Al menos siete personas tras un ataque con misiles lanzado por India contra territorio pakistaní y la zona de Cachemira bajo administración de Islamabad. Según fuentes militares paquistaníes, los blancos incluyeron las localidades de Bahawalpur, Muzaffarabad y Kotli, en lo que el primer ministro Shehbaz Sharif calificó como un «ataque cobarde» que no quedará impune. Por su parte, India justificó la operación como una respuesta a ataques terroristas planeados desde la región.
El gobierno indio denominó la ofensiva como «Operación Sindoor», asegurando que fue «concentrada y mesurada», sin apuntar a instalaciones militares paquistaníes. No obstante, Pakistán rechazó estas afirmaciones, tachando el ataque de «vergonzoso» y advirtiendo que responderá «en el momento y lugar que elija». Horas después, Islamabad reportó bombardeos de artillería en la Cachemira india, mientras que Nueva Delhi confirmó una respuesta «calibrada» a lo largo de la línea de control.
La escalada militar provocó el cierre del espacio aéreo en zonas clave de ambos países, afectando aeropuertos como los de Lahore, Karachi e Islamabad, y cancelaciones de vuelos en regiones fronterizas indias. La tensión se enmarca en el conflicto histórico por Cachemira, disputada desde la partición de la India británica en 1947 y escenario de dos guerras entre estas potencias nucleares. El ataque indio fue una represalia por el atentado del mes pasado en Cachemira india, que dejó 26 muertos y que Delhi atribuye a grupos respaldados por Pakistán.
La comunidad internacional expresó preocupación. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a la «máxima moderación», mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, se limitó a lamentar la situación. Analistas destacan el riesgo de una espiral de violencia: aunque ambos países afirman controlar la escalada, la amenaza de represalias pakistaníes añade incertidumbre. En el pasado, mediaciones externas han frenado confrontaciones, pero la prioridad global de Washington sigue siendo incierta.
El episodio revela la fragilidad de la región. India y Pakistán buscan proyectar fortaleza ante sus ciudadanos, pero el cálculo político podría derivar en consecuencias imprevisibles. Con arsenales nucleares en juego y una rivalidad de siete décadas, la comunidad internacional observa con alarma una crisis que, por ahora, no muestra señales de desactivarse. La pregunta ahora es si la diplomacia logrará contener una escalada cuyas víctimas, una vez más, son civiles atrapados en un conflicto sin fin.
Con información de: BBC en Español.com