El 5 de mayo de 1862 se libró en Puebla una de las batallas más emblemáticas de la historia de México, cuando el Ejército de Oriente, encabezado por el general Ignacio Zaragoza, enfrentó a las fuerzas invasoras del Segundo Imperio Francés comandadas por el conde de Lorencez. Esta confrontación se dio en el contexto de la Segunda Intervención Francesa, cuando las tropas galas intentaban avanzar hacia la capital mexicana con el objetivo de imponer un régimen aliado a Napoleón III. La resistencia mexicana logró frenar el avance y obtener una victoria que se convirtió en símbolo de soberanía nacional.
El combate fue cruento y prolongado, como quedó registrado en los telegramas que Zaragoza envió al presidente Benito Juárez, manteniéndolo al tanto de los movimientos enemigos. En uno de estos mensajes, redactado el mismo día del enfrentamiento a las 7:03 de la tarde, el general expresó satisfacción por la actuación de sus tropas y, al mismo tiempo, reconoció el coraje del ejército francés. A pesar de haber sido derrotados, afirmó que los soldados franceses “se han batido como bravos”, muchos de ellos cayendo en las trincheras de Guadalupe.
En los días posteriores a la batalla, se supo que algunos soldados mexicanos se habían apropiado de medallas y condecoraciones de los franceses capturados. El 8 de mayo, Zaragoza informó al ministro de Guerra, Miguel Blanco Múzquiz, que ordenaría la recuperación de esas preseas para devolverlas a sus legítimos dueños. Su decisión no sólo mostraba respeto hacia el adversario, sino también una postura ética en la victoria, condenando el abuso y reconociendo el dolor de los enemigos despojados.
Pese al revés en Puebla, el Imperio Francés no desistió. Napoleón III consideró la derrota inaceptable y envió un nuevo contingente de más de 30,000 soldados, incluyendo tropas aliadas extranjeras. La dirección del ejército fue delegada al general Frédéric Forey, quien encabezó una nueva ofensiva contra Puebla en lo que se conoció como el Sitio de Puebla, que duró del 16 de marzo al 17 de mayo de 1863. Para entonces, el general Jesús González Ortega estaba al mando de las fuerzas mexicanas tras la muerte de Zaragoza en septiembre del año anterior.
Aunque la resistencia fue tenaz, los franceses finalmente ocuparon Puebla el 19 de mayo y, pocas semanas después, tomaron la Ciudad de México el 10 de junio de 1863. El gobierno de Juárez, lejos de rendirse, emprendió un largo recorrido hacia el norte del país, manteniéndose en pie ante la ocupación. Cuatro años después, tras una intensa lucha y con el respaldo de la población, Juárez regresó victorioso a la capital el 15 de julio de 1867, consagrado entonces como el “Benemérito de las Américas”.
Con información de: Infobae.com