«Había ido a por pizza, pero la vi allí tirada, me llamaron la atención sus colores, morado y verde, y decidí llevármela al taller», recuerda el entonces estudiante de arte, hoy un consagrado artista de 47 años.
La aplanó, y como era una caja de plátanos —con el logo de la compañía bananera y una etiqueta que aseguraba que el contenido era orgánico–, optó por esbozar en la base a un agricultor cargando al hombro varios racimos de esa fruta.
Plátanos no —les contestó—, pero tras emigrar desde México a los 20 años, tuvo que acarrear cajas y cajas de fresas, «desguató» manzanas durante horas, pasó veranos enteros agachado recolectando espárragos.
Y se armó entre los alumnos una discusión sobre las condiciones muchas veces penosas de los trabajadores agrícolas, la mano de obra mayoritariamente indocumentada que sostiene el sector en Estados Unidos, y su invisibilidad.
Ahora han vuelto al primer plano de alguna manera, al ser el objetivo del programa de deportación masiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ajeno al impacto humano para ellos e incluso económico para su propio país.
Con información de: BBC Mundo.com