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Educación

El Confesionario: Y, con ustedes, María Conchita Alonso

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Ray Zubiri

Desde su casa en Beverly Hills, en California, platiqué con la reconocida modelo, cantante, actriz, conductora y filántropa María Conchita Alonso.

Así, sin maquillaje, sentada en su sala, tuvimos una charla de amigos donde me contó sobre muchas cosas; entre ellas, que pronto vendrá a México para presentar su bioconcierto (concierto en el que cantará y hablará sobre su vida).

Su carrera artística comienza en Venezuela, en concursos de belleza y como modelo; participa y protagoniza múltiples telenovelas.

Como cantante, la lanzan como A’mbar, consagrándola y dándole sus primeros éxitos, números uno y discos de Oro con Love maniac, The Witch y Baby, Baby. Su exitosa gira por todo el país no se hace esperar.

María Conchita fue de las primeras actrices de habla hispana que entraron a la meca del cine, abriéndole las puertas a las nuevas generaciones latinas.

Su extenso historial de producciones fílmicas y de televisión en Hollywood empiezan protagonizando Moscow on the Hudson (1984) junto a Robin Williams; Touch and go junto a Michael Keaton; con Nick Nolte en Extreme prejudice.

También, The running man con Arnold Schwarzenegger; Colors de Dennis Hopper con Robert Duval y Sean Penn; Vampire’s kiss con Nicolas Cage; Predator con Danny Glover y Rubén Blades; House of the spirits con Jeremy Irons, Meryl Streep y Glenn Close, llegando a alcanzar hasta este momento más de 80 películas en su filmografía.

María Conchita Alonso me contó sobre su amor a los animales y lo ha demostrado a través de su fundación Vee Fauna (Venezuela endorsa a su Fauna), creada por la artista en 2015, a través de la cual lleva alimentos y atención médica a muchos animalitos indefensos y vulnerables de Venezuela, ya que ahí es muy complejo brindarles una adecuada atención, debido a la inflación y a la falta de medicinas, lo que ha generado que la supervivencia de los animales decaiga en su totalidad.

En esta charla le pregunté del porqué con tantas vivencias, aciertos y desaciertos ella no se anima a publicar una biopic donde hable con libertad de los temas que ella quiere que el público sepa, sin tapujos y sin intermediarios.

Sí, lo hará, pero será un bioconcierto que llevará por nombre “María Conchita Sin…Vergüenza Tour”, una puesta en escena –como diría el gran Beto el Boticario– “cómico, mágico, musical”, y es que será un recorrido con música y teatro de los momentos más importantes de su vida personal y profesional, sin guardarse nada, sin guion, a micrófono abierto.

Ahí sus fans podrán escuchar de viva voz las anécdotas, historias, mitos y verdades que giran en torno a esta multifacética artista, como su salida de Cuba a los cinco años; su vida en Venezuela, donde se convirtió en reina de belleza, actriz y cantante; amores, desamores, así como su llegada a Hollywood y Broadway.

Sus participaciones en la pantalla chica y grande son numerosas después de su salida de Venezuela y de conquistar Hollywood.

Seguramente recordarán series de televisión como La isla de la fantasía (Fantasy Island) con Ricardo Montalbán y El coche fantástico (Knight Rider) junto a David Hasselhoff; The nanny con Fran Drescher; Chicago Hope, Desperate housewives (madre de Eva Longoria) y en la versión de Univision, madre de Scarlett Ortiz.

Le seguirían la internacionalización de temas que hasta el día de hoy siguen vigentes en las nuevas generaciones, como Acaríciame y Noche de copas, que la hacen subir como la espuma y alcanza sus primeros números uno en los mercados de habla hispana internacional; múltiples discos de Oro y Platino.

La vida le tenía deparado no solamente todo lo que estaba viviendo, sino además su entrada en 1995 a las marquesinas de Broadway, bajo la dirección de Harold Prince.

Encabezó el elenco de la comedia musical El beso de la mujer araña, papel que le permitió demostrar la fuerza de su canto y su personalidad interpretando a Aurora-Mujer araña, convirtiéndose en la primera mujer de América Latina en llegar a la estrella de la Gran Vía Blanca.

Fue a finales de los 90 cuando María Conchita se retiró del mundo artístico para dedicarse al cien por ciento a ser activista política para “salvar a Venezuela de que no sea otra Cuba”.

Fue así como se involucró en los proyectos humanitarios, entre ellos “Venezuela sin fronteras” y “Conciencia Venezuela”, que se ocupan principalmente de los presos políticos venezolanos y los Derechos Humanos en todo el mundo.

La preocupación por los animales también la ha llevado a mantener activismo con diferentes organizaciones de animales alrededor de EU, vocera para la “Fundación Barker Dog” con sede en Florida.

Vicepresidenta del Fondo de Global Medical Relief, una organización sin fines de lucro que consigue fondos necesarios para tratar a niños que hayan perdido piernas y brazos en guerras.

En 2014 desfila de luto en el L.A. Style Fashion Week de la mano del creador Andre Soriano, presentando su reciente colección Screen sirens (Sirenas de la pantalla), luciendo una amplia creación en negro y texturas con un rosario en una mano y la bandera de Venezuela en la otra.

Tal ha sido su contundente oposición al régimen de Nicolás Maduro que el 17 de septiembre de 2014 éste pidió al ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres ejercer acciones legales judiciales para revocarle su ciudadanía venezolana por oposición a su régimen.

Su buen corazón y cercanía con sus fans la han llevado al éxito del que hoy en día goza desde que fue coronada Miss Teen-Ager of the World en 1971, Miss World Venezuela en 1975, el haber cantado en la segunda toma de posesión de Bill Clinton en Washington DC junto a artistas como Michael Jackson.

Y tener la humildad que tiene la hace ser más grande como artista.

La fama es algo que, aunque suene inverosímil, no le gusta mucho. Prefiere pasar desapercibida, refugiarse en su hogar y salir a tomar algo con sus amigos sin aspavientos.

Disfruta su música en todas las plataformas digitales como ITunes, Spotify, Apple Music, Deezer, Amazon Music y por su canal de YouTube Maria Conchita Alonso Oficial.

Finalmente, me invitó el próximo 26 de abril a su show María Conchita sin… vergüenza en el centro de espectáculos La Maraka a las 21:00 horas, una coproducción de Genera Música y All Parts Move.

Ya les contaré cómo nos la pasamos. La columna de esta semana ha terminado. Pueden ir en paz.

Escúchenme de lunes a viernes en el programa en el que siempre aprendemos algo nuevo, De todo un poco, de 10:00 a 11:00 horas en Radio BUAP 96.9 FM

Contacto: @RayZubiri y rayzubiri@yahoo.com.mx

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Educación

Ana Serradilla y Daniel Haddad hablan de la puesta en escena «El método Grönholm»

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El método Grönholm es una obra de teatro de comedia y crítica social escrita por el dramaturgo español Jordi Galceran.

La historia se desarrolla durante un proceso de selección para conseguir un importante puesto ejecutivo. Varios candidatos llegan a una empresa pensando que tendrán una entrevista de trabajo, pero pronto descubren que serán sometidos a una serie de pruebas psicológicas, juegos de manipulación, dilemas éticos y estrategias para enfrentarlos entre sí.

La ambición, la competitividad y las contradicciones del mundo corporativo serán llevadas al extremo en «Método Grönholm», la célebre comedia del dramaturgo catalán Jordi Galceran bajo la dirección de Rodrigo Nava y la producción de Retro Casa Productora, esta nueva puesta en escena reunirá a Ana SerradillaErick ElíasÁlex de la MadridDiego KleinDaniel Haddad y Tato Alexander.

Considerada una de las comedias contemporáneas más exitosas del teatro internacional, Método Grönholm combina humor, tensión y una aguda observación de las relaciones humanas para retratar las dinámicas de poder dentro del entorno laboral.
 
La historia se desarrolla en la sala de juntas de una prestigiosa empresa multinacional. Cuatro candidatos han sido convocados para la fase final de selección de un puesto ejecutivo altamente codiciado. Lo que parece una entrevista convencional pronto se transforma en un proceso tan absurdo como despiadado, donde los participantes deberán evaluarse, cuestionarse y eliminarse entre sí para avanzar.
 
A medida que las pruebas psicológicas se vuelven más complejas, salen a la luz secretos, inseguridades y estrategias de supervivencia profesional que revelan hasta dónde está dispuesto a llegar cada uno para conseguir el trabajo de sus sueños.
 
Aunque la competencia es feroz, el humor es el gran motor de la obra. Entre situaciones disparatadas, enfrentamientos inesperados y diálogos afilados, el público encontrará una divertida radiografía de la vida laboral contemporánea. Quienes han pasado por una entrevista de trabajo, una oficina, una junta interminable o un ambiente corporativo competitivo se reconocerán inevitablemente en muchas de las situaciones que plantea la historia. Las risas surgen precisamente de esa identificación con las reglas no escritas del mundo empresarial y las absurdas exigencias que muchas veces acompañan la búsqueda del éxito profesional.
 
Desde su estreno original en 2003, Método Grönholm se ha convertido en un fenómeno teatral internacional, presentándose con enorme éxito en múltiples países y consolidándose como una de las obras más representadas de la dramaturgia contemporánea en español.
 
Al frente de esta nueva producción se encuentra Rodrigo Nava, director con más de 18 años de trayectoria que se ha consolidado como una figura relevante dentro de la escena audiovisual mexicana. Su trabajo abarca publicidad, teatro y cine, destacando proyectos como Enfermos de amorPrueba perfectaFinalandia y su debut cinematográfico Enfermo amor, caracterizado por una mirada fresca, dinámica y cercana al público.
 
Con una mezcla perfecta de comedia, suspenso y crítica social, Método Grönholm invita a reflexionar —y reír— sobre los límites de la ambición, la ética profesional y las decisiones que tomamos cuando creemos que hay mucho que ganar y aún más que perder.
 

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Educación

Palestina Tiene Nombre de Mujer

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El Confesionario

Por Ray Zubiri

¿Qué nombre tiene Palestina cuando dejamos de verla únicamente en los titulares de guerra?

La pregunta incomoda porque nos obliga a mirar más allá de las cifras, los mapas y las imágenes de destrucción. Nos obliga a recordar que Palestina no es solamente un territorio disputado, una frontera vigilada o una palabra repetida en los noticiarios. Palestina también tiene rostros, voces, canciones, bordados, comidas, niñas que juegan y madres que siguen levantándose cada mañana, incluso cuando el mundo parece empeñado en negarles el futuro.

No se trata de una metáfora decorativa. En Palestina tiene nombre de mujer, el artista y fundador de Payasos en Rebeldía reúne poesía, ilustraciones y memoria para homenajear a las mujeres palestinas que sostienen la vida en medio de la violencia. El libro nace de una herida, pero no se queda en ella. Nace del dolor y busca transformarlo en color, en luz y en una posibilidad de encuentro.

“Es un libro que nace de la necesidad de curarnos por dentro”, confiesa Iván. Y en esa frase está quizá la clave de todo el proyecto: hay dolores que no desaparecen cuando se cuentan, pero pueden dejar de ser silenciosos. Pueden convertirse en palabra, imagen, gesto, abrazo. Pueden encontrar una forma de resistir.

Platique con Iván Prado quién conoce esos lugares donde la humanidad parece jugarse su futuro. Ha trabajado en favelas de Brasil, campamentos de refugiados en el Sahara, comunidades indígenas de Chiapas y campos de refugiados palestinos. Allí lleva un traje de payaso, una nariz roja y una convicción que podría parecer ingenua para quienes observan la guerra desde la distancia: la risa también puede ser una forma de resistencia.

Pero él no habla de la risa como evasión. No se trata de olvidar la tragedia ni de fingir que las bombas no existen. Se trata de abrir, aunque sea por unos minutos, una ventana distinta.

“Cuando llega el payaso, se abre una ventana de alegría, una ventana de multicolores, como si se prendiese un arcoíris en ese instante”, explica. Y entonces los corazones —dice— se ponen a danzar.

La imagen parece imposible: una función de circo en un lugar donde las personas no saben si estarán vivas al día siguiente, si tendrán comida en el plato o si un ejército entrará durante la noche en sus casas. Sin embargo, es precisamente allí donde el arte adquiere una urgencia que no siempre comprendemos desde la comodidad.

En esos sitios, la risa no es un lujo. Es un antídoto.

“Contra el miedo aparece el amor; contra el pesimismo, la alegría; contra el dolor, la risa”, afirma Iván. No es una frase vacía. La pronuncia alguien que ha actuado bajo las bombas, que ha tenido que escapar de tanques y que ha visto a niños correr detrás de un payaso mientras los drones sobrevuelan el cielo.

Cuando le preguntan qué imagen le viene a la mente al escuchar la palabra Palestina, Iván no responde con una ciudad ni con una fecha. Recuerda a una niña rubia, de seis o siete años, frente al puente de Qalandia. Al fondo se escuchaban helicópteros, aviones y bombas. Después de la función, la niña no quería separarse de él.

A través de un traductor, Iván le preguntó si creía que algún día su país sería libre.

La niña abrió los ojos y respondió que sí.

Un sí profundo, rotundo, capaz —según recuerda— de apagar por un instante los sonidos de la guerra.

Hay respuestas que no necesitan explicación. Esa niña no ofreció un análisis político ni una consigna. Dio algo más difícil: una certeza. La certeza de quien, aun rodeada de miedo, se niega a entregar el futuro.

Palestina tiene nombre de mujer nació después de un viaje realizado en 2018. Iván cuenta que una compañera ilustradora, Irene Serrano, lo acompañó a un festival en Palestina. Al regresar, ella volvió profundamente afectada por la historia de una madre que había perdido a su hijo mientras jugaba con canicas en el campo de refugiados de Aida, donde Payasos en Rebeldía mantiene una pequeña escuela de circo.

Frente a ese dolor, Iván le propuso una transformación: “alquimizarlo”, convertirlo en color y luz.

El resultado es un libro que mira a Palestina a través de sus mujeres. Mujeres que preparan la comida y mantienen unida a la familia. Mujeres que bordan y conservan la memoria. Mujeres que buscan una patria entre alambradas. Niñas de Gaza que sueñan con unas olimpiadas y entrenan natación sincronizada en piscinas sin agua. Mujeres que desafían a los militares, que hacen huelgas de hambre y que esperan a sus hijos detenidos.

Entre esas figuras aparece Ahed Tamimi, quien siendo adolescente se enfrentó a soldados con el puño en alto y el cuerpo descubierto, convirtiéndose en una referencia internacional de la lucha por los derechos humanos. También está Dareen Tatour, poeta palestina encarcelada por sus palabras, por escribir y publicar versos en los que llamaba a resistir.

Palestina, entonces, no tiene un solo nombre. Tiene el nombre de cada mujer que conserva una llave, un vestido, una receta, una canción o una historia familiar. Tiene el nombre de la madre que espera. De la niña que corre. De la joven que levanta el puño. De la poeta que escribe desde la prisión.

Entre las metáforas que aparecen en el libro está la llave. Las familias palestinas conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsadas en 1948. Las guardan como quien guarda una promesa: algún día volverán a abrir esas puertas, volverán a sus tierras y volverán a cultivar sus olivos.

La llave no abre únicamente una casa. Abre la memoria. Es una forma de decir: estuvimos ahí, pertenecemos a ese lugar, nuestra historia no comienza con la guerra ni termina con el despojo.

En el libro, la palabra se encuentra con las ilustraciones de Irene Serrano. Ella, explica Iván, suele pintar mujeres y trabaja con una sensibilidad especial hacia los azules y los colores. En esta obra buscó retratar ese color que también existe en Palestina: un color que no niega la oscuridad, pero que se resiste a quedar atrapado en ella.

Iván recuerda una función en una comunidad rural de Cisjordania. El equipo llegó cuatro horas tarde porque los caminos estaban bloqueados por puestos de control y tuvieron que buscar rutas alternas entre montes y carreteras destruidas. Cuando llegaron a la plaza, no había nadie.

Entonces un niño vio a los payasos a lo lejos. Diez minutos después, una multitud de niñas y niños corría cuesta arriba para presenciar la función.

No hacía falta una campaña de difusión. Bastaba con que apareciera algo de color en medio del miedo.

Al terminar, una mujer llamada Esperanza le contó las agresiones que sufrían las familias de la comunidad, la ocupación de sus casas y la violencia cotidiana. Iván le dijo que le sorprendía que la gente hubiera acudido después de esperar tanto tiempo.

Ella le respondió, en esencia, que ante el miedo y el terror también era necesario correr hacia aquello que ofrecía alegría.

En otra ocasión, en un campo de refugiados entre Grecia y Macedonia, el suelo era un mar de lodo. Miles de personas hacían fila durante horas para recibir un bocadillo. No podían realizar una función tradicional porque los niños podían perderse y no había un espacio seco donde sentarse.

Así que actuaron dentro de las tiendas de campaña. Entre madres que bañaban a sus bebés con botellas de agua, los payasos metían la cabeza en las pequeñas carpas y hacían unas cuantas bromas. En ese lugar, un niño sirio llamado Mohammed le regaló sus tenis blancos.

Iván estaba descalzo porque muchos niños del campo caminaban sin zapatos. El gesto de Mohammed lo conmovió. Pero, fiel a la lógica del payaso, convirtió el calzado en un teléfono y comenzó a hablar con su madre. El niño murió de risa.

La escena puede parecer mínima, pero no lo es. El niño no recuperó su casa ni dejó de ser refugiado. La guerra no terminó. Sin embargo, durante unos segundos, Mohammed pudo ofrecer algo en lugar de recibirlo. Pudo regalar. Pudo jugar. Pudo reír.

En una de las experiencias que Iván considera fundacionales, el equipo llegó a un campo de refugiados en Gaza. Mientras se preparaban en un cuarto de escobas de una escuela de Naciones Unidas, comenzaron los bombardeos.

Los niños y las niñas se pusieron de pie y empezaron a cantar. Querían que los payasos salieran. Para ellos, vivir bajo las bombas era la cotidianidad; lo extraordinario era asistir a un espectáculo.

Fue entonces cuando Iván comprendió que la alegría podía ser un escudo frente a la tragedia.

No un escudo que detuviera los misiles, sino uno que protegiera algo más profundo: la capacidad de imaginar otra vida.

Por eso el libro no sólo habla de Palestina. También nos habla de nosotros. De nuestra manera de mirar el sufrimiento ajeno. De esa frase cómoda que dice: “mientras a mí no me pase”. De la distancia que convierte una tragedia en una noticia más, hasta que un rostro, una niña o una madre consiguen atravesarla.

Iván insiste en que somos un tejido humano. Cuando alguien sufre, la membrana se encoge; cuando alguien ríe, se ilumina y se amplía. No somos tan independientes como nos gusta pensar. La desaparición, el desplazamiento, la violencia y el hambre no son problemas que ocurren únicamente “allá”, porque la indiferencia también construye un mundo que mañana puede tocarnos.

Pero la solidaridad no tiene que comenzar con grandes discursos. Puede empezar con una palabra amable, una sonrisa, un abrazo, una mano tendida. Puede comenzar leyendo un libro que nos obliga a mirar de nuevo.

“Ríamonos del poderoso, de lo que está mal, de la dictadura, de lo que nos intentan imponer”, propone Iván. Reírse, en su visión, no significa burlarse del dolor de las víctimas. Significa quitarle solemnidad al poder, desobedecer el miedo y recuperar la libertad de imaginar.

Palestina tiene nombre de mujer es, en ese sentido, un acto de memoria y de esperanza. Un libro que no pretende hablar por las mujeres palestinas, sino honrarlas; que no busca convertir la tragedia en espectáculo, sino devolverle humanidad a quienes suelen aparecer reducidos a cifras.

Porque hay historias que no caben en un titular. Hay nombres que no aparecen en los mapas. Hay mujeres que sobreviven mientras el mundo discute fronteras.

Y quizá por eso Palestina tiene nombre de mujer.

Tiene el nombre de la madre que guarda una llave. De la poeta que escribe entre candados. De la niña que responde que sí cuando le preguntan si algún día su país será libre. Tiene el nombre de todas las que, aun en medio de la guerra, siguen sembrando, cocinando, bordando, cantando, pariendo y riendo.

Iván Prado sólo puso el oído, el cuerpo y la nariz roja para escuchar esa respuesta.

Lo demás lo hicieron ellas.

Compren el libro ya que absolutamente todos los recursos son destinados para Palestina.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

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Educación

La risa como arma de construcción masiva: Iván Prado

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Desde las Favelas de Brasil, los Campamentos de refugiados en el Sáhara, las Comunidades Indígenas en Chiapas, hasta los Campos de refugiados de Palestina, Iván Prado es uno de los mayores exponentes del circo solidario a nivel internacional Pallasos en Rebeldía.

A través del arte, la risa y el clown, ha llevado esperanza a comunidades que enfrentan situaciones complejas y nos recuerda que la cultura también puede ser una herramienta de encuentro, dignidad y transformación social.

«Palestina tiene nombre de mujer» una obra que pone rostro, voz e historia a mujeres que viven en medio de una de las realidades más complejas del mundo.

A través de testimonios y experiencias humanas, el libro nos invita a mirar más allá de los titulares para descubrir la fortaleza, la dignidad y la esperanza de quienes enfrentan diariamente las consecuencias del conflicto.

El autor es Iván Prado portavoz de Pallasos en Rebeldía, defensor de los Derechos Humanos, uno de los mayores exponentes actuales del circo solidario a nivel internacional.

¿Cómo se le hace para no perder la esperanza y hacer de este un mundo un mejor lugar? Le pregunte a Iván Prado conocido principalmente por ser fundador y director de Pallasos en Rebeldía un colectivo que utiliza el arte, el circo y el humor como herramientas de transformación social y acompañamiento en comunidades afectadas por conflictos y crisis humanitarias.

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