Connect with us

Entrevistas

Fui el primer Charolastra del cine mexicano, Héctor Bonilla

Published

on

Con una de las trayectorias más completas del ambiente artístico desarrollada tanto en cine, teatro y televisión; lo mismo como actor, productor y director, Héctor Bonilla tuvo en la década del setenta la posibilidad de afianzarse en cada uno de estos rubros, caracterizándose por formar parte de proyectos que dieron de qué hablar en su momento, debido a sus propuestas.

Esta década es un lapso en el que hice mucho cine. Tuve desde mis limitaciones, hasta el privilegio de que me maquillara Ana María Guerrero, la maquillista de María Félix”, dijo en su momento el primer actor, fallecido este 25 de noviembre.

A ciencia cierta desconozco qué es lo que haya marcado a esta etapa dentro del cine. Pero sí puedo decir que estaba cayéndose a pedazos por este choque de dos aguas; entre la decadencia de las ‘ficheras’ por un lado, y Luis Echeverría tratando de hacer cine de autor con cineastas que estaban buscando una forma de expresión. Todo era una enorme confusión.

Sin embargo, me cabe la enorme satisfacción de haber estado en la primera película independiente que se filmó en el país: ‘El cambio’ (México, 1971), de Alfredo Joskowicz”.

Tomando en cuenta su estatus como cinta independiente, ¿A qué retos se enfrentaron para llevar a cabo su filmación?

A los de cualquier obra independiente en cualquier ámbito. La hicimos con un staff de dos personas. A veces Ofelia Medina sostenía el espejo, a veces yo.

Los protagonistas éramos Sergio Jiménez, Sofía Joskowicz (hermana de Alfredo), Ofelia Medina, Héctor Andremar y yo, entre otros.

La realización de cine independiente pudo haber sido algo muy importante. Pero lo que pasó fue que los cineastas querían involucrarse en un sistema muy hermético. Lo de Paul Leduc fue muy siniestro. Hacer su ópera prima ‘Reed, México insurgente’ (México, 1973), fue un impacto enorme; y para colmo se volvió un fracaso porque, a eso que ya estaba filmado, le sumaron gastos inútiles que le generaron una deuda enorme. Además, fue una película que no gustó.

Hubo el intento de hacer un cine novedoso. De pronto convocaron a Alfredo Gurrola, a Juan Guerrero; gente que trataba de hacer un cine diferente. Estuvo también Juan Ibáñez, que venía del éxito teatral e hizo ‘Divinas palabras’ (México, 1978), una película muy fallida”.

Héctor Bonilla recordó que en ese entonces rodó una cinta que no prometía ni prometió nada al cine de esa década. Sin embargo, 32 años más adelante su argumento fue retomado, convirtiéndose en el éxito fílmico de 2002.

Hice una película que se llama ‘Narda o el verano’ (México, 1970; Juan Guerrero), basada en un cuento de Salvador Elizondo, que es idéntica a ‘Y tu mamá también’ (México, 2001; Alfonso Cuarón). Es el mismo argumento, nada más que el éxito monumental que tuvo la de Cuarón fue gracias a que se hizo con una mirada más abierta.

Nosotros la hicimos con la gazmoñería de la época encima. Pero es la misma historia: dos amigos que no se atreven a reconocer una relación homosexual y la consuman a través de una mujer. Es exactamente lo mismo. La dirigió Juan Guerrero, fotografiaba Gabriel Figueroa y éramos Enrique Álvarez FélixAmadee Chabot y yo.

Se hizo en 1968 y me salvó la vida, pues el 2 de octubre, en lugar de estar en Tlatelolco, me encontraba en Acapulco filmándola. Se estrenó en 1970”.

NO HE TENIDO SUERTE EN EL CINE

A la par de su paso como actor en la gran pantalla, Bonilla incursionó además como guionista, haciendo equipo nuevamente con Alfredo Joskowicz para crear Meridiano 100 (México, 1976), proyecto que, recordó, resultó fallido por muchas circunstancias.

Junto con Alfredo Joskowicz quería buscar el camino de la independencia fílmica. Entonces empezamos a planear una segunda película. Escribimos el guion, pero tuvimos un distanciamiento porque tocamos un tema muy delicado. Era una película que sostenía que la guerrilla foquista, (una teoría revolucionaria inspirada por el Che Guevarano funcionaba, y tratábamos de dejar en claro que la que funcionaba era la de Vietnam.

La película era sobre un grupo de guerrilleros que se meten a la sierra en la desorientación total, en el aislamiento y que acaban matándolos a todos. Pero Alfredo, que es un intelectual, votaba mucho por trabajar de forma directa con el cuento francés que derivó la película, y yo insistía en que fuera más político. Vale más ser obvio que confuso con un tema tan delicado.

Esto dio como resultado que fuera una película fallida. Quedó perdida”.

En esa década también se da el encuentro con uno de los directores más polémicos y exitosos del cine mexicano: Jaime Humberto Hermosillo, con quien realiza tres títulos de gran impacto. Matinée (México, 1977), El cumpleaños del perro (México, 1975) y María de mi corazón (México, 1979).

Humberto es un hombre muy talentoso. ‘El cumpleaños del perro’ es una película que apuntaba el destino de Jaime Humberto, que era el hacer un cine muy homosexual. Sin embargo, para mí esta cinta se quedó en el tintero. Es una incipiente película homosexual, porque no es claro su mensaje.

Ocurrió lo mismo con ‘Matinée’, un poco ambigua; no se nota que los personajes de Manuel Ojeda y el mío éramos pareja, como que medio se sugieren cosas.

No obstante, ‘María de mi corazón’ es una película redonda. Se dice que es un guion de Gabriel García Márquez, pero no es cierto, sino de Jaime Humberto con colaboración de María Rojo y mía. La idea sí es de Gabriel. Es una de las cintas más afortunadas que me ha tocado hacer. Yo no he tenido suerte en el cine, y considero que es de lo mejor que me tocó hacer”.

Previo a su trabajo fílmico en el setenta, figura Pax (México, 1968; Wolf Rilla), con Ofelia Media.

Fíjate que la película no se estrenó, a pesar de haber sido la más cara de la historia del cine mexicano, hasta entonces. La produjo la Presidencia de la República, pero la prohibió.

Resulta que. debido a la realización de los Juegos Olímpicos de 1968, Gustavo Díaz Ordaz trataba de demostrar con una película que México era un país de paz, y encarga un guion sobre un libro escrito por Santiago Genovés, dando como resulta-do un guion surrealista.

Como en todo lo que se vuelve oficial, hay billete y había mucha exageración en la filmación. Por ejemplo, había una escena donde se veía San Juan de Letrán, (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas), plagado de gente. Había telefotos hasta la madre.

Cuando se preguntaron quién iba a dirigir, alguien de la burocracia mencionó a Wolf Rilla, un director alemán que había hecho una película de éxito llamada ‘El pueblo de los malditos’ (Reino Unido, 1960), y lo contratan.

Al tipo le traían agua desde Inglaterra, porque no podía beber agua de aquí, y tampoco se sentaba con nosotros. Incluso, este señor pidió que una pobre mujer embarazada de verdad diera a luz para poder filmar el nacimiento del niño. Ahí tienes a todos los del staff viendo el alumbramiento. Lo único que le faltó era pedir una segunda toma y que a la señora le sambutieran de nuevo al niño.

El fotógrafo era Gabriel Figueroa, quien trataba de convencer a este señor, quien era inamovible y me imagino que también bien pagado, pero nada dio resultado. Este tipo filmó cerca de cuatro horas de película y eran imposibles de editar. Y para hacer este proceso había algunas tomas que se tuvieron que volver a filmar.

Yo la vi hace muchos años, pero como cortometraje, y aun así era larga y reiterativa. Rilla tuvo varios foros de los Estudios Churubusco a su disposición. En uno construyeron cohetes lunares de tamaño natural y también alquilaron a unos gordos y los raparon, como si fueran Buda; también llamaron como a 100 niños para que gatearan para una toma sin chiste.

Hubo una escena que se hizo en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde incluso se usaron tanques del ejército mucho antes de que ocurriera lo del 2 de octubre”.

Hablando del 2 de octubre de 1968, ¿Cómo afectó el movimiento a la industria cinematográficaComo joven en esa época, ¿Qué es lo que quería que el cine reflejara?

Evidentemente todo lo que ha sido mi carrera. Yo no seré como Lucy Gallardo que un día me dijo: ‘Mira querido, quien no es comunista a los 18 años es un pendejo, y quien es comunista a los 40 es un pendejo’. Yo nunca lo fui. Creo en la justa distribución de la riqueza, en la justicia social, probablemente llegar a un socialismo elaborado. Básicamente soy un liberal en un país partido en liberales y conservadores desde la Colonia, pero pienso exactamente igual que cuando tenía 18 años, y tan es así que en 1990 filmé el movimiento del 68.

Esta película de ‘El cambio’, de Alfredo Joskowicz, es ambiciosa en ese sentido. Evidentemente yo no creo que ni todo el cine y ni todo el teatro deba ser panfletario, pero sí es indispensable que exista el cine y el teatro político”.

¿Cuál fue la opinión que tuvo ante la llegada de Margarita López Portillo a RTC?

Fue un patético accidente de la vanidad in-censurable de José López Portillo y de nepotismo puro al meter a su parentela donde podía.

Hay una anécdota sobre la primera vez que Margarita llegó a su oficina en RTC: cuando vio todos los monitores donde se checaban los programas, pidió quitarlos porque ella no veía televisión. No sabía que servían para que cumpliera con sus funciones”.

¿Qué tanto ha influido la década del setenta en su trabajo como actor y creativo?

Insisto que en el cine no he tenido suerte. Pero puedo decir sin miramientos que lo mejor de todas las películas en las que participé eran los guiones.

No he tenido suerte. La gente que tiene paciencia para el cine se espera, pero yo tengo agendados mis años, mantengo a mucha gente. Si me dicen que diciembre, enero y febrero van a filmar conmigo, los aparto. Pero el cine mexicano siempre se retrasa y no tres meses, sino años; y cuando me llaman de nuevo ya no puedo porque estoy haciendo otras cosas. En muchas películas me ha pasado.

Aparte yo no pertenezco a ningún grupo. Me da mucho gusto que amigos como Damián Alcázar tengan una proyección internacional de ese tamaño; parece que a Damián se le van abrir puertas muy importantes. Hay gente que como actores y cineastas le han ido muy bien, pero yo nunca he podido desarrollar una carrera cinematográfica. Incluso como director tengo muchas ganas de hacer cosas”.

¿Pero lo que ha hecho en el cine ha sido satisfactorio para usted?

Definitivamente no. No he tenido la opción en el cine de hacer algo que me sienta orgulloso. Pienso que ‘María de mi corazón’ es mi película más lograda, pero no tengo una que me sorprenda.

Tengo una que es fundamental para mí, pero que va mucho más allá de mi trabajo: ‘Rojo amanecer’ (México, 1990; Jorge Fons), porque yo la inventé. Es decir, el guion que escribió Javier Robles no se podía filmar por muchas cuestiones en esos tiempos, y yo fui el único pinche loco que se metió en esa aventura. Pero esas son cosas extras de trabajo”.

La entrevista aquí reproducida fue realizada el 20 de mayo de 2008. Forma parte de la segunda edición del libro Cine mexicano del 70: La década prodigiosa (SamSara Editores; México;2019), de Fabián de la Cruz Polanco.

FotografíaFilmoteca de la UNAM y Esaú Ponce.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Educación

Germán Bricio: el mexicano que se prepara para tocar el espacio y convertir un sueño en legado

Published

on

By

El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay entrevistas que terminan cuando se apaga el micrófono y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza. La charla que tuve con Germán Bricio pertenece a la segunda categoría. Y es que hablar con un mexicano que se prepara para viajar al espacio no es precisamente una conversación de todos los días.

Lo primero que pensé cuando tuve a Germán frente al micrófono fue: ¿qué se le pregunta a un hombre que está a punto de cumplir uno de esos sueños que parecían imposibles? Así que fui directo al punto: ¿cómo termina un empresario mexicano preparando las maletas para viajar al espacio?

Germán me respondió con una frase que, desde ese momento, se convirtió en el hilo conductor de nuestra conversación: “Muchas veces no es que dejemos de soñar, dejamos de creer”.

Y ahí entendí que esta historia no comenzaba en una nave espacial, sino muchos años atrás, en la habitación de un niño que tenía pósteres del Apolo 11, de la Luna y de los astronautas. “Yo de niño tenía esta ilusión”, me contó. Soñaba con viajar al espacio, pero con el paso de los años comenzó a pensar que ese sueño no era para él. No era científico, no trabajaba en la NASA y, por lo tanto, parecía imposible.

Germán fue seleccionado por Blue Origin, la compañía aeroespacial fundada por Jeff Bezos, para formar parte de una futura misión suborbital. De concretarse el vuelo, se convertiría en un referente histórico para México como empresario civil que alcanza el espacio sin haber seguido la tradicional formación de un astronauta.

Germán, pero explícame una cosa: ¿qué se siente saber que vas a viajar al espacio?

“Una persona civil común como yo, un empresario que no somos científicos, matemáticos, que no trabajamos en la NASA o somos americanos, podemos soñar y lograr ir al espacio”.

Y creo que ahí está precisamente lo extraordinario de su historia. No se trata solamente de que Germán pueda viajar al espacio; se trata de que representa la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que un sueño era imposible pueda volver a creer en él.

Germán me explicó que serán seis pasajeros en la cabina y que el vuelo será suborbital. La cápsula alcanzará la llamada línea de Kármán, ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de altura, que convencionalmente marca el límite del espacio.

¿Te consideras astronauta?

“No me gusta denominarme astronauta”, me dijo. “Sino viajero espacial”.

Y esa expresión me gustó. Porque quizá Germán entiende que todavía está viviendo el proceso, que está a punto de convertirse en parte de una historia que apenas comienza.

Después vendrán unos minutos de ingravidez, la cápsula iniciará el descenso y finalmente aterrizarán en el desierto de Texas mediante paracaídas.

Yo no pude evitar imaginar la escena y le pregunté:

O sea, ¿vamos a verte flotando en el espacio?

La respuesta fue sí, aunque con una precisión importante: no dará la vuelta a la Tierra. Precisamente por eso se denomina vuelo suborbital. La cápsula sube, atraviesa la línea de Kármán, los pasajeros experimentan unos minutos de microgravedad y posteriormente regresan a nuestro planeta.

Durante la entrevista le pregunté algo que considero fundamental:

¿Dónde está el empresariado mexicano? ¿Por qué no estamos soñando en grande?

Germán fue directo: “Nosotros tenemos que soñar, que soñar en grande, que creérnoslas”.

Y agregó una frase que me pareció particularmente mexicana:

“No soñar en el quinto partido, soñar en que podemos ser los campeones del mundo”.

Ahí entendí que su viaje al espacio también tiene una intención simbólica. Quiere que otros mexicanos comprendan que no hay que conformarse con pensar que ciertas cosas solamente pueden ocurrir en otros países.

“México necesita referentes”, me dijo. “Necesitamos gente a quien seguir, necesitamos líderes en los que podamos replicar cosas buenas para poderlas poner en práctica en nuestra vida, para poder crecer como personas, como mejores seres humanos”.

Cuando le pregunté sobre la preparación, me explicó que deberá mantener una buena condición física y mental, además de recibir capacitación especializada en Texas. El lanzamiento alcanzará aproximadamente 3,700 kilómetros por hora y hasta el asiento de la cápsula será adaptado a sus medidas corporales.

Pero entonces le hice una pregunta mucho más personal:

¿Qué se necesita para cumplir un sueño?

Su respuesta fue sencilla:

“No puedes tener éxito si no hay un sacrificio, si no hay un esfuerzo”.

Y después remató con una frase que bien podría convertirse en una regla de vida:

“A través de esta persistencia, del trabajo constante, del caernos y levantarnos, caernos y levantarnos como podemos lograr nuestros sueños”.

Eso es quizá lo que más me gustó de nuestra conversación. Porque cuando hablamos de viajar al espacio solemos pensar en tecnología, millones de dólares, cohetes y grandes empresas. Pero Germán terminó llevando la conversación a algo mucho más sencillo: trabajo, disciplina y perseverancia.

Hay una experiencia que Germán espera con especial emoción: mirar la Tierra desde el espacio.

Me explicó que cuando uno observa nuestro planeta desde afuera ocurre algo que puede cambiar la perspectiva. Ya no se ven las fronteras. No se ve México, Estados Unidos, Europa o Asia como los conocemos en un mapa. Se ve un solo planeta.

Inevitablemente llegó la pregunta incómoda.

¿Cuánto cuesta viajar al espacio?

Germán sonrió, pero la respuesta no pudo ser revelada. Blue Origin no le permite hacer pública esa información. Lo que sí dejó claro es que se trata de una experiencia costosa y que conseguir un asiento tampoco es sencillo, pues existen personas de distintas partes del mundo esperando una oportunidad.

Aunque inicialmente el vuelo estaba contemplado para 2026, la misión se encuentra temporalmente pausada debido a las prioridades de Blue Origin relacionadas con sus proyectos lunares. Por ello, todavía tendremos que esperar la fecha definitiva del lanzamiento.

Pero mientras ese día llega, Germán ya comenzó otro viaje: el de convencer a otros mexicanos de que también pueden alcanzar sus sueños.

Y al final de nuestra conversación le pregunté:

Germán, ¿qué le dirías a un joven que tiene un sueño, pero piensa que es imposible?

“Así como yo puedo soñar y puedo ir al espacio, ¿cuál es tu sueño que tú puedes lograr y que todos podamos celebrar?”

Me quedo con eso.

Porque quizá no todos vamos a viajar al espacio. Pero todos tenemos un lugar al que queremos llegar.

Y mientras Germán Bricio se prepara para cruzar la línea de Kármán, nosotros podemos comenzar por cruzar nuestras propias líneas de miedo, de conformismo y de incredulidad.

Al final, quizá ésa sea la verdadera enseñanza de esta historia: los sueños no siempre mueren; a veces solamente están esperando que volvamos a creer en ellos.

Y sí, querido lector, aquí entre nos… ¿tú ya volviste a creer en el tuyo?

¡LA AVENTURA K-POP LLEGA A PUEBLA!

Prepárate para vivir un espectáculo lleno de música, baile, energía, luces y tus guerreras favoritas este 13 de septiembre en el Teatro del Complejo Cultural Universitario.

Tengo 10 pases dobles para disfrutar este espectáculo.

¿Quieres ganarte uno?

Lo único que tienes que hacer es compartir esta nota en tus redes sociales la que sea, seguirme en Instagram @RayZubiri y enviarme por MD la captura de que compartiste y listo, te contestaré para confirmar que ganaste tu kit ¡Mucha Suerte!

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con su seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

Continue Reading

Educación

Entrevista con el primer actor Miguel Pizarro.

Published

on

By

El primer actor Miguel Pizarro habla de la época del preciosismo en televisión y su relación con Puebla desde que era niño.

¿Qué es vivir con la fama de un personaje y no poder salir ni a la calle? de esto nos plática el primer actor Miguel Pizarro.

¿Sabías que Miguel Pizarro participo en fotonovelas que es una historia contada con fotos reales en vez de dibujos?

Continue Reading

Educación

Jíkuri: viaje al país de los Tarahumaras

Published

on

By

El Confesionario

Por Ray Zubiri

Hay películas que cuentan una historia, y hay otras que, sin pedir permiso, nos meten en un sueño. Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras, de Federico Cecchetti, pertenece a estas últimas. Es una película que no solamente habla de Antonin Artaud, de los rarámuris o del jícuri; habla del encuentro entre dos mundos, de la búsqueda espiritual y de esos caminos misteriosos que, a veces, terminan por llevarnos hasta nosotros mismos.

Para entender qué había detrás de esta propuesta cinematográfica, platiqué con su director, Federico Cecchetti, y debo decir que nuestra conversación fue también un viaje: primero hasta la Francia de Artaud, después hasta la Sierra Tarahumara y, finalmente, hasta esa frontera donde los sueños, el ritual, la poesía y el cine parecen convertirse en una sola cosa.

Federico me confesó que la historia de Artaud llevaba mucho tiempo rondándole la cabeza. “Era una historia que ya tenía mucho tiempo esperando para pasar al cine”, me dijo. Y no es para menos. El viaje que Antonin Artaud realizó a la Sierra Tarahumara en 1936 es casi una leyenda. El poeta, dramaturgo y teórico del teatro francés llegó fascinado por los rituales rarámuris y por el jícuri, como se conoce al peyote dentro de esta cosmovisión.

Pero Federico encontró en aquella historia mucho más que un episodio biográfico. “Cuando me enteré de esta historia pensé que era una película con muchos ingredientes: chamanismo, las culturas de México, el arte, el surrealismo, los sueños, la poesía… se involucra todo lo que a mí me interesa”. Y ahí entendí que Jíkuri no pretende ser una biografía convencional de Artaud. Es, más bien, un viaje interior.

La película está construida en dos tiempos: la Sierra Tarahumara y Francia, donde Artaud termina internado en un hospital psiquiátrico. Federico encontró esa estructura en el propio libro De un viaje al país de los tarahumaras. “Son dos personas diferentes, entonces me pareció importante seguir la estructura del libro”, me explicó.

La primera parte fue filmada en la Sierra Tarahumara, un territorio que en pantalla adquiere una fuerza casi hipnótica. Pero Cecchetti no llegó simplemente como un visitante que pretendía colocar una cámara frente a un paisaje espectacular. Se dedicó a investigar, a convivir y, sobre todo, a escuchar.

Ahí apareció una figura fundamental: don Felipe Fuentes, sipáame de Carichí, quien ayudó al director a acercarse a la cultura rarámuri. “Don Felipe me dio su apoyo y empecé a elaborar el guion”, recordó Federico.

Y entonces ocurrió algo muy interesante: Cecchetti decidió no ilustrar literalmente los textos de Artaud, sino crear una historia propia a partir de sus ideas. “Es una interpretación muy libre del texto de Artaud. A los ensayos les inventé una narrativa y unos personajes que no están en el libro”.

Y quizá ahí está una de las mayores virtudes de la película: no intenta reconstruir el pasado como una fotografía, sino interpretarlo como un sueño.

Pero si hay algo que hace especial a Jíkuri, es el encuentro entre Artaud y Rayénari, un corredor rarámuri interpretado por José Cruz Apachoachi.

Rayénari busca convertirse en el mejor corredor, pero la llegada del poeta francés cambia completamente su destino. Y aquí aparece uno de los elementos que más me llamó la atención: el encuentro entre ambos personajes parece estar escrito por el destino.

De hecho, Federico me contó que conoció a José Cruz de una manera que parece sacada de la propia película. “Lo vi de casualidad por una calle en Guachochi, él me saludó y platicamos, yo le dije: ‘Eres Rayénari’”.

Pasaron dos años antes de que volvieran a encontrarse para el casting. Y José terminó convirtiéndose en el protagonista.

No pude evitar preguntarle a Federico si aquella coincidencia tenía algo que ver con la propia película. Y, de alguna manera, sí. Porque Jíkuri habla precisamente de esos encuentros que parecen imposibles, de los sueños que conectan a las personas y de los caminos que se cruzan cuando uno menos lo espera.

Hay otra pieza fundamental para entender esta película: Antonin Artaud no era solamente un poeta. Fue un revolucionario del teatro.

Federico estudió profundamente sus ideas, particularmente El teatro y su doble, donde Artaud planteaba que el teatro debía recuperar algo de su esencia ritual. “Para Artaud el teatro era un regreso a las fuerzas primitivas, a estos poderes de la naturaleza”.

Y eso se refleja en la pantalla. No estamos ante una puesta en escena tradicional. Jíkuri tiene momentos que parecen más cercanos a una experiencia sensorial que a una narración convencional.

El propio director lo reconoce: “Él abogaba por la expresividad, más que por el realismo”. Y agrega: “Me llevó a crear una película que tiene un toque bastante experimental”.

Quizá por eso hay momentos en los que uno siente que no está viendo la Sierra Tarahumara, sino entrando en ella; como si la cámara dejara de ser una simple herramienta cinematográfica para convertirse en una especie de puerta.

Hay una idea que podría resumir buena parte de esta película: los sueños también pueden ser caminos.

Federico me explicó que los rarámuris tienen una relación particular con el ritual y que su experiencia espiritual no puede reducirse simplemente al consumo del peyote. “La experiencia rarámuri se basa más en el trance por la danza, el canto y la invocación al espíritu del Ciguli, más que por el consumo de la planta”.

Esto resulta fundamental para acercarse a la película con respeto. No se trata de presentar una cultura desde el exotismo, sino de intentar comprender una cosmovisión.

Y aquí aparece nuevamente Artaud: un francés que llegó a México buscando algo que Europa, según él, había perdido.

Quizá eso sea lo que más me interesa de Jíkuri: que mientras Artaud buscaba respuestas en la Tarahumara, la película nos obliga a preguntarnos qué buscamos nosotros cuando nos acercamos a una cultura diferente, a un ritual, a un paisaje desconocido o incluso a nosotros mismos.

Le pregunté a Federico algo que me parecía inevitable: si, en cierta forma, Artaud podía ser también un alter ego suyo.

Después de todo, el director ya había explorado la cultura wixárika en El sueño del Mara’akame. Y ahora regresaba al mundo indígena para encontrarse con los rarámuris.

Su respuesta fue contundente: “Yo me sentí muy identificado con la búsqueda de Artaud”.

Después me dijo algo que, quizá, explica por completo por qué decidió hacer esta película: “Al leerlo pensé que teníamos muchos intereses en común, y que lo que yo había hecho en la sierra huichol, Artaud lo había hecho en la tarahumara”.

Porque detrás de la historia de un poeta francés que llega a la Sierra Tarahumara existe una pregunta mucho más grande: ¿qué estamos buscando cuando viajamos hacia una cultura, hacia un ritual o incluso hacia nosotros mismos?

Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras cuenta la historia de Antonin Artaud y Rayénari, pero también plantea una reflexión sobre la identidad, la espiritualidad, la memoria y el poder de los sueños.

La cinta está protagonizada por François Négret, como Antonin Artaud, y José Cruz Apachoachi, como Rayénari. La película ha recorrido importantes festivales nacionales e internacionales y ha cosechado reconocimientos, entre ellos Mejor Largometraje y Mejor Dirección en Oculto Film Festival, además de premios y selecciones en encuentros como Transmutación Festival de Cine Contemporáneo y Feratum.

Pero quizá el mejor reconocimiento sea otro: que una historia escrita hace casi un siglo por un poeta francés siga provocando preguntas en el México de hoy.

Federico Cecchetti tomó las palabras de Artaud, las llevó a la Sierra Tarahumara y las convirtió en imágenes. Y después de conversar con él, me quedó una sensación difícil de quitarse de encima.

Tal vez Artaud no fue a la Tarahumara solamente para conocer a los rarámuris.

Tal vez fue a buscar aquello que sentía que había perdido.

Y casi cien años después, Federico Cecchetti emprendió un viaje parecido.

Solo que esta vez llevó una cámara.

Porque hay viajes que se hacen con los pies… y otros que se hacen con el alma.

Estrena el 17 de septiembre en cines.

¿YA ESCUCHARON A MISCELANEA EL TRIUNFO?

Miscelánea el Triunfo es un proyecto musical de LoFi/Dark Fantasy hecho por Gonzalo Díaz y Esdras Garcés, dos ex compañeros de prepa. El proyecto nace en marzo de 2026, después de un encuentro casual en el OXXO, donde intercambian números. Meses después se reúnen para echar el palomazo y ver qué sale.

La música de Miscelánea busca explorar elementos cotidianos de la vida en México: una tienda de la esquina, una bolsa para hacer el mandado, los productos que consumimos a diario y las expresiones que usamos de manera natural para interactuar y comunicarnos, combinados con sonidos suaves de guitarra, grooves rítmicos y pegajosos de bajo, una batería de Hip-Hop y juguetes e instrumentos diversos, como muñecos que hablan y sintetizadores viejos.

La estética del proyecto se explica de manera divertida en la portada de su primer álbum, titulado: Sucursal #1, donde se usa esa bolsa que nos ha servido a todos para comprar desde las tortillas hasta una caguama bien helodia.

Al momento, Miscelánea el Triunfo se encuentra trabajando en su segundo material, el cual saldrá el 11 de septiembre de este 2026

El proyecto se compone de elementos sencillos que se encuentran en cualquier canción de LoFi: guitarras, un bajo, batería, sintetizadores viejos, algunos juguetes musicales y samples de estos mismos juguetes.

Basada en progresiones de acordes de guitarra procesada con pedales que la hacen sonar lejana y tranquila, como en un sueño, con la intención de generar emociones como nostalgia, felicidad y calma, acompañado de un groove rítmico y pegajoso de bajo.

Además, en algún momento se comparten algunos pensamientos utilizando recursos de spoken word.

¡Tienen que escucharlos!

Busquen su música no se arrepentirán Link de la música en plataformas:

https://miscelaneaeltriunfo.carrd.co

GANA UN KIT DE OBSEQUIOS DE MISCELANEA EL TRIUNFO

Tengo 19 KITS que incluye un Disco NFC para que escuches su música, un botón oficial y un sticker.

¿Quieres ganarte uno?

Lo único que tienes que hacer es compartir esta nota en tus redes sociales la que sea, seguirme en Instagram @RayZubiri y enviarme por MD la captura de que compartiste y listo, te contestaré para confirmar que ganaste tu kit ¡Mucha Suerte!

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

Contacto: rayzubiri@yahoo.com.mx  Redes Sociales: @RayZubiri

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement

Trending

Revista Puebla Derechos Reservados © 2023