La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró este domingo que en México no existe una prohibición oficial contra los narcocorridos, pese a los recientes incidentes en el Palenque de Texcoco, donde el cantante Luis R. Conriquez fue agredido por negarse a interpretar este género durante su concierto. «No los prohibimos, pero promovemos que la música tenga otros contenidos», declaró la mandataria en Aguascalientes, donde destacó iniciativas como México Canta, un concurso para fomentar letras libres de violencia.
El conflicto estalló durante la Feria de Texcoco 2025, cuando el público, frustrado por la negativa de Conriquez a cantar corridos tradicionales, lanzó botellas y objetos al escenario, obligando al artista y su equipo a refugiarse. Videos del altercado circularon ampliamente en redes sociales, reavivando el debate sobre la influencia de estas canciones, que a menudo retratan el narcotráfico y la vida criminal.
En un comunicado, Conriquez expresó su compleja posición: mientras acató las directrices gubernamentales para evitar glorificar la violencia, reconoció que los corridos son parte esencial de su identidad artística. «Haré cambios significativos en mis letras», anunció, aunque pidió comprensión hacia un género que, dijo, le ha ganado el cariño del público.
El incidente ocurre en un contexto de creciente tensión internacional por el tema. A inicios de junio, EE.UU. canceló las visas del grupo Los Alegres del Barranco tras proyectar imágenes de «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, en sus conciertos. Este cártel, junto al de Sinaloa y la MS-13, fue declarado organización terrorista por Washington en febrero, lo que ha intensificado el escrutinio hacia la música que los idealiza.
Sheinbaum insistió en que su gobierno evitará la censura, pero redoblará esfuerzos para incentivar contenidos alternativos. «Todos debemos promover mensajes positivos», subrayó, aunque evitó criticar directamente a los asistentes que agredieron a Conriquez. Analistas señalan que el desafío es equilibrar la libertad artística con el combate a la apología del crimen en un país donde el narcotráfico sigue marcando la vida cotidiana.
Mientras, el género no desaparecerá de inmediato: sigue siendo lucrativo y popular, especialmente entre jóvenes. Pero el mensaje oficial y casos como el de Conriquez sugieren una lenta transformación en la industria musical, donde artistas y autoridades navegan entre tradición, presión social y seguridad nacional. El debate, lejos de cerrarse, acaba de recibir un nuevo capítulo.
Con información de: Aristegui Noticias.com