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Opinión

Educación y Tecnología | La sobreprotección en el medio educativo.

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Luis Lach.

*Luis Lach.

 ©Luis Lach.

Estoy escribiendo esta columna, justo el día 8 de abril, en que acaba de suceder el eclipse que recorrió una buena parte del territorio nacional (en algunas zonas el eclipse fue total, como en Mazatlán, Sinaloa) y en otras regiones fue parcial. Lo más sorprendente fue la respuesta de las autoridades educativas y de las escuelas mismas. Si bien, el día no fue suspendido, en muchos planteles públicos o privados, se toleró la ausencia de los estudiantes, porque se tenía miedo de que se quedaran ciegos los niños y niñas por ver por mucho tiempo hacia el sol. ¡Qué barbaridad!, ¡qué oportunidad de observar un fenómeno astronómico, utilizando las medidas de seguridad del caso! En mi caso, en que estuve colaborando en una escuela secundaria particular, le sugerí a la Directora que a los niños de geografía, les permitiera observar el fenómeno, con cristales ahumados de protección, y que al mismo tiempo, yo les enseñaría cómo tomar fotografías del eclipse. La respuesta fue que si yo quería, tomara las fotos, pero que los niños no saldrían. Y eso me lleva al tema de esta columna:

La pandemia por COVID 19 ha tenido efectos que han permanecido en el tiempo. Si bien, las medidas de protección eran obligatorias, porque nos enfrentábamos a un virus nuevo y nadie tenía defensas contra ello, y que tuvo como resultado previsible que, si bien hubo muchas muertes y contagios, se controló que el número fuera mayor, gracias a esas medidas. La protección de niños, niñas, adultos y adultos mayores fue obligada, pero lo que le siguió (y que ya existía desde antes), fue la sobreprotección, la cuál tiene consecuencias serias si no nos medimos los adultos, tanto en la escuela, como en casa.

¿Qué es la sobreprotección?

Primero, tenemos que separar la protección de la sobreprotección. La protección significa para infantes, niños, niñas y adolescentes, el desarrollarse en un ambiente de seguridad, en el cuál sus necesidades son cubiertas de forma adecuada y que permite que crezcan con algunos de los siguientes atributos:

– Autoestima alta.

– Seguridad en el aprendizaje.

– Papá y mamá atentos a disminuir los temores del niño a que le pueda suceder algo.

– Ser valorizado por papá y mamá como alguien único y querido.

– Aprender a cuidarse por sí mismo y asumir las consecuencias de sus decisiones.

Hasta allí, todo bien. Pero va surgiendo posteriormente en padres y madres la tendencia a que su niño o niña, no le toque ni el aire. Que le quiten cualquier obstáculo que se atraviese, y fundamentalmente dominar, castrar y desvalorizar al hijo. Todo eso, aparentemente sucede sin que como adultos nos demos cuenta de que está sucediendo algo que va dañando el sano desarrollo de este, pero que en el fondo va creando relaciones de co dependencia, en los que, conforme el hijo no se desprende del seno parental, sigue dependiendo de este y llegará a la edad adulta relacionado de forma poco sana con sus padres. Algunas de las consecuencias de la sobreprotección son:

– Autoestima baja (sólo puedo hacer cosas si me dicen cómo. No soy capaz de explorar por mi cuenta).

– Necesito continuo refuerzo de mis papás de que estoy haciendo las cosas bien.

– Aventurarme a hacer acciones con cierto grado de incertidumbre (como subir un cerro), se torna increíblemente peligroso, siendo limitado por los padres.

– La responsabilidad de mis tareas es de mis papás, no mía.

– Mis papás se encargarán que no experimente el error, la equivocación.

– Etcétera.

Lo cierto, es que hay peligros por el sólo hecho de vivir. Retomando el ejemplo del cerro, existen riesgos inherentes a subir el cerro: puedo caerme, puede desgajarse una parte del cerro, etcétera. Un padre o madre protector, se encargarán de enseñarle las medidas de seguridad y velará porque vaya con un grupo que sepa tomar las medidas correspondientes (por ejemplo, un grupo scout). Un padres o madre sobreprotector, podría limitar o prohibir la actividad del hijo, o llevarlo de la mano, dudando con esta acción de la capacidad del hijo a resolver sus problemas. ¿Qué quiere decir esto?, que nada en la vida está garantizado. Que la única forma en que nuestros hijos sepan transitar en el mundo es que vayamos permitiendo que gradualmente asuman ellos mismo sus riesgos y aprendan de ello.

¿Y qué hace la escuela?

Pues mi experiencia ha sido, que la sobreprotección es la práctica habitual con que la SEP empuja la operación de escuelas públicas y privadas. Niños y niñas deben estar observados en todo momento, particularmente en el patio de recreo. Y si bien, hasta allí todo bien, si sucede cualquier cosa (un raspón de rodilla), debe anotarse en un cuaderno de incidencias, donde insisto, no está mal, si no que se lleve esto al extremo de la sobreprotección, observando cada movimiento de los niños y niñas. Por ejemplo, un niño fue golpeado por un balón que rebotó de un poste para su mala suerte en su cara y que básicamente lo dobló sus anteojos. La escuela levantó el incidente, se llamó a su casa, y cuando la mamá asistió al colegio, les reclamaba acciones de acoso escolar contra su hijo, a pesar de que este insistía que había sido sólo un accidente y que no tenía nada. Reclamos como este es a los que tiene terror la SEP, y en lugar de establecer soluciones que se encuentren en el marco de una política educativa bien reflexionada por expertos, mejor responde a la exigencia de sobreprotección, con sobreprotección. Y todos felices. ¿Pero cuál sería una acción que nos ayudaría a salir de este círculo pernicioso?:

Escuela para padres

Es crucial que hagamos un alto y trabajemos con los padres cuáles son las conductas adecuadas de protección de los hijos, y cuáles son las inadecuadas como el abandono o la sobreprotección. Y qué hacer en cada caso. Cuando he platicado con directores de escuelas, de la necesidad de tener una escuela para padres, donde mamás y papás como la del niño del balonazo, entiendan que si bien, un accidente de estos se busca evitarlo, la verdad es que suceden cada cierto tiempo, y son parte del proceso de aprendizaje de sus hijos, la respuesta de los directores es que se les cita, pero no van. Creo que hay que insistir un poco más a este respecto. Establecer medidas que motiven a padres, madres o tutores a asistir a las reuniones. También poner estas reuniones en horarios que sean posibles para la mayoría.

Idealmente, hacer las sesiones de forma presencial, pero si eso no funciona, hacerlas por videoconferencia. Pero aprovechar ese tiempo, para que descubran los adultos qué acciones suyas dañan el proceso de desarrollo de sus hijos, y cuáles los estimulan a ser mejores personas, que estoy seguro que es lo que todos quieren.

De forma alternativa, la escuela también debe reflexionar si tiene acciones sobreprotectoras sobre los estudiantes y de qué forma (además de la escuela para padres), se puede ir conteniendo esa propensión a resolver la vida de los alumnos. Y en forma paralela, hacer un llamado a la SEP a que tome cartas en en estos asuntos y que revise sus protocolos. Requerimos niños, niñas y jóvenes que crezcan con la seguridad de explorar el mundo y de tomar las medidas necesarias para no morir en el intento. Al final de cuentas, el mundo es suyo y todos queremos que sean felices.

Feliz semana.

Mis redes sociales:

Correo: luislach@drafconsultores.com

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Espectáculos

El mundial que se jugó en los escritorios… y no en la cancha

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay partidos que se ganan con goles… y otros con saliva, maña, café cargado y juntas eternas donde nadie sabe quién manda, pero todos quieren levantar la copa. Así llega México 86, una película que nos recuerda que el futbol no solo se juega en la cancha: también se juega en los pasillos del poder, entre llamadas incómodas, promesas imposibles y uno que otro “milagrito” muy mexicano.

Porque sí, queridos lectores del confesionario, mientras nosotros creemos que un Mundial se decide con penales, resulta que detrás hay verdaderos campeonatos de burocracia olímpica. Y justo ahí entra Martín de la Torre, interpretado por Diego Luna, quien nos demuestra que en este país el ingenio siempre juega de delantero.

La cinta, dirigida por Gabriel Ripstein, mezcla humor, tensión y esa deliciosa sensación de “esto no puede estar pasando… pero seguramente sí pasó”. Porque aceptémoslo: México tiene un talento especial para organizar eventos históricos mientras todo parece a punto de incendiarse cinco minutos antes.

Y es que conseguir un Mundial no era cualquier cosa. Había que convencer a la FIFA, competir contra Estados Unidos y, sobre todo, sobrevivir al deporte extremo favorito de muchos funcionarios: aventarse la bolita sin quedar fuera de la nómina. Todo esto acompañado por actuaciones de Karla Souza y Daniel Giménez Cacho, quienes le ponen carácter, ritmo y ese sabor a intriga política con toque chilango que tanto disfrutamos.

Lo mejor de México 86 es que no intenta contarnos solamente una historia de futbol. Nos habla de ambición, orgullo nacional y de ese momento donde alguien decide romper las reglas porque quedarse sentado simplemente no era opción. Aquí las tarjetas rojas no salen por faltas en el área… salen por jugarle al sistema.

Y mientras veía el avance pensé: si organizar un cumpleaños infantil ya parece final de Champions… imagínense organizar un Mundial entero con políticos, egos internacionales y funcionarios sudando más que los jugadores.

Netflix apuesta fuerte con esta producción que huele a nostalgia, picardía mexicana y caos perfectamente organizado. De esos proyectos donde uno termina diciendo: “No sé si sentir orgullo… o pedir VAR”.

Así que preparen las botanas, la playera de la selección y la fe en los milagros administrativos porque México 86 llega este 5 de junio a Netflix. Y todo indica que el verdadero partido estará fuera del estadio.

Director: Gabriel Ripstein / Elenco: Diego Luna, Karla Souza, Daniel Giménez Cacho, Álvaro Guerrero, Memo Villegas, Juan Pablo Fernández / Guion: Daniel Krauze, Gabriel Ripstein / Productor Ejecutivo: Diego Luna / Productores: Sidonie Dumas, Nicolas Atlan, Christian Gabela / Director de fotografía: Emiliano Villanueva / Diseño de producción:  Mónica Chirinos / Diseño de vestuario: Adela Cortázar / Edición: Miguel Musálem / Música original: Camilo Lara / Compañía productora: Gaumont

Del TikTok al brincadero: la nueva obsesión de vivir lo que vemos en redes

Hubo una época donde los niños salían a jugar porque sí. Hoy primero hay que grabarlo, subirlo, ponerle audio viral… y después brincar. Así entendió perfectamente el juego Inflalandia Quack México, el parque inflable que decidió dejar de pelearse con las redes sociales para convertirlas en parte del espectáculo. Pues me invitaron a conocer sus instalaciones y me gustaron mucho, un ambiente familiar, seguridad y mucha diversión para todos, no solo para los niños para todos y así pude comprobarlo.

Y seamos honestos: TikTok ya no es una app… es prácticamente un estilo de vida. Ahí descubrimos recetas, canciones, tendencias, chismes, bailes y hasta gente que se vuelve famosa por caerse con dignidad. Por eso no sorprende que ahora existan lugares diseñados específicamente para brincar, reír y, claro, grabar contenido que dure más en redes que el cansancio de las piernas.

Lo interesante de Inflalandia es que entendió algo que muchas marcas todavía no comprenden: las nuevas generaciones no quieren ser espectadores… quieren ser protagonistas. Aquí el visitante no sólo va a divertirse; va a crear contenido, participar en dinámicas y sentirse parte del show. Básicamente: si no hubo video en TikTok, probablemente nunca pasó.

Entre patitos gigantes, frases virales y una comunidad digital enorme, el concepto convierte el famoso “scroll infinito” en una experiencia física donde todos terminan sudando, grabando y riéndose al mismo tiempo. Y sí, aunque uno jure que sólo acompañará a los niños, termina brincando como si el acta de nacimiento fuera editable.

La campaña “Pato pa’ todos” confirma que hoy el entretenimiento ya no se consume sentado. Ahora se participa, se comparte y se convierte en tendencia. Porque en estos tiempos, el verdadero éxito no es llenar un lugar… es lograr que todos quieran subirlo a sus historias.

Y mientras algunos todavía creen que las redes sociales alejan a las personas, resulta que ahora también las hacen brincar juntas. Qué tiempos tan raros… y tan divertidos.

Síguelos en sus redes sociales y conoce más de este divertido concepto y de su famoso embajador Pato.

www.inflalandia.com

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

¿Le das todo a tu hijo? Cuidado con la niñez hiperregalada

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En entrevista Jorge Villar Miguélez Neuropsicólogo Clínico especializado en neurodesarrollo infantil y juvenil nos habla sobre este importante tema.

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Educación

¿Cómo viven los niños mexicanos sus derechos?

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En entrevista Dra. Blanca Yaquelin Zenteno Trejo, #abogada Dra. Natalia Gaspar Pérez
Profesora de la facultad de derecho, Mtra. Cecilia Meza Lima alumna de posgrado en derecho y Lic. Jhoana Isabel Nava Apango, estudiante de la maestría en Derecho.

El adultocentrismo es una forma de dominación y discriminación basada en la edad, donde se considera a los adultos superiores a niños, niñas, adolescentes e incluso jóvenes.

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