En 2018, Johanna Perry participó en el maratón de Londres junto a su hija y yerno, un día que resultaría traumático. Tras consumir grandes cantidades de agua durante la carrera, su cuerpo colapsó: perdió el conocimiento y despertó tres días después en cuidados intensivos. Aunque un video mostraba que había cruzado la meta, ella no recordaba nada. «Había bebido tanto que eliminé sales y nutrientes esenciales», explicó. Su caso es un ejemplo extremo de intoxicación por agua, un riesgo poco conocido pero potencialmente mortal.
El agua es vital para el organismo —representa el 60% de nuestro peso corporal— y cumple funciones críticas: transporta nutrientes, regula la temperatura y protege órganos. Sin embargo, como advierte Nidia Rodríguez-Sánchez, experta de la Universidad de Stirling, «no la consideramos un nutriente clave». El equilibrio hídrico es delicado: la deshidratación causa mareos y fatiga, pero el exceso de líquido puede diluir el sodio en sangre, provocando hiponatremia. Johanna sufrió este trastorno, cuyos síntomas incluyen náuseas, confusión e incluso convulsiones.
Las recomendaciones generales sugieren 2 litros diarios para mujeres y 2.5 para hombres, pero estas cifras son variables. John Speakman, investigador de la Universidad de Aberdeen, aclara que factores como el clima, la edad y la actividad física modifican las necesidades. «Un joven en clima cálido necesitará más que un adulto mayor en un entorno frío», señala. Además, el 20-30% del agua proviene de alimentos como frutas y verduras. La sed y el color de la orina —amarillo pálido es ideal— son las mejores guías para hidratarse sin riesgos.
El caso de Johanna expone los límites del cuerpo: los riñones solo procesan un litro de agua por hora. Durante el maratón, al superar esa capacidad, su organismo no pudo compensar la pérdida de electrolitos. Aunque se recuperó, la hiponatremia grave puede causar coma o la muerte. Este riesgo es especialmente alto en deportistas, personas con ciertas enfermedades o quienes siguen retos de hidratación extremos sin supervisión médica.
La clave, según los expertos, está en escuchar al cuerpo y evitar extremos. «No hay una regla universal», insiste Speakman. Mientras las autoridades sanitarias enfatizan la importancia del agua, también recuerdan que su consumo debe ser consciente y adaptado a cada persona. La historia de Johanna sirve como advertencia: incluso el líquido más esencial, en exceso, puede convertirse en una amenaza silenciosa.
Con información de: BBC en Español.com