Daniel Alonso Viña
Norma Lizbeth reprobó su último examen de matemáticas. Sus compañeros no dejaban de insultarla y cada vez le costaba más concentrarse en clase. Aun así, ella hacía como si no pasara nada y todos los días, al llegar a casa, se sentaba en las escaleras de cemento que dan a las habitaciones de arriba, sacaba sus apuntes y se ponía a estudiar. “Le voy a echar ganas para pasar esta materia”, le decía entusiasmada a su hermano, Omar Ramos, de 19 años, que este miércoles señalaba con tristeza aquellas escaleras. De mayor, su hermana quería ser enfermera, y ya estaba buscando un lugar donde estudiar la preparatoria. “Pero lamentablemente, pues ya no”, dice Omar en un hilo de voz, como si no acabase de creer lo que ha sucedido. Norma Lizbeth murió el 13 de marzo por el traumatismo que sufrió tras pelearse con Azahara Aylin, su compañera de salón.
En la habitación donde estuvo su ataúd todavía quedan algunos restos del velatorio: candelas, ofrendas y una foto de Norma, la única que han guardado. El resto de sus cosas, libros, apuntes, ropa, juguetes, los enterraron con ella. La noche anterior a la entrevista, el cristal de la foto se rompió. “Se rompió sin que nadie la tocara”, asegura Omar. “Es su forma de decirnos que todavía está con nosotros”, dice el joven. Su abuela, una señora pequeña y delgada, merodea por el patio de la casa. Llegó aquí hace una semana para el entierro y para ayudar a su familia estos días. Ahora limpia los cubiertos y los platos en una tinaja mientras observa de reojo a los extraños que han entrado a preguntar por Norma. Habla muy poco, y rompe a llorar en cuanto se la pregunta por su nieta.
Todo empezó a torcerse el 21 de febrero, cuando Azahara retó a Norma a la que sería su primera y última pelea. “Ella nomás quería que la dejaran en paz”, dice Omar. Sus compañeros se metían con su color de piel, le decían naca, fea, india. La pelea fue antes de entrar a clase, alrededor de la una y media de la tarde, en un predio cercano a su colegio, la escuela secundaria Los Jaguares, en San Juan Teotihuacán, al norte del Estado de México. Una de las alumnas que les rodea graba con una mano, mientras con la otra sujeta una maqueta de un átomo.
Delante de ella se produce una pelea muy desigual. Una fuente conectada con el colegio asegura que Azahara, además de la piedra que parece sostener en la mano derecha, portaba un boxer, un puño de metal que rodea los dedos por encima de los nudillos. Norma, que se defendía solo con sus manos, comienza pronto a perder. Azahara la da siete golpes en la cabeza y la deja de rodillas en el suelo. Ella intenta levantarse, pero Azahara la tira del pelo hacia abajo y la sigue pegando. La da al menos otros 12 golpes, todos en la cabeza y en la cara, con saña, sin dar un respiro a su contrincante. A su alrededor, sus compañeros parecen disfrutar de la paliza. Gritan “¡Dale más fuerte!” y “¡En la cara, en la cara!” mientras se ríen con cada nuevo puñetazo.
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Foto: Rodrigo Oropeza