Un equipo multidisciplinario de investigadores ha revelado secretos ocultos durante siglos en los famosos frescos de la Capilla Brancacci, ubicada en la iglesia florentina de Santa María del Carmine. Mediante avanzadas técnicas de análisis, se identificaron elementos invisibles al ojo humano, como rayos dorados emergiendo del Edén, extensiones de hierba bajo los pies de Adán y Eva, y hojas de higuera y manzano que originalmente cubrían su desnudez. Estas pinturas, creadas entre 1423 y 1483 por Masolino da Panicale, Masaccio y Filippino Lippi, muestran escenas del Génesis y la vida de San Pedro, consolidándose como una obra maestra del Renacimiento temprano.
El hallazgo fue posible gracias a una innovadora tecnología llamada macrofluorescencia de rayos X de barrido (macro-XRF), desarrollada por instituciones como el CNR italiano y la Universidad Northwestern. Este método no invasivo permite escanear capas profundas de pigmento sin dañar las obras, revelando trazos y colores perdidos por el tiempo o restauraciones anteriores. El estudio, respaldado por organizaciones como Friends of Florence y la Fundación Jay Pritzker, confirmó que algunos de estos detalles no corresponden a retoques posteriores, como los realizados en el siglo XVII, sino que formaban parte de la composición original.
Entre los descubrimientos más llamativos destacan los rayos luminosos en La expulsión del Edén de Masaccio, que originalmente brillaban en dorado pero ahora aparecen oscurecidos, posiblemente por alteraciones químicas o limpiezas agresivas. En La tentación de Adán y Eva, de Masolino, se detectó una vegetación oculta y hojas que modulaban la desnudez de las figuras, un recurso que los artistas usaron antes de que la censura barroca impusiera modificaciones más evidentes. Estos hallazgos replantean la interpretación iconográfica de las escenas, mostrando una intención artística más matizada de lo que se creía.
Los investigadores, en colaboración con la Universidad Suiza de Ciencias Aplicadas (SUPSI), buscan ahora determinar las causas exactas de la desaparición de estos elementos. Las hipótesis incluyen la degradación natural de pigmentos sensibles —como los dorados a base de oro— o intervenciones históricas mal documentadas. El caso abre un debate sobre cómo el paso del tiempo y las restauraciones han alterado la percepción de obras fundamentales del arte occidental, muchas veces alejadas de su aspecto original.
Este proyecto no solo enriquece el entendimiento de la Capilla Brancacci, sino que también sienta un precedente para el estudio de otras obras antiguas. La tecnología macro-XRF podría aplicarse a más frescos y pinturas, revelando capas ocultas de significado en el patrimonio artístico mundial. Mientras los expertos profundizan en sus análisis, el público puede ahora admirar estos frescos con nuevos ojos, reconociendo en ellos detalles que sus creadores plasmaron hace casi seis siglos y que, hasta hoy, habían permanecido en la sombra.
Con información de: Wired.com