Ha resucitado (cf. Lc 24, 1-12)
Vigilia pascual 2022
Parecía que la esperanza de una vida mejor, que Jesús despertó en muchos, se había estrellado con su muerte en la cruz. El sanedrín seguía imponiéndose. Roma continuaba dominando. Nada había cambiado.
A veces también sentimos que, a pesar de creer en él, nada cambia en nuestra vida. Seguimos con los mismos defectos y caídas. Continúan los problemas y las guerras en casa, en el trabajo y en el mundo. Las enfermedades no terminan. Y la gente sigue sufriendo y muriendo.
Pero a pesar de todo, en el amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y algunas mujeres caminaban juntas hacia el sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Mantuvieron la unidad en el amor, dispuestas a encontrar y escuchar para distinguir la realidad.
Si como ellas, a pesar de todas las dificultades, sabemos caminar juntos como familia, como Iglesia y como sociedad, también escucharemos a los mensajeros de Dios, que de muchas maneras nos repiten la gran noticia: “ha resucitado”.
¡Eso lo cambia todo! Nos hace ver la realidad y el recorrido completo, que no termina con la muerte, sino que culmina en la vida por siempre feliz con Dios. Con su resurrección, Jesús no ha cambiado solo algunas cosas pasajeras, sino que lo ha transformado todo, haciendo triunfar definitivamente el amor, el bien y la vida.
En él, Dios, que nos creó a imagen suya[1], y que a través de Abraham anunció que estaba dispuesto a dar a su Hijo para liberarnos del pecado y de la muerte[2], como liberó a Israel de la esclavitud[3], nos ha hecho resucitar en el bautismo a una vida plena[4]. ¿Porqué? Porque su misericordia es eterna[5].
No nos ofusquemos ante las derrotas pasajeras. “Con mucha frecuencia –reconoce el Papa–, miramos la vida y la realidad sin levantar los ojos del suelo; sólo enfocamos el hoy que pasa, sentimos desilusión… pensando que las cosas no cambiarán nunca” [6]. Miremos el recorrido completo. Descubramos la meta a la que estamos llamados, más allá de las pequeñas metas transitorias de esta vida.
Imitemos a aquellas mujeres que, como explica san Beda, nos enseñan a ir a Jesús[7]. ¡Caminemos juntos hacia él! Encontrémoslo y escuchémoslo en su Palabra, en la Liturgia, en la Eucaristía, en la oración y en las personas. Así distinguiremos la realidad y podremos ser mensajeros de esperanza en casa y en nuestros ambientes, dando testimonio de que solo el amor nos lleva adelante.
[1] Cf. 1ª Lectura: Gn 1,1.26-31.
[2] Cf. 2ª Lectura: Gn 22,1-9.9-13.15-18.
[3] Cf. 3ª Lectura: Ex 14,15-15,1ss.
[4] Cf. Rm 6, 3-11.
[5] Cf. Sal 117.
[6] Homilía en la Vigilia de Pascua, 16 de abril 2022.
[7] Cf. Catena Aurea, 11401.