Todas las estrellas del cosmos, sin importar su tamaño, tienen un final inevitable. Las más masivas colapsan en agujeros negros, mientras que las de tamaño mediano se convierten en enanas blancas o estrellas de neutrones. Sin embargo, incluso estos remanentes estelares no duran para siempre: con el tiempo, se evaporarán lentamente, dejando solo partículas dispersas y radiación en un universo cada vez más frío y en expansión. Este es uno de los escenarios que los científicos plantean sobre el destino último del cosmos.
Aunque la «muerte» del universo parece estar increíblemente lejana, las estimaciones actuales sugieren que las enanas blancas, conocidas por su longevidad, podrían existir durante unos 10^110 años (un número casi inimaginable). En comparación, al Sol le quedan unos 5,000 millones de años antes de convertirse en una gigante roja y, posteriormente, en una enana blanca. Este proceso demuestra que, incluso en escalas de tiempo astronómicas, nada es eterno.
Un estudio reciente de la Universidad Radboud en Países Bajos propone que el fin del universo podría llegar antes de lo esperado. Según sus cálculos, una enana blanca podría evaporarse en «solo» 10^78 años, mientras que agujeros negros y estrellas de neutrones desaparecerían en aproximadamente 10^67 años. Esto significa que la vida de los últimos vestigios cósmicos sería significativamente más corta de lo que se creía, reduciendo su esperanza de vida en varios órdenes de magnitud.
Este fenómeno está relacionado con la radiación de Hawking, teorizada por el físico Stephen Hawking en 1975. Él demostró que los agujeros negros no son completamente negros, sino que emiten energía lentamente, perdiendo masa hasta evaporarse por completo. Ahora, los científicos exploran si otros objetos celestes, como estrellas de neutrones y enanas blancas, podrían sufrir un proceso similar, incluso sin tener un horizonte de sucesos.
Aunque la evaporación cuántica es una posibilidad, no es el único destino para estos remanentes estelares. Otras teorías sugieren que las enanas blancas, al enfriarse durante eones, podrían solidificarse en oscuras esferas de carbono y oxígeno, conocidas como enanas negras. Sin embargo, el universo aún es demasiado joven para que estos objetos existan. Por ahora, seguimos observando un cosmos lleno de actividad, muy lejos de su eventual y silencioso final.
Con información de: Wired.com