Mike Smith y Jonathan Hay, dos socios con sueños de fama en la industria musical, nunca imaginaron que su proyecto de jazz los llevaría al centro del primer caso federal de fraude de streaming con inteligencia artificial en EE.UU. Lo que comenzó como un álbum independiente en 2017 terminó siendo la punta de lanza de un esquema masivo: Smith, un empresario de clínicas médicas con aspiraciones artísticas, habría utilizado bots y canciones generadas por IA para acumular más de mil millones de reproducciones falsas y embolsarse unos 10 millones de dólares en regalías, según la acusación del FBI. Aunque Smith se declaró inocente, el caso expone las grietas de un sistema vulnerable al engaño digital.
La trama se destapó cuando Jazz (Deluxe), el álbum del dúo, escaló inexplicablemente al número uno en Billboard para luego desplomarse sin rastro de fans reales. Hay, desconcertado, descubrió que las reproducciones provenían de lugares como Vietnam y que distribuidoras habían marcado su música como fraudulenta. Smith alegó inicialmente que su personal médico había reproducido las canciones, pero la verdad era más turbia: presuntamente usó cuentas falsas y algoritmos para inflar números, asociándose incluso con Boomy, una startup de música generativa. Las pistas, con nombres extraídos de diccionarios como Zygophyceae, eran asignadas a artistas ficticios como Calm Force o Calorie Event.
El modus operandi de Smith refleja un problema mayor en la industria. Plataformas como Spotify y Apple Music luchan contra ejércitos de bots que distorsionan las métricas, desviando millones en regalías. Según expertos, hasta el 10% de las reproducciones podrían ser fraudulentas, y la IA ha agravado el fenómeno. Aunque crear música con algoritmos no es ilegal, manipular el streaming sí lo es, como demostró el caso de un danés condenado en 2023. Smith, sin embargo, llevó el esquema a escala industrial, combinando tecnología, cuentas falsas y un entramado financiero que incluía supuestos desvíos de dinero desde sus clínicas.
La caída de Smith llegó en 2023, cuando el Mechanical Licensing Collective cortó sus pagos por fraude. Un año después, el FBI lo arrestó en su mansión de Carolina del Norte. Para Hay, fue una amarga vindicación: años atrás, había denunciado a Smith ante Billboard e incluso al FBI, pero fue ignorado. Otros colegas, sin embargo, defendieron a Smith, describiéndolo como un «Robin Hood» en un sistema corrupto. Goldy Locks, artista de su sello, lo consideraba un benefactor, mientras que el rapero Kxng Crooked recordaba su faceta familiar: «Jugaba con sus hijos».
El caso, que se resolverá en Nueva York, podría sentar un precedente sobre el límite entre la innovación y el delito en la era digital. Mientras Smith enfrenta hasta 60 años de prisión, la industria debate cómo cerrar las brechas que él explotó. ¿Fue un estafador o un síntoma de un modelo roto? Las plataformas insisten en que sus sistemas detectaron parte del fraude, pero el escándalo revela una verdad incómoda: en la economía del streaming, donde las reglas aún se escriben, el éxito puede ser tan artificial como la música que lo sustenta.
Con información de: Wired.com