Los manuales de Protección Civil dictan lo que hay que hacer para librar un desastre natural: abastecerse de comida, comprar medicamentos, reforzar ventanas, cargar celulares, correr a un refugio.
Son reglas básicas de supervivencia que sirven para nada si eres una persona privada de la libertad, es decir, si tu casa para aguantar un huracán categoría 5 es una prisión. Entonces estás por tu cuenta.
Gustavo Adolfo González Buendía, director del penal de Las Cruces en Acapulco, narra a MILENIO cómo fue sobrevivir a un inédito desastre natural desde las condiciones más peligrosas posibles: sin luz, sin vigilancia y sin poder evacuar una prisión donde en años anteriores el caos suele ser la antesala de violentos motines que terminaban en custodios e internos asesinados y donde hoy viven mil 547 personas.
“El martes 24 de octubre yo estaba siguiendo las noticas atento a lo que parecía una simple tormental tropical”, recuerda el director. “Tomé mis precauciones normales para algo que nadie sabía que no iba a ser normal: cargué tanques de gas, ordené poner pilas a los radios de vigilancia, me aseguré de tener la despensa llena. Era la tarde del martes y yo estaba tranquilo”. El peor escenario, al mediodía, era una intensa lluvia.
Sin embargo, el huracán Otis rápidamente cobró una fuerza inusitada. Para las 6 de la tarde, con los últimos rayos de la tarde, en el grupo de whatsapp que tienen los directores de los 15 penales en Guerrero con el secretario de Seguridad Pública estatal se anunció que la tormenta tropical había evolucionado a categoría 4.
Foto: Lenina Ramos Rodriguez
Con información de: Milenio