Cinco cámaras observan y graban lo que transcurre en la sala, la que permanece casi vacía de no ser por la presencia del juez de control Francisco Javier Martínez Castillo, dos abogadas representantes de la Fiscalía General de Justicia (FGE), el defensor y el imputado de este caso de presunta corrupción: Jesús Salvador Zaldívar Benavides.
Un oficial de policía a cargo de la sala 11 de la Casa de Justicia Penal de Puebla es el encargado de cerrar las puertas para dar inicio a la audiencia de imputación, en la que el Ministerio Público habrá de hacer la formulación del delito contra el acusado. Son las 13:09 horas de un caluroso jueves 8 de agosto. Reina un silencio apabullante.
En la sala, en la zona destinada al público, se encuentran tres personas. Una de ellas se identificó como familiar del acusado y dos más como público. No hay mayor presencia que la soledad del imputado, no están esas figuras del aguerrido panismo poblano que defendieron a Jesús Zaldívar, dirigente municipal en la capital, detrás de una red social, y acusaron persecución. Sus amigos, que lo llaman “Chucho”, lo dejaron solo.
Desde su llegada a la Casa de Justicia se observó al que fuera director del Conalep, en la minigubernatura de Antonio Gali, preocupado. Acudió puntual a la cita, aunque la audiencia iniciaría media hora después de lo programado.
Un traje azul marino y una camisa, sin corbata, ameritaba la ocasión para estar presentable ante el “señor juez”, quien es la autoridad en la sala y a quien observa de frente, dándole la espalda al público. Los primeros segundos que transcurren de la audiencia voltea a ver a sus invitados y dibuja una sonrisa que es mínima, pues ésta se pierde por su mirada, la cual resulta penetrante en ocasiones.
Con información de: HIPOCRITA LECTOR