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ChatGPT demuestra habilidades inesperadas: ahora también pilota naves espaciales

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En un experimento que parece sacado de la ciencia ficción, un grupo de ingenieros aeronáuticos ha demostrado que sistemas de inteligencia artificial como ChatGPT pueden manejar con éxito operaciones complejas de control espacial. La investigación, presentada en el Journal of Advances in Space Research, utilizó el popular simulador Kerbal Space Program para probar cómo los modelos de lenguaje grande (LLM) pueden guiar satélites y naves en misiones autónomas, logrando incluso el segundo lugar en una competencia especializada.

El desafío surgió ante una necesidad creciente: con miles de satélites orbitando la Tierra y las limitaciones de comunicación en el espacio profundo (donde las señales pueden tardar minutos o horas en llegar), la autonomía se vuelve crucial. Tradicionalmente, esto requería sistemas diseñados específicamente, con meses de programación y ajustes. Sin embargo, los LLM —entrenados originalmente para procesar lenguaje— mostraron una adaptabilidad sorprendente. Con solo unas pocas indicaciones, ChatGPT aprendió a interpretar datos de navegación y a tomar decisiones como ajustar trayectorias o evitar colisiones.

La clave estuvo en la ingeniería de prompts: los investigadores convirtieron la posición, velocidad y objetivos de la nave en instrucciones textuales que el modelo podía entender. Por ejemplo, «el satélite objetivo está 200 metros al noreste, moviéndose a 15 m/s». ChatGPT analizaba esta información y respondía con acciones como «encender propulsores en dirección X durante Y segundos». Un traductor especial luego convertía esas órdenes en código ejecutable dentro del simulador.

Aunque el primer puesto de la competencia lo obtuvo un modelo basado en ecuaciones físicas tradicionales, el éxito de ChatGPT abre posibilidades intrigantes. «Los LLM no reemplazan los sistemas dedicados, pero ofrecen flexibilidad», explicó un investigador. En escenarios donde las condiciones cambian rápidamente —como esquivar basura espacial o reaccionar a fallos imprevistos—, su capacidad para interpretar contextos complejos podría ser invaluable. Eso sí, persisten desafíos: la IA a veces propuso maniobras físicamente imposibles, revelando que aún necesita supervisión humana.

Este experimento no solo redefine el potencial de herramientas como ChatGPT, sino que plantea un futuro donde la IA podría operar sondas en Marte o satélites en Júpiter, donde las comunicaciones con la Tierra son demasiado lentas. Mientras tanto, Kerbal Space Program —un juego diseñado para enseñar física orbital— se consolida como un banco de pruebas inesperado para la próxima generación de tecnología espacial. La frontera entre simulador y realidad, al menos en el espacio, parece desvanecerse cada vez más.

Con información de: Xataka México.com

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