Entrevistas
Raúl Ornelas rechazó trabajar con Marc Anthony
Published
2 años agoon
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admin
El Confesionario
Ray Zubiri
Nos conocimos hace como 20 años mientras él formaba parte de un grupo de cantauto res que son unos monstruos de la pluma y la interpretación. Seguro los recuerdan, los famosos Tres de Copas (2004-2009), grupo integrado por Luis Carlos Monroy, Jaime Flores y Raúl Ornelas.
Junto, este trío compuso canciones como “En el amor no se manda”, interpretada por Yuridia y Carlos Rivera; “Se me hace”, con Pandora; “Vete”, en la voz de Rocío Dúrcal; “Otra vez”, “Ayer pedí” y “Mi funeral”, éxitos con Víctor García, pero esa es otra historia que ya les contaré en otro momento.
Platiqué largo y tendido con Raúl Ornelas, tan sencillo como aquella primera vez que nos conocimos y, a una distancia de dos décadas, hicimos el recuento desde aquellas presentaciones en foros íntimos y que hoy en día, ante el aumento de fans de buen gusto por la música del chiapaneco, congrega multitudes en recintos como el Complejo Cultural Universitario el próximo 13 de febrero.
—¿Cómo vas renovando tu show?
—Siempre. Ahora estoy montando las canciones que fueron y siguen siendo éxito en voz de otros artistas, pero ahora con mi voz, porque acuérdate que lo prime- ro a lo que yo vine a este planeta fue a ser compositor. Yo así me expresaba porque era muy introvertido.
De ahí surgieron canciones que han escuchado como “¿Qué voy a hacer con mi amor?” (2006), escrita en colaboración con Luis Carlos Monroy e interpretada por Alejandro Fernández, “Manías” (2014), en voz de Thalía.
Otras composiciones son “Hasta la camisa” (colaboración con Roberto Ruiz), “Amor a la mitad”, interpretada por Ana Cirré; “Tú” (escrita en colaboración con Édgar Armand Henríquez), popularizada por Pedro Fernández.
También, “Cuando muere el amor”, grabada por Ragazzi; “A la mitad de la cama” (en mancuerna con Luis Carlos Monroy), éxito con Mijares; “Tu sombra”, con Grupo Pesado; “Amor mío” (colaboración con Jaime Flores y Luis Carlos Monroy), tema de la telenovela “Belinda”.
Así como “Gotitas de miel” y “No era necesario” (ambas en coautoría con Reyli Barba), en las voces de Pandora y Reyli, respectivamente, y Tan cerquita” (escrita con Aleks Syntek).
—¿Cuál fue la primera canción que te grabaron?
—La primera se llama “Alguien está entre los dos”. Había un artista en ese tiempo que era igual a Ricky Martin, pero en formato grupero; fue en sencillo de radio con mucho éxito. Yo soy chiapaneco, entonces imagínate: pasaba en las calles de mi pueblo y escuchaba mi canción ahí en la radio; eso era como pegarle al gordo.
—¿Cuántas canciones tienes escritas y cuántas están publicadas?
—Soy malo para darte ese dato, pero 267 en la SACM (Sociedad de Autores y Compositores de México); esto quiere decir que ya fueron grabadas por un artista, pero de eso a las que he escrito hay muchísimas más.
—Con toda la experiencia que tienes, aseguras seguir poniéndote nervioso a la hora de estar frente al público.
—Tú sabías que Puebla es mi público más chipocludo. Nos costó un trabajo y siempre me responden y por eso estoy preocupado por tocar cada día mejor, por cantar diferente, más bonito.
Yo empecé en esto por poder comunicarme con el planeta y ya cuando me respondieron de cierta manera dije ‘ah, bueno, esto ya requiere un compromiso que es defender la rola más bonito, cantarla más guapo y todas estas cosas’.
—¿Raúl, eres trovador o pop?
—Yo soy popero. Sí empecé muy trovero, pero fue pasando el tiempo y me dijeron popero, pero como trovador me gusta mucho. Cuando tú tienes la pluma medio cargadita y con cierta temperatura de este lado, la gente te lo reconoce.
—¿Rechazaste trabajar con Marc Anthony? Cuéntame qué pasó.
—Sí, la canción se llama “Loca”, pero cuando me dijeron, como tienes que colaborar, cuál es la participación; aquí vienen los porcentajes y eso la neta antes se usaba mucho. Creo que hoy en día sigue el mismo rollo, pero ya sé cómo defenderme. A veces pienso ‘qué tonto, se la hubiera dado; total, las canciones van y vienen’.
En sus conciertos, Ornelas siempre da oportunidad a nuevos valores, ya que recuerda que personalidades como Juan Gabriel y Ricardo Arjona los invitaron cuando eran Tres de Copas a abrirles sus conciertos.
Incluso él ahora lo hace con sus paisanos; uno de ellos que estaba en una taquería en Tapachula y se puso a cantar ahí una canción. Después de escucharlo y cantar ahí con él, Raúl lo invitó a abrir un concierto y eso es padre, porque le puede cambiar la vida a alguien.
—¿Qué consejos les das a los chavos?, porque todos tenemos un boleto desde que nacemos para sacarnos la lotería.
— Todos los artistas tenemos ese rollo donde quisimos tirar la toalla, pero hay una vez donde dijiste ‘ésta es la demostración de que no tengo nada que hacer aquí con este oficio’.
Hay una rola de Dos necios de verdad con Edgar Oceransky donde dice ‘¿será que he perdido el acento, para darle en el centro a los retos que el tiempo me da?
/ será que este largo silencio que me quema el aliento es un trago que ya pasará?
/ ¿será que me habrán ganado la partida los monstruos de la monarquía que no
quisieron apostar por mí?’.
Y es un poco lo que me pasó. Yo fui el primero en entrar a una gran disquera y era la puerta grande, pero también fui el primero al que le dijeron ‘tú te quedas aquí, guardado con un disco hecho, dos años sin hacer nada’, entonces lo que te iba a llevar porque creías que ya habías sacado la lotería fue un trauma, pero era un trago que tenía que aprender para ver de qué estás hecho.
La primera vez cuando empecé y me vi en una marquesina y mi tía me dijo:
‘tengo un cuate que tiene un restaurante donde te va a dar chance cantar’, y fui el primer día a conocer el lugar y a trabajar y vi mi nombre en la marquesina y luego de verlo me dio unos nervios y yo dije ‘no soy de aquí’.
Y mi tía, que es de pocas pulgas me dijo: ‘eso se lo haces a tu abuelita’, y yo quería meter la cabeza en el hoyo de la guitarra y ya había gente en el lugar, pero, mira, todas esas cosas son las que te hacen y eso me tiene hoy aquí cantándole a mi gente, sintiendo los mismos nervios que la primera vez.
Gana boletos para ver a Raúl Ornelas en Puebla. Tendrá lugar el próximo jueves 13 de febrero de 2025, en punto de las 20:00 horas, en el Auditorio CCU de la BUAP.
Tengo cinco pases dobles y uno de esos puede ser para ti.
Lo único que tienes que hacer para ganar es seguirme en Instagram o X @RayZubiri, mandarme tu nombre completo vía MD y decirme el nombre del medio donde leíste esta promoción y por qué quieres ganar; te contestaré para confirmar que ganaste tu pase doble.
¡Escúchenme de lunes a viernes en el programa en el que siempre aprendemos algo nuevo, De todo un poco, con su seguro servidor, de 10:00 a 11:00 horas en Radio BUAP 96.9 FM.
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Educación
Mitos y realidades sobre la lactancia materna.
Published
6 días agoon
23 de septiembre de 2026By
admin
Dr. Darío Alejandro Papaqui Ramírez Médico pediatra y docente de medicina. Asesor certificado de lactancia materna.
Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

Educación
El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?
Published
1 semana agoon
21 de septiembre de 2026By
admin
El Confesionario
Por Ray Zubiri
Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.
Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.
Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”
Y ahí empieza el problema.
Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.
La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.
Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”
¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.
Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.
Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.
Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.
Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.
Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.
¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?
El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.
Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?
Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.
Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.
Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.
Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.
Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.
La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.
Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.
Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.
¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?
Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.
Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.
Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.
Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.
Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.
La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.
Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.
Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.
No mañana.
Hoy.
Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.
Podemos leer con ellos.
Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.
Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.
Podemos permitirles equivocarse.
Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.
Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.
Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.
Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.
El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.
Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.
Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.
Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.
Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.
Si es únicamente para obtener un título, también.
Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.
La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.
Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.
Debería llegar a las escuelas.
A las reuniones de padres.
A las universidades.
A las salas de maestros.
A las conversaciones familiares.
A las comunidades.
Y también a la radio.
Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.
La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.
La escuela somos todos.
Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.
Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:
¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?
La respuesta puede ser incómoda.
Puede doler.
Puede obligarnos a cambiar.
Pero también puede abrir una posibilidad.
Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.
Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.
El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.
La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.
¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.
Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx Redes Sociales: @RayZubiri
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