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Opinión

Educación y Tecnología | La edad.

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Luis Lach.

*Luis Lach.

Suelo escuchar el podcast de Diego Ruzzarin, un influencer con muchos seguidores en México, quien tiene una fuerte tendencia a temas filosóficos asociados a posiciones de izquierda. En ocasiones, sin embargo, me ha parecido un tanto inconsistente, y de eso quiero hablarles hoy. Yo lo suelo escuchar en podcasts de Apple, pero les traigo la liga del mismo material del que les voy a platicar en Youtube. El título es «El archienemigo de Joe Biden». En esta reflexión muestra escenas consecutivas de Joe Biden cayendo en las escaleras del avión, de una bicicleta y al terminar un discurso. Y concluye, de forma precipitada en mi opinión, que el hombre ya no está en condiciones de ejercer el cargo de Presidente de su país. Y se lanza a fundamentalmente a mandar a casa a todas las personas mayores, bajo el argumento de que el Capital los está explotando y ya no es edad para ser productivos, que ahora es momento de disfrutar la vida y cuidar a los nietos. Incluso menciona que en los adultos mayores residen ideas igual de avejentadas y que se requieren en el mundo ideas y personas jóvenes. Una generalización un tanto discutible. A mí no me queda claro si lo de Biden pone en tela de juicio su capacidad de seguir siendo presidente de su país. Recuerdo al Presidente Enrique Peña Nieto que con cierta frecuencia cometía actos que yo considero de torpeza y sólo era eso. El juicio de la Historia como presidente, no será por esos momentos que algunos ven chuscos. Y quiero pensar que en el caso de Biden sea lo mismo. Por supuesto, si lo que estuvieran en juego fueran los juicios de una mente errática, ciertamente se debería considerar qué hacer en tal caso. Y aunque la demencia senil se da en personas mayores, nadie está exento de desarrollar pérdida de lucidez, no importando su edad.

Lo que me preocupa es lo que sucede en la mente de Ruzzarin. Parece más el llamado de una generación a la que pareciera que le estorban sus mayores. Hablamos de discriminación por género, pero nunca hablamos de la discriminación por edad. Y se han creado etiquetas que generalizan a generaciones completas (Baby Boomers, Generación «X» y demás). Si bien estas clasificaciones tienen un sentido, dado que encuentran elementos en común en la sociedad, la tecnología, la economía, que van aglutinando generaciones completas. Pero desmenucemos esto, porque justamente es un tema trascendente que no debemos de caricaturizar. Hay un acuerdo de que podemos dividir a las generaciones de hoy en día en:

1. Baby Boomers. Aquellos que nacieron al final de la segunda guerra mundial hasta 1964  (aunque la fecha final depende de quién es el que escribe sobre esto). Se caracteriza justamente por ser la generación de la posguerra y del enorme crecimiento poblacional, así como la industrialización acelerada (particularmente para el caso de México). Asimismo, con esta generación se desarrollan los cambios tecnológicos que vemos hoy en día. Socialmente, surgen grupos de jóvenes que inician un movimiento contracultural, caracterizado por el surgimiento del Rock and Roll, los cabellos largos en los hombres y todo lo que definía a una generación que se rebelaba contra los adultos, muchas veces autoritarios y distantes, muy bien reflejada en la película The Wall del grupo Pink Floyd.

2. Generación «X». Comprende a las personas que nacen entre 1965 y 1981 (a mí me parece un poco arbitraria las fechas que se definen. Por ejemplo, yo nací en 1962. Sin embargo yo creo que me identifico más con la Generación «X»). A este grupo le tocan los cambios más acelerados de la tecnología. Con este grupo nacerá el cómputo personalizado, continuará la explosión demográfica, pero también comparte muchos aspectos culturales de la generación previa. Le tocará la cruda del desempleo, la crisis petrolera de los años 70 y el inicio de la conciencia del daño que estábamos haciendo al planeta. Es una generación escéptica. Las flores en el cabello de los años 60, pasan a la cruda realidad (pero si se fijan, no son fechas y eventos que puedan ser separados a rajatabla. Entre la generación Baby Boomer y la Generación «X» hay una transición, al igual que lo será en las siguientes generaciones).

3. Generación Millenial o Generación «Y». Que se sitúa aproximadamente entre 1981 y el año 2000, corresponde a las personas que son producto de la explosión demográfica, con fuertes hábitos en el uso de las TIC (aunque todo depende de que no pertenezcan a grupos con rezago en el acceso a dichas tecnologías). Los millenials, que hoy en día comienzan a tener puestos claves en la sociedad son una generación que, por un lado, inicia paulatinamente la apertura al reconocimiento de los grupos que hoy llamamos LGBT+Q. Asimismo, es la generación que nace con la explosión de la pandemia del VIH (virus de inmunodeficiencia humana, que cambia los hábitos sexuales de las personas en definitiva). Asimismo, es también la generación a partir de la cual comienza una declinación del crecimiento demográfico y con un efecto resultante del envejecimiento paulatino de la población (que comenzamos a ver en el mundo de hoy). A eso hay que añadir, que la población que comienza a avejentarse tiene mayores esperanzas de vida que en el pasado, pero con el fantasma del desempleo y de la auto realización que comentarios como el de Ruzzarin, quien seguramente pertenece a este grupo generacional, simplemente ignoran. Le estorban. Cree que un abuelito no se va a aburrir de pasear nietos durante 30 años y al que desde esta perspectiva nada le ofrece la vida ya (como si eso no fuera razón para una crisis profunda en un sector que aún está vivo). Y eso debe cambiar, porque justo a esta generación Millenial el desempleo le va a llegar más rápido de lo que creen y la vejez les será mas larga y penosa si no reconocemos el problema. Se requiere un cambio de perspectiva, y contrario a lo que él dice, población mayor con mayores retos productivos, metas y auto realización qué cumplir. Hay que dejar claro que no es lo mismo vejez que enfermedad. Tengo mucho ejemplos cercanos de personas de más de 90 años productivas y lúcidas.

4. Generación «Z».  Genéricamente sería la generación de los nacidos del año 2000 en adelante. Y es por mucho la generación con características más diferenciadas de todas las anteriores. El caldo de cultivo con que nacieron ya no es el correo electrónico, son las redes sociales, y su comunicación es por medio de dispositivos digitales todo el tiempo. A eso hay que añadir la pandemia COVID 19, que literalmente los encerró en sus cuartos durante dos años (a todos los demás también, pero en esta generación los efectos son diferentes en mi opinión) y les ha generado la percepción de un mundo hostil, con multitud de problemas ambientales, con el establecimiento definitivo de la tolerancia, al menos en el discurso, a las razas, a las preferencias sexuales, etcétera, pero no a la edad (quizás porque aún son muy jóvenes para dimensionar a este grupo social que ven muy lejano a ellos). Y para cerrar, a este generación le está arribando la Inteligencia Artificial, que modificará sus formas de trabajo, que ya de por sí habían cambiado con el acceso al llamado Home Office y tratándose de educación, particularmente en el nivel universitario, con transformaciones muy poderosas y atravesadas por las tecnología, y en particular por la IA. En este sentido, estos jóvenes deben modelarse de una forma radicalmente diferente a generaciones previas, para saber cómo utilizar estos nuevos paradigmas. Y para ello, la educación se va a transformar (le guste o no a quienes la dirigen, porque no está pidiendo permiso para arribar).

En conclusión, pasamos de la generación que se rebeló contra la tiranía de los adultos, a otra generación que los discrimina y les transmite el mensaje de que estorban. Quien ose poner en su CV una cuenta de Hotmail, inmediatamente es sancionado por los reclutadores como un desperdicio que no vale la pena ni siquiera revisar qué más dice. La consigna es «si tiene Hotmail, es que no sabe de tecnología, porque está viejo», lo cual evidentemente es un prejuicio.

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Correo: luislach@drafconsultores.com

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Espectáculos

Romina Mimiaga no pidió permiso para hablar de desamor: llegó con “Contesta”

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La joven cantautora de Tuxtla Gutiérrez Chiapas presentó su nueva canción en Breve Espacio, en una noche de música, amigos, despecho y una buena dosis de emociones.

Hay canciones que nacen para celebrar el amor y otras que aparecen justo cuando el amor ya hizo las maletas. “Contesta”, de Romina Mimiaga, pertenece a la segunda categoría.

La noche del miércoles 26 de agosto, a las 19:30 horas, Breve Espacio, ubicado en la calle 7 Norte número 8, en el Centro Histórico de Puebla, recibió a amigos, compañeros, invitados y público que llegó para conocer de cerca la propuesta musical de esta joven cantautora mexicana.

Y sí: hubo música, aplausos y fiesta. Pero también hubo algo que suele aparecer cuando alguien decide convertir el desamor en canción: historias con las que más de uno termina diciendo, aunque sea en silencio, “eso también me pasó”.

Romina Mimiaga presentó oficialmente “Contesta”, una canción de su propia autoría que habla de una relación que comenzó entre ilusiones, caricias y promesas, pero terminó con una pregunta que queda flotando en el aire: ¿quién fue capaz de entregarlo todo y quedarse con las manos vacías?

La canción no intenta disfrazar el dolor. Lo pone sobre la mesa y lo convierte en música.

Del saxofón a las historias que se cantan

La relación de Romina con la música comenzó desde pequeña. A los siete años encontró en el saxofón uno de sus principales medios de expresión, instrumento que con el paso del tiempo se convirtió en una de las características de su identidad artística.

Después llegaron el piano, la guitarra y el ukulele.

Más que acumular instrumentos, Romina fue construyendo herramientas para contar historias.

Su propuesta parte de experiencias personales relacionadas con el amor, el desamor, la pérdida y el crecimiento. En sus canciones existe una intención clara: tomar aquello que duele, aquello que cuesta explicar y convertirlo en una melodía que pueda ser compartida.

“Contesta” nació años atrás y, con el tiempo, encontró una nueva oportunidad para convertirse en una producción más consolidada, con participación de piano, guitarra eléctrica y saxofón.

La canción representa así algo más que un lanzamiento. Es una fotografía de una etapa en la vida de una artista que comienza a construir su propio repertorio y a definir la voz con la que quiere presentarse ante el público.

Una noche para cantar el despecho

El lanzamiento tuvo forma de fiesta.

Entre coros, aplausos y la compañía de amigos, compañeros y personas que acudieron por primera vez a conocer su proyecto, Romina presentó un repertorio que hizo un recorrido por diferentes historias de amor, pérdida y nostalgia.

La lista incluyó canciones covers como “Desvelado”, “Algo más”, “El sol no regresa”, “¿Me das permiso?”, “Tu cárcel”, “Mentira”, “A puro dolor”, “Un hombre normal”, “No lo beses”, “Que vuelvas” y “Te hubieras ido antes”, entre otras.

Porque si algo quedó claro durante la noche es que el despecho también tiene banda sonora.

Y cuando llegó el momento de “Contesta”, la historia tomó otro sentido. Ya no era solamente una canción reproducida desde una plataforma digital. Era una canción interpretada frente a las personas que habían acudido a conocer a la artista detrás de ella.

Lo que viene después de “Contesta”

Romina también aprovechó la noche para compartir parte de lo que sigue en su camino musical.

Entre las canciones que presentó estuvo “Quédate un segundo”, próximo lanzamiento que llegará a plataformas digitales, así como “La del proceso”, composición de Marcel Rooijackers que interpretó en una versión acústica.

Este paso forma parte de una etapa de consolidación para Romina Mimiaga, quien poco a poco construye una propuesta independiente que combina canción de autor, interpretación y una marcada presencia del saxofón.

Su proyecto todavía está en construcción, pero quizá ahí se encuentra una de sus mayores virtudes.

No pretende presentar una historia terminada.

Está escribiendo la historia mientras sucede.

Y en tiempos en los que todo parece tener que ocurrir rápido, escuchar a una artista que está construyendo su camino canción por canción también tiene algo de especial.

Una canción que pide respuesta

“Contesta” ya se encuentra disponible en plataformas digitales y representa una invitación a conocer el universo musical de Romina Mimiaga: un espacio donde el amor no siempre termina bien, donde el desamor puede convertirse en canción y donde una herida también puede encontrar ritmo, melodía y voz.

Porque algunas historias terminan con un “adiós”.

Otras, como esta, todavía tienen una pregunta pendiente.

¿Y ahora contesta?

Redactado por: Anna Torres

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Educación

Entrevista con el primer actor Miguel Pizarro.

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El primer actor Miguel Pizarro habla de la época del preciosismo en televisión y su relación con Puebla desde que era niño.

¿Qué es vivir con la fama de un personaje y no poder salir ni a la calle? de esto nos plática el primer actor Miguel Pizarro.

¿Sabías que Miguel Pizarro participo en fotonovelas que es una historia contada con fotos reales en vez de dibujos?

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Educación

Jíkuri: viaje al país de los Tarahumaras

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que cuentan una historia, y hay otras que, sin pedir permiso, nos meten en un sueño. Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras, de Federico Cecchetti, pertenece a estas últimas. Es una película que no solamente habla de Antonin Artaud, de los rarámuris o del jícuri; habla del encuentro entre dos mundos, de la búsqueda espiritual y de esos caminos misteriosos que, a veces, terminan por llevarnos hasta nosotros mismos.

Para entender qué había detrás de esta propuesta cinematográfica, platiqué con su director, Federico Cecchetti, y debo decir que nuestra conversación fue también un viaje: primero hasta la Francia de Artaud, después hasta la Sierra Tarahumara y, finalmente, hasta esa frontera donde los sueños, el ritual, la poesía y el cine parecen convertirse en una sola cosa.

Federico me confesó que la historia de Artaud llevaba mucho tiempo rondándole la cabeza. “Era una historia que ya tenía mucho tiempo esperando para pasar al cine”, me dijo. Y no es para menos. El viaje que Antonin Artaud realizó a la Sierra Tarahumara en 1936 es casi una leyenda. El poeta, dramaturgo y teórico del teatro francés llegó fascinado por los rituales rarámuris y por el jícuri, como se conoce al peyote dentro de esta cosmovisión.

Pero Federico encontró en aquella historia mucho más que un episodio biográfico. “Cuando me enteré de esta historia pensé que era una película con muchos ingredientes: chamanismo, las culturas de México, el arte, el surrealismo, los sueños, la poesía… se involucra todo lo que a mí me interesa”. Y ahí entendí que Jíkuri no pretende ser una biografía convencional de Artaud. Es, más bien, un viaje interior.

La película está construida en dos tiempos: la Sierra Tarahumara y Francia, donde Artaud termina internado en un hospital psiquiátrico. Federico encontró esa estructura en el propio libro De un viaje al país de los tarahumaras. “Son dos personas diferentes, entonces me pareció importante seguir la estructura del libro”, me explicó.

La primera parte fue filmada en la Sierra Tarahumara, un territorio que en pantalla adquiere una fuerza casi hipnótica. Pero Cecchetti no llegó simplemente como un visitante que pretendía colocar una cámara frente a un paisaje espectacular. Se dedicó a investigar, a convivir y, sobre todo, a escuchar.

Ahí apareció una figura fundamental: don Felipe Fuentes, sipáame de Carichí, quien ayudó al director a acercarse a la cultura rarámuri. “Don Felipe me dio su apoyo y empecé a elaborar el guion”, recordó Federico.

Y entonces ocurrió algo muy interesante: Cecchetti decidió no ilustrar literalmente los textos de Artaud, sino crear una historia propia a partir de sus ideas. “Es una interpretación muy libre del texto de Artaud. A los ensayos les inventé una narrativa y unos personajes que no están en el libro”.

Y quizá ahí está una de las mayores virtudes de la película: no intenta reconstruir el pasado como una fotografía, sino interpretarlo como un sueño.

Pero si hay algo que hace especial a Jíkuri, es el encuentro entre Artaud y Rayénari, un corredor rarámuri interpretado por José Cruz Apachoachi.

Rayénari busca convertirse en el mejor corredor, pero la llegada del poeta francés cambia completamente su destino. Y aquí aparece uno de los elementos que más me llamó la atención: el encuentro entre ambos personajes parece estar escrito por el destino.

De hecho, Federico me contó que conoció a José Cruz de una manera que parece sacada de la propia película. “Lo vi de casualidad por una calle en Guachochi, él me saludó y platicamos, yo le dije: ‘Eres Rayénari’”.

Pasaron dos años antes de que volvieran a encontrarse para el casting. Y José terminó convirtiéndose en el protagonista.

No pude evitar preguntarle a Federico si aquella coincidencia tenía algo que ver con la propia película. Y, de alguna manera, sí. Porque Jíkuri habla precisamente de esos encuentros que parecen imposibles, de los sueños que conectan a las personas y de los caminos que se cruzan cuando uno menos lo espera.

Hay otra pieza fundamental para entender esta película: Antonin Artaud no era solamente un poeta. Fue un revolucionario del teatro.

Federico estudió profundamente sus ideas, particularmente El teatro y su doble, donde Artaud planteaba que el teatro debía recuperar algo de su esencia ritual. “Para Artaud el teatro era un regreso a las fuerzas primitivas, a estos poderes de la naturaleza”.

Y eso se refleja en la pantalla. No estamos ante una puesta en escena tradicional. Jíkuri tiene momentos que parecen más cercanos a una experiencia sensorial que a una narración convencional.

El propio director lo reconoce: “Él abogaba por la expresividad, más que por el realismo”. Y agrega: “Me llevó a crear una película que tiene un toque bastante experimental”.

Quizá por eso hay momentos en los que uno siente que no está viendo la Sierra Tarahumara, sino entrando en ella; como si la cámara dejara de ser una simple herramienta cinematográfica para convertirse en una especie de puerta.

Hay una idea que podría resumir buena parte de esta película: los sueños también pueden ser caminos.

Federico me explicó que los rarámuris tienen una relación particular con el ritual y que su experiencia espiritual no puede reducirse simplemente al consumo del peyote. “La experiencia rarámuri se basa más en el trance por la danza, el canto y la invocación al espíritu del Ciguli, más que por el consumo de la planta”.

Esto resulta fundamental para acercarse a la película con respeto. No se trata de presentar una cultura desde el exotismo, sino de intentar comprender una cosmovisión.

Y aquí aparece nuevamente Artaud: un francés que llegó a México buscando algo que Europa, según él, había perdido.

Quizá eso sea lo que más me interesa de Jíkuri: que mientras Artaud buscaba respuestas en la Tarahumara, la película nos obliga a preguntarnos qué buscamos nosotros cuando nos acercamos a una cultura diferente, a un ritual, a un paisaje desconocido o incluso a nosotros mismos.

Le pregunté a Federico algo que me parecía inevitable: si, en cierta forma, Artaud podía ser también un alter ego suyo.

Después de todo, el director ya había explorado la cultura wixárika en El sueño del Mara’akame. Y ahora regresaba al mundo indígena para encontrarse con los rarámuris.

Su respuesta fue contundente: “Yo me sentí muy identificado con la búsqueda de Artaud”.

Después me dijo algo que, quizá, explica por completo por qué decidió hacer esta película: “Al leerlo pensé que teníamos muchos intereses en común, y que lo que yo había hecho en la sierra huichol, Artaud lo había hecho en la tarahumara”.

Porque detrás de la historia de un poeta francés que llega a la Sierra Tarahumara existe una pregunta mucho más grande: ¿qué estamos buscando cuando viajamos hacia una cultura, hacia un ritual o incluso hacia nosotros mismos?

Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras cuenta la historia de Antonin Artaud y Rayénari, pero también plantea una reflexión sobre la identidad, la espiritualidad, la memoria y el poder de los sueños.

La cinta está protagonizada por François Négret, como Antonin Artaud, y José Cruz Apachoachi, como Rayénari. La película ha recorrido importantes festivales nacionales e internacionales y ha cosechado reconocimientos, entre ellos Mejor Largometraje y Mejor Dirección en Oculto Film Festival, además de premios y selecciones en encuentros como Transmutación Festival de Cine Contemporáneo y Feratum.

Pero quizá el mejor reconocimiento sea otro: que una historia escrita hace casi un siglo por un poeta francés siga provocando preguntas en el México de hoy.

Federico Cecchetti tomó las palabras de Artaud, las llevó a la Sierra Tarahumara y las convirtió en imágenes. Y después de conversar con él, me quedó una sensación difícil de quitarse de encima.

Tal vez Artaud no fue a la Tarahumara solamente para conocer a los rarámuris.

Tal vez fue a buscar aquello que sentía que había perdido.

Y casi cien años después, Federico Cecchetti emprendió un viaje parecido.

Solo que esta vez llevó una cámara.

Porque hay viajes que se hacen con los pies… y otros que se hacen con el alma.

Estrena el 17 de septiembre en cines.

¿YA ESCUCHARON A MISCELANEA EL TRIUNFO?

Miscelánea el Triunfo es un proyecto musical de LoFi/Dark Fantasy hecho por Gonzalo Díaz y Esdras Garcés, dos ex compañeros de prepa. El proyecto nace en marzo de 2026, después de un encuentro casual en el OXXO, donde intercambian números. Meses después se reúnen para echar el palomazo y ver qué sale.

La música de Miscelánea busca explorar elementos cotidianos de la vida en México: una tienda de la esquina, una bolsa para hacer el mandado, los productos que consumimos a diario y las expresiones que usamos de manera natural para interactuar y comunicarnos, combinados con sonidos suaves de guitarra, grooves rítmicos y pegajosos de bajo, una batería de Hip-Hop y juguetes e instrumentos diversos, como muñecos que hablan y sintetizadores viejos.

La estética del proyecto se explica de manera divertida en la portada de su primer álbum, titulado: Sucursal #1, donde se usa esa bolsa que nos ha servido a todos para comprar desde las tortillas hasta una caguama bien helodia.

Al momento, Miscelánea el Triunfo se encuentra trabajando en su segundo material, el cual saldrá el 11 de septiembre de este 2026

El proyecto se compone de elementos sencillos que se encuentran en cualquier canción de LoFi: guitarras, un bajo, batería, sintetizadores viejos, algunos juguetes musicales y samples de estos mismos juguetes.

Basada en progresiones de acordes de guitarra procesada con pedales que la hacen sonar lejana y tranquila, como en un sueño, con la intención de generar emociones como nostalgia, felicidad y calma, acompañado de un groove rítmico y pegajoso de bajo.

Además, en algún momento se comparten algunos pensamientos utilizando recursos de spoken word.

¡Tienen que escucharlos!

Busquen su música no se arrepentirán Link de la música en plataformas:

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La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

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