: no dará la vuelta a la Tierra. Precisamente por eso se denomina vuelo suborbital. La cápsula sube, atraviesa la línea de Kármán, los pasajeros experimentan unos minutos de microgravedad y posteriormente regresan a nuestro planeta.
Durante la entrevista le pregunté algo que considero fundamental:
—¿Dónde está el empresariado mexicano? ¿Por qué no estamos soñando en grande?
Germán fue directo: “Nosotros tenemos que soñar, que soñar en grande, que creérnoslas”.
Y agregó una frase que me pareció particularmente mexicana:
“No soñar en el quinto partido, soñar en que podemos ser los campeones del mundo”.
Ahí entendí que su viaje al espacio también tiene una intención simbólica. Quiere que otros mexicanos comprendan que no hay que conformarse con pensar que ciertas cosas solamente pueden ocurrir en otros países.
“México necesita referentes”, me dijo. “Necesitamos gente a quien seguir, necesitamos líderes en los que podamos replicar cosas buenas para poderlas poner en práctica en nuestra vida, para poder crecer como personas, como mejores seres humanos”.
Cuando le pregunté sobre la preparación, me explicó que deberá mantener una buena condición física y mental, además de recibir capacitación especializada en Texas. El lanzamiento alcanzará aproximadamente 3,700 kilómetros por hora y hasta el asiento de la cápsula será adaptado a sus medidas corporales.
Pero entonces le hice una pregunta mucho más personal:
—¿Qué se necesita para cumplir un sueño?
Su respuesta fue sencilla:
“No puedes tener éxito si no hay un sacrificio, si no hay un esfuerzo”.
Y después remató con una frase que bien podría convertirse en una regla de vida:
“A través de esta persistencia, del trabajo constante, del caernos y levantarnos, caernos y levantarnos como podemos lograr nuestros sueños”.
Eso es quizá lo que más me gustó de nuestra conversación. Porque cuando hablamos de viajar al espacio solemos pensar en tecnología, millones de dólares, cohetes y grandes empresas. Pero Germán terminó llevando la conversación a algo mucho más sencillo: trabajo, disciplina y perseverancia.
Hay una experiencia que Germán espera con especial emoción: mirar la Tierra desde el espacio.
Me explicó que cuando uno observa nuestro planeta desde afuera ocurre algo que puede cambiar la perspectiva. Ya no se ven las fronteras. No se ve México, Estados Unidos, Europa o Asia como los conocemos en un mapa. Se ve un solo planeta.
Inevitablemente llegó la pregunta incómoda.
—¿Cuánto cuesta viajar al espacio?
Germán sonrió, pero la respuesta no pudo ser revelada. Blue Origin no le permite hacer pública esa información. Lo que sí dejó claro es que se trata de una experiencia costosa y que conseguir un asiento tampoco es sencillo, pues existen personas de distintas partes del mundo esperando una oportunidad.
Aunque inicialmente el vuelo estaba contemplado para 2026, la misión se encuentra temporalmente pausada debido a las prioridades de Blue Origin relacionadas con sus proyectos lunares. Por ello, todavía tendremos que esperar la fecha definitiva del lanzamiento.
Pero mientras ese día llega, Germán ya comenzó otro viaje: el de convencer a otros mexicanos de que también pueden alcanzar sus sueños.
Y al final de nuestra conversación le pregunté:
—Germán, ¿qué le dirías a un joven que tiene un sueño, pero piensa que es imposible?
“Así como yo puedo soñar y puedo ir al espacio, ¿cuál es tu sueño que tú puedes lograr y que todos podamos celebrar?”
Me quedo con eso.
Porque quizá no todos vamos a viajar al espacio. Pero todos tenemos un lugar al que queremos llegar.
Y mientras Germán Bricio se prepara para cruzar la línea de Kármán, nosotros podemos comenzar por cruzar nuestras propias líneas de miedo, de conformismo y de incredulidad.
Al final, quizá ésa sea la verdadera enseñanza de esta historia: los sueños no siempre mueren; a veces solamente están esperando que volvamos a creer en ellos.
Y sí, querido lector, aquí entre nos… ¿tú ya volviste a creer en el tuyo?
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La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.
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Educación
Los Aztecas de la UDLAP se presentan para la temporada 2026 de los 14 Grandes de la ONEFA
Published
4 días agoon
2 de septiembre de 2026
Con un roster conformado por 70 jugadores y la mirada puesta en ser los protagonistas de la liga, los Aztecas de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) se encuentran listos para enfrentar con su talento, fortaleza y capacidad competitiva, un nuevo capítulo en la temporada de los 14 Grandes de la ONEFA, una de las principales ligas del futbol americano universitario en México.
Ante los medios de comunicación, el Equipo Representativo de la UDLAP hizo su presentación oficial de cara a la temporada 2026, la cual contará con una importante renovación en sus filas, reforzando la defensiva, ofensiva y la unidad de equipos especiales. Eso establece un promedio de edad de 20.4 años para volver a ser un equipo joven, aunque esta vez acompañado de mayor experiencia al contar con una mayoría de jugadores que transitan por su tercer, cuarto y quinto año dentro del programa.
En el aspecto físico, los 70 Aztecas llegan a esta temporada con un promedio de 1.84 metros de estatura y 101 kilogramos de peso, cifras que reflejan las exigencias de preparación física y el intenso trabajo en el gimnasio que requiere competir al máximo nivel del futbol americano universitario en México. “Así que estamos muy contentos, orgullosos y seguros de lo que vamos a hacer esta temporada, además de lo comprometidos que los jóvenes están con las clases, para que cuando tengamos que buscar dentro de la comunidad un ejemplo como persona, estudiante y/o jugador, sea un Azteca de la UDLAP”, resaltó el head coach de la Tribu verde de Futbol Americano, Raúl Rivera Sánchez.
Asimismo, la temporada 2026 también marcará una etapa de transición para el programa de futbol americano de la UDLAP, porque nueve estudiantes concluirán su ciclo como integrantes del equipo. Algunos de ellos tendrán la posibilidad de continuar su formación académica a nivel de maestría, mientras que su experiencia y liderazgo serán fundamentales para acompañar y orientar a las nuevas generaciones durante esta campaña la cual consta de 5 partidos fuera de casa y 4 en el Templo del Dolor. “Al final tienes un sentido de responsabilidad por estar en la mejor universidad, en el mejor programa, tener la mejor beca del país, en el mejor lugar para hacer fútbol, así que debe ser un orgullo poder luchar por ese sueño que tenemos varios aquí, con la UDLAP en el pecho”, señaló Iván de Jesús Ramírez Carbajo, estudiante de la Maestría en Dirección de Negocios y capitán de los Aztecas UDLAP.
Por su parte, Maricruz Castro García, directora de Deportes de la UDLAP, señaló que el equipo cuenta con el respaldo de las autoridades universitarias y a cambio, la Tribu debe salir por todo desde el próximo 4 de septiembre cuando jueguen como visitante ante los Zorros de Mexicali. “Tenemos una gran responsabilidad utilizando el deporte como una herramienta, para que nuestros estudiantes no solamente sean deportistas, también sean grandes personas que puedan en algún momento profesionalizarse”, agregó.
En el mismo acto, José Luis Rodríguez González, presidente de la Organización Nacional Estudiantil de Fútbol Americano (ONEFA), resaltó que el gran entusiasmo que tiene el equipo y el compromiso de las autoridades de la UDLAP para que sus deportistas sean realmente estudiantes, y en un futuro unos egresados de excelencia. “Además de ser uno de los equipos a vencer, porque la escuadra está mejor armada y tienen un coach con tanta experiencia, dentro de lo que pude percibir es el compromiso institucional para que todos sean egresados”, agregó.
De esta forma, los Aztecas de la UDLAP están preparados para una temporada en la que cada jugada, cada yarda y cada partido serán una nueva oportunidad para demostrar su fortaleza y competitividad en el emparrillado. Además, están convencidos que esa será la fórmula para que la Tribu Verde recupere el protagonismo que la ha distinguido y avanzar hasta el objetivo más anhelado: volver a disputar una final.
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