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Opinión

Educación y Tecnología | Luis Lach.

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Luis Lach.

*Metaverso en la educación.

Cuando estamos en el medio de tecnología educativa, nos acostumbramos a escuchar quienes anuncian haber encontrado el santo grial de la educación, y la mayoría de las veces es más una postura mercadológica que propiamente un gran avance en la educación. Una de las palabras que se han puesto de moda, es el metaverso -gracias a Marck Zuckerberg-, quien ha anunciado un giro monumental a su compañía creando la empresa Meta, donde quedarán agrupadas sus empresas Facebook, Instagram, Whats app y las que se acumulen esta semana. La justificación que dan es la siguiente: 

El metaverso es el siguiente paso en la evolución de las conexiones sociales. La visión de nuestra empresa es ayudar a hacer realidad el metaverso. Por eso, cambiamos de nombre para reflejar nuestro compromiso con este futuro

Plataforma de Realidad Aumentada y Realidad Virtual 
PleIQ para niños en edad preescolar y primaria baja.

Con esto en mente yo me quedé pensando qué significaba etimológicamente metaverso y encontré que necesariamente es una derivación de universo, palabra que se compone de Unus=Uno y Versus=girar, que se puede entender como yo y todo lo que me rodea. Esto es, Universo contiene a todo lo que existe. Entonces, ¿metaverso qué será? Etimológicamente viene de meta=más allá y versus=girar. Esto es, debería entenderse como aquello que nos rodea más allá del universo. Buzz Lightyear se les quedó chiquito. El asunto es que esta palabra se utiliza para referirnos al mundo de la realidad virtual y la realidad aumentada, como si fueran algo que va más allá de nuestros confines universales. Y allí la palabra me parece más bien mercadológica. Los metaversos a los que tantos dólares están invirtiendo Zuckerberg y otros multimillonarios, no son de fuera de este universo. En realidad son bastante terrenales, aunque sus aspiraciones sí sean las de llegar muy lejos (un astrofísico muy dado a la promoción personal es Michio Kaku, quien siguiendo este orden de ideas, habla ya de cómo terraformar planetas, comenzando por Marte, para ir expandiendo el pequeño cáncer universal que representamos. Sin embargo, no pasa de ser una postura con intenciones bastante terrenales de vender libros. No es un plan serio, ni con posibilidades reales en este momento, al igual que el metaverso, que es fundamentalmente una forma de concebir nuevas tecnologías con aplicaciones muy variadas, pero que en este momento no nos lleva más allá del universo). 

Sin embargo, en este momento son aplicaciones que tienen usos muy útiles, pero al menos por el momento no trascienden nuestra realidad terrícola. Si no, pregúntenle al actor Eugenio Derbez, quien tuvo un muy serio accidente probando un juego de realidad virtual que le provocó una lesión complicada en su hombro. La realidad virtual mostró que Eugenio no estaba en el «metaverso (más allá del universo)» y lo trajo de zopetón a un escalón de su casa. No quiero con esto decir en lo absoluto que el metaverso sea algo nocivo, que no trae nada, ni nada por el estilo. De sus importantes aportaciones, hablaré en unos momentos. Lo que quiero señalar con esto, es que tampoco sobredimensionemos los conceptos. Lo que se llama metaverso, realidad aumentada, realidad virtual, son herramientas multimedia muy poderosas que pueden apoyar modelos educativos de formas muy innovadoras si se utilizan de forma adecuada. Pero recordemos el lugar más importante del universo es en el que estamos parados. Eso no cambia.

El metaverso en los medios sociales y en la educación

Conceptos como Realidad Aumentada o Realidad Virtual no son nuevos, y han ido teniendo muchos usos, particularmente de la mano de videojuegos, pero también podemos hacer visitas a museos, viajes virtuales, etcétera. Eso es lo que ha llamado la atención de los grandes corporativos, porque saben que la tendencia de la industria va para allá. Y si algo tiene el joven Mark, además de olfato para los negocios, es mucha información antes de tomar una decisión. Recuerdo cuando compró Whats app, por allá de 2014 en casi $22, 000 millones de dólares. En aquel entonces sonaba a una jugada peligrosísima haber adquirido una empresa relativamente pequeña, pero que Zuckerberg sabía que estaba en el lugar correcto. ¿Alguien duda hoy de la decisión que tomó? Lo mismo pasa con Meta, la decisión tomada es porque ya sabe que hacia allá va la tecnología, y la infraestructura de hoy, que apoyada, en desarrollos como de la red 5G están dando un vuelco que va por este camino.

Con relación a educación, existen ya muchas soluciones que apuntan a usos del metaverso. En especial para educación superior, donde la calidad del aprendizaje se impulsa de forma muy importante. Ahora bien, yo voy a poner atención en particular en una solución de realidad aumentada y realidad virtual desarrollada en Chile y que lleva por nombre PleIQ,  el cual es una serie de cubos creados para niños en edad preescolar hasta primaria baja. En estos cubos, en cada cara hay letras y símbolos que corresponden a las inteligencias múltiples, y con el apoyo de una tableta o un celular, el niño descubre experiencias de realidad aumentada, que lo llevan a actividades, como trazos de letras, o música, etcétera, y que además, toda esta información, puede ser monitoreada por su maestra a través de un portal. Adicionalmente, han creado cuadernos de actividades que se llaman PleiQ-Caligrafix, como los típicos que se usan en preescolar, pero adicionados con actividades de realidad aumentada. ¿Y PleIQ tiene actividades de Realidad virtual (la que se usa con lentes)? Sí, pero dado que los niños en esas edades se encuentran en la etapa de las operaciones concretas, si usan los lentes pueden creer que lo que ven es lo que es real (Derbez, aunque ya es adulto, su cerebro se confundía con lo que veía, a pesar de que él trataba de interpretar qué sucedía antes de aterrizar salvajemente contra el escalón…»así no mi chavo…» se repetía él a sí mismo). En este sentido, lo que hacen los niños es seguir letras en el aire, o recoger basura en una playa, pero usando externamente el dispositivo, no con lentes puesto. Todo este entorno que han creado, los ha llevado a acuñar el concepto de Educación Aumentada.

PleIQ merece el lugar pionero que tiene en este mundo de metaverso, particularmente porque se han metido en un área a la que nadie apostaba, como la de la educación inicial. Sin embargo, se debe seguir trabajando en vender la idea de que la tecnología bien usada no es un riesgo. PleIQ no conecta a niños y niñas a internet. De hecho, después de 45 minutos sugiere que el niño deje de trabajar en el dispositivos. Además, permite que trabajen en juguetes clásicos como cubos, o cuadernillos físicos. Eso es, en mi opinión, tener un extraordinario desarrollo con los pies bien puestos en la tierra, con adelantos tecnológicos pertinentes, haciendo uso de tecnologías previas y con un modelo pedagógico acorde. Además de que se alinea perfectamente a los programas educativos de educación inicial en los países que toca.

Ya no me quedó espacio para hablar de Recursos Educativos Abiertos. La semana siguiente hablamos de ellos.

Saludos,

Mis redes sociales:

Correo: luislach@drafconsultores.com

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Educación

Dra. Martha Alicia Palomino Ovando reconocida como Investigadora Nacional Emérita.

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Esta y más entrevistas en: https://www.facebook.com/detodounpocoBUAP/

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Educación

El mexicano que conquistó a América Latina como Elvis Presley y fue avalado por la BBC de Londres

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay personajes que se imitan, otros que se interpretan y algunos que exigen algo más que buena memoria, vestuario y talento. Personajes que obligan a estudiar su historia, sus movimientos, su personalidad y hasta los detalles que podrían pasar inadvertidos para el público. Porque, cuando hablamos de Elvis Presley, el Rey del Rock and Roll, no basta con ponerse un traje blanco, dejarse crecer las patillas y soltar un Thank you, thank you very much. ¡No, señor! Aquí hasta las botas tienen que pasar examen.

Y para muestra, Héctor Ortiz, un hombre que lleva 41 años personificando a Elvis Presley y que tuve la oportunidad de entrevistar. Una conversación que nos permitió descubrir que detrás de las lentejuelas, los anillos y los movimientos de cadera existe una historia de disciplina, investigación, teatro y, sobre todo, respeto por uno de los artistas más influyentes de la música popular.

¿Cuál es la diferencia entre imitar a Elvis y personificarlo?

 “Yo lo que hago no es una imitación, perdón, pero es una personificación”. Y aunque a primera vista pudiera parecer una discusión de palabras, en realidad es la esencia de su trabajo. Imitar puede significar reproducir una voz, un gesto o una canción; personificar implica estudiar al personaje, comprender sus distintas etapas y conseguir que el público reconozca algo más que un parecido físico.

Porque resulta que Elvis no usaba cualquier bota. Héctor es muy estricto con los detalles y nos cuenta que no puede utilizar botas puntiagudas porque Elvis “nunca usó unas botas picudas”. Las suyas eran chatas, de punta cuadrada. ¡Imagínese! Uno pensando que el asunto consiste en conseguir un traje espectacular y resulta que, si la punta del calzado no corresponde, ya empezamos mal.

Y eso no es todo. El vestuario debe reproducir el original, los anillos tienen que ser los adecuados, el maquillaje debe corresponder a la época y hasta la condición física importa cuando se representa al Elvis de 1972 o 1973.

En esta aventura, Héctor no está solo. Su esposa es su coproductora, corista y maquillista, una compañera fundamental en la construcción de un espectáculo que lleva décadas perfeccionándose. Porque sí, queridos lectores, detrás de un Rey también hay un equipo que se encarga de que todo esté en orden antes de que suene la primera canción.

¿Qué tiene que suceder para que el público realmente crea que está viendo a Elvis?

“En el momento que yo entro a escena… yo debo convencer a cinco personas o a cinco mil personas las tengo que convencer que soy Elvis”.

Y para conseguirlo, el primer convencido debe ser él mismo: “Yo me tengo que creer en ese momento, yo me tengo que creer en el personaje”.

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre entregarse a una interpretación y perder la identidad. Cuando termina el espectáculo, Héctor vuelve a ser Héctor. Él mismo lo explica: “Cruzo esa línea de regreso y soy simplemente Héctor Ortiz, no me creo Elvis Presley”.

¡Eso es oficio! Saber entrar en un personaje, darle vida frente al público y después regresar a casa sin necesidad de pedir que le sirvan un sándwich de mantequilla de cacahuate al estilo del Rey. La actuación tiene sus límites, y Héctor sabe perfectamente dónde comienza y dónde termina Elvis.

¿Qué ocurre cuando la BBC de Londres toca a tu puerta?

Pues uno podría pensar que se trata de una broma, pero no. La BBC de Londres buscaba a algunos de los mejores personificadores de Elvis Presley en el mundo y Héctor recibió una invitación para participar en el proceso. Le solicitaron material y posteriormente respondió un cuestionario de aproximadamente cien preguntas.

¿El resultado? De acuerdo con lo que Héctor compartió en nuestra entrevista, la BBC lo identificó como “el mejor de toda Latinoamérica” entre los materiales que recibió.

Y aquí vale la pena detenernos. No estamos hablando únicamente de una persona que se parece a Elvis o que canta sus canciones. Estamos hablando de una trayectoria que comenzó en el teatro y que se ha sostenido durante décadas gracias al estudio de un personaje que revolucionó la música, el espectáculo y la cultura popular.

Por eso, cuando Héctor habla de su trabajo, insiste en una palabra que debería acompañar a cualquier artista que rinde homenaje a otro: respeto. “Yo hago este tributo a Elvis, lo hago con muchísimo respeto”, afirma. Y por si fuera poco también ha desarrollado una trayectoria en el doblaje y la música para producciones de Disney. Fue Gastón en La Bella y la Bestia, participó como Winston Devere en Los Increíbles 2 y formó parte de las voces que interpretan canciones de Toy Story 4.

Él mismo nos cuenta: “canto el tema Yo soy tu amigo fiel”. También participa en la canción de la famosa cucharita que quiere convertirse en basura. Sí, hablamos de Forky, ese personaje que nos recuerda que incluso un objeto aparentemente insignificante puede convertirse en protagonista de una gran aventura.

Y la historia continúa con una gira por Sudamérica que contempla Honduras, Guatemala y Panamá, donde Héctor participará interpretando esas canciones. De Elvis a Gastón, y de Gastón a Forky, hay un camino que exige técnica vocal, versatilidad y una capacidad extraordinaria para cambiar de registro.

Porque, seamos sinceros, no cualquiera puede pasar de cantar como el Rey del Rock a explicarle a una cucharita que es un buen amigo.

¿Qué sucede cuando alguien que vio al Elvis verdadero te dice que eres increíble?

Esta es, quizá, una de las anécdotas más entrañables que Héctor compartió conmigo. Ocurrió en Mazatlán, durante el Festival Cultural. Las funciones estaban completamente llenas y entre el público había principalmente estadounidenses y canadienses.

En medio de aquella experiencia, una señora mayor se acercó a Héctor. Lo tomó de la cara y le dijo en inglés: “I saw Elvis in 1972 and you are amazing”.

Traducido al español: “Vi a Elvis en 1972 y tú eres increíble”.

La frase tiene una dimensión muy especial. Aquella mujer no estaba hablando de una fotografía, de un disco o de una película. Ella había visto a Elvis Presley en persona. Había estado frente al artista original y, después de presenciar el espectáculo de Héctor, encontró en él algo que le recordó aquella experiencia.

¿Qué se siente recibir un reconocimiento así? ¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que lleva décadas estudiando a un artista cuando alguien que conoció al verdadero Elvis le dice que ha logrado transmitir su esencia?

Héctor lo resume con una frase que no necesita demasiadas explicaciones: “yo ya estoy pagado”.

Y sí, hay reconocimientos que no caben en una placa, en un diploma ni en una publicación de redes sociales. Hay momentos que justifican años de trabajo, ensayos, viajes y sacrificios. Ese encuentro en Mazatlán parece ser uno de ellos.

¿Y qué hay de Priscilla Presley? ¿También conoció a la mujer que compartió parte de su vida con el Rey?

¡Claro que sí! Y aquí viene otra historia que merece quedarse en el álbum de los grandes recuerdos.

Durante un espectáculo relacionado con Elvis in Concert, Héctor tuvo la oportunidad de coincidir con Priscilla Presley. Sin embargo, el primer encuentro no fue precisamente como uno se lo imaginaría. Durante los ensayos, le pidieron que se retirara del área donde se encontraba porque, según le comunicaron, Priscilla no podía verlo.

Héctor, fiel a su sentido del humor, recuerda la situación con una frase que arranca una sonrisa: “si estoy feo, pero no es para tanto”.

¡Imagínense la escena! El hombre que lleva más de cuatro décadas dando vida a Elvis tiene que hacerse a un lado para no cruzarse con Priscilla. Pero la historia dio un giro inesperado al terminar el concierto: fue la propia Priscilla quien pidió tomarse una fotografía con él.

Y así, lo que comenzó como una petición para que se retirara del lugar terminó convirtiéndose en una fotografía que Héctor conserva como uno de los recuerdos más especiales de su carrera.

Porque hay encuentros que no necesitan demasiadas palabras. Una imagen junto a Priscilla Presley, después de tantos años personificando a Elvis, representa un capítulo muy particular en la vida de este artista mexicano.

¿Elvis Presley tenía algo contra los mexicanos? ¿Realmente estuvo en Acapulco?

En nuestra conversación también hubo espacio para revisar algunos de los mitos que rodean la relación entre Elvis Presley y México.

Héctor cuestiona la versión de que el cantante despreciaba a los mexicanos y sostiene, a partir de sus investigaciones y los testimonios que ha recopilado, que esa historia estuvo relacionada con una campaña que buscaba impedir que Elvis llegara a nuestro país. Es una interpretación que conviene analizar a la luz de documentos y fuentes históricas, porque la historia del Rey también ha estado acompañada de relatos que se repiten durante generaciones.

Otro dato que vale la pena aclarar es que Elvis nunca estuvo físicamente en Acapulco para filmar Fun in Acapulco. Aunque la película de 1963 lleva el nombre del puerto mexicano, las escenas se realizaron mediante sets y fondos que recreaban el destino turístico.

Así que sí, Elvis cantó sobre Acapulco, pero no tenemos que imaginarlo caminando por la Costera, buscando una sombrilla o preguntando dónde sirven los mejores mariscos.

Héctor también recuerda que, durante su último concierto, celebrado en junio de 1977 en Indianápolis, Elvis llevaba elementos mexicanos en su vestuario, entre ellos el calendario azteca. Y, según relata, la última palabra que pronunció antes de abandonar el escenario fue “adiós”.

Detalles que nos recuerdan que la relación entre Elvis y México tiene más matices de los que muchas veces aparecen en las conversaciones de sobremesa.

¿Cómo comenzó esta historia que ya suma 41 años?

Todo se remonta a 1985, cuando Héctor participó en la obra José el Soñador. Su personaje, el faraón, se transformaba en un Elvis al estilo Las Vegas. Aquella experiencia teatral fue el punto de partida de una aventura que, una vez terminada la obra, lo llevó a construir su propio espectáculo y recorrer la República Mexicana.

Desde entonces han pasado cuatro décadas de escenarios, vestuarios, canciones, viajes, televisión, teatro, doblaje y miles de espectadores. Una trayectoria que demuestra que los homenajes artísticos pueden convertirse en una profesión cuando se sostienen con preparación, constancia y una comprensión profunda de aquello que se busca representar.

Y aquí es donde me quedo con una reflexión después de esta conversación ¿cuántas veces confundimos el talento con la facilidad? Vemos a alguien sobre un escenario y pensamos que todo consiste en ponerse un traje, aprenderse unas canciones y salir a recibir aplausos. Pero detrás de una interpretación convincente hay años de trabajo que el público no siempre alcanza a ver.

Y si alguna vez una mujer que vio al verdadero Elvis en 1972 te toma de la cara para decirte que eres increíble, o si Priscilla Presley termina pidiéndote una fotografía, quizá sea momento de reconocer que tantos años de trabajo han dejado huella.

Héctor Ortiz no es Elvis Presley. Y precisamente por eso, porque sabe quién es y conoce a quién representa, y puede conseguir que durante un espectáculo el público vuelva a encontrarse con el Rey.

“De igual manera, vamos a trabajar en los preparativos del concierto del próximo año en el Teatro Metropólitan, que será más que especial, pues será para conmemorar los 50 años del fallecimiento de Elvis Presley; y para conmemorar mis 75 años de vida”, finalizó.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

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